El asesinato de dos ancianas conmueve la zona del Prado

Aparecieron estranguladas hermanas que vivían solas

En los últimos días se han producido numerosos homicidios, varios de ellos misteriosos, que han provocado en nuestro país una sensación de terror por la ola de violencia, antes sólo conocida en otras latitudes.

Ayer de tarde, esa sensación de horror se instaló en las fincas lindantes a la que se encuentra ubicada en Luis Alberto de Herrera 4664, frente al jardín botánico y a pocas cuadras de la base de Radio Patrulla.

Allí, en una residencia de dos plantas, rodeada de un jardín impenetrable y protegida por una reja y un portón, vivían dos hermanas de origen lituano. Se trata de Valentina Maslenikov Prokofieva, médica neuróloga jubilada, de 77 años y Olga Maslenikov Prokofieva, de 72 años. Ellas se sentían protegidas en su «bunker» dotado de todas las comodidades, con la compañía de cinco perros.

Pero no estaban aseguradas ni por las rejas, ni por los perros. Ayer aparecieron muertas. La menor, Olga, que era la más enferma, se encontraba jubilada tras desempeñarse durante años como química farmacéutica. No tenían hijos y sus sobrinos se encuentran en Australia.

Policías de la Seccional 7ª que concurrieron ante el llamado preocupado de la empleada doméstica porque no le atendían al tocar el timbre, encontraron a Olga en una habitación de la planta baja. Estaba maniatada y tenía una bolsa en la cabeza. La habían estrangulado con un cable. El cadáver de su hermana fue encontrado más tarde, dentro de un armario en un dormitorio de la planta alta.

De acuerdo a los primeros informes obtenidos por el comisario Tabaré Echeverría, al frente de la Seccional 7ª, la última vez que los vecinos vieron a las dos hermanas fue el domingo pasado. Al atardecer veían el humo salir por lo alto de la enorme chimenea, lo que indicaba que las hermanas estaban refugiadas en su residencia.

El lunes ya no las vieron, pero ayer la situación comenzó a preocupar a los vecinos linderos, quienes fueron alertados por la limpiadora de que las hermanas no respondían a su llamado.

Eran las 14 horas cuando la mujer comenzó a tocar el timbre en forma insistente. Los perros ladraban en el fondo, pero nadie acudía al portón de hierro. La limpiadora asiste asiduamente los martes y viernes, mientras que el jardinero lo hace los sábados y domingos para limpiar los terrenos del tupido jardín y el fondo arbolado, y se retira luego de acomodar la leña que necesitan para la estufa.

En la cochera estaba el auto estacionado que solamente utiliza la mayor de las hermanas, puesto que la menor padece de una enfermedad que no le permite conducir.

Ante el alerta de la limpiadora, el vecino lindero la hizo pasar para que llamara por teléfono a las hermanas. Así se hizo y nadie respondió. Fue entonces que resolvieron llamar a la Policía. Acudieron efectivos de la Seccional 7ª, a los que informó de la situación.

Macabro

Los agentes pudieron entrar saltando un muro de una casa lindera. Tras acariciar a los perros, que no demostraron agresividad, notaron que la puerta que da al fondo de la propiedad estaba abierta. Al penetrar al edificio encontraron a una de las dueñas de casa maniatada y con una bolsa en la cabeza. Después se sabría que se trataba de Olga, la menor de las hermanas.

Tras abrir la puerta del frente y el portón ingresaron los otros policías, quienes inspeccionaron toda la vivienda, que presentaba su mobiliario interior todo revuelto y desordenado. Más tarde, al revisar uno de los dormitorios de la planta alta, abrieron un armario y encontraron el cuerpo de la hermana mayor, Valentina. Había sido estrangulada con un cable telefónico y tenía una bolsa en la cabeza, al igual que Olga.

Todo estaba revuelto, por lo que se estima que el móvil del doble crimen es el hurto. Ambas poseían una buena jubilación y otros valores, así como depósitos que les permitían vivir cómodamente. Pero como buenas lituanas, nunca dieron muestras de derrochar el capital. Más bien, lo cuidaban. La mayor era quien se encargaba de la casa y retiraba el dinero de un cajero automático, efectuando compras de alimentos en forma semanal.

La Policía se enfrenta por ahora a un misterio impenetrable, ya que si bien se supone que el hurto fue el móvil del doble crimen, nadie sabe cómo ingresaron los asesinos y por qué los perros no los atacaron al ver la violencia contra las dueñas de casa. Estas especulaciones estarían indicando que quien ingresó primero por los fondos es una persona que ya estuvo antes en la casa y conocía a los perros y todas las dependencias.

No obstante, se supone que no ha sido tarea de uno solo y en ese sentido se siguen las investigaciones. Por el momento, se aguarda el informe de los peritos de la Policía Técnica y una consulta ordenada por el juez actuante al banco para saber si el lunes existió un retiro importante de la cuenta de las hermanas asesinadas. *

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