John Gotti desapareció a los 61 años afectado de un cáncer

Murió el último padrino

La desaparición de Gotti, a los 61 años, el último gran «padrino» de Nueva York, cierra una página importante en la historia de Cosa Nostra. «Teflon o Dapper Don» (el padrino de teflón, o atildado), como lo habían bautizado los diarios por su capacidad de parecer intocable, y por su elegancia, murió como consecuencia de un cáncer tras haber sido sepultado en la cárcel por la justicia desde 1992.

El fin de Gotti fue el resultado de la ofensiva judicial que el juez Giovanni Falcone en Italia, y el alcalde neoyorquino Rudolph Giuliani en Estados Unidos, junto a otros protagonistas de la lucha contra la mafia a ambos lados del Atlántico, con ayuda de notables «arrepentidos».

Pero hasta el momento de la sentencia, pronunciada en el tribunal de Brooklyn al término de un juicio-show que duró meses (en el recinto estuvieron incluso estrellas de Hollywood como Mickey Rourke y Anthony Quinn), Gotti parecía invencible. Otras veces había entrado a Tribunales con acusaciones muy graves, y siempre había salido absuelto, en parte también gracias a sus desprejuiciados abogados.

Carrera criminal

El «padrino» había nacido en 1940 en South Bronx, en el seno de una pobre familia italiana con 11 hijos. A los 16 años dejó la escuela para unirse a una banda de Nueva York y en poco tiempo se destacó del grupo de muchachos para convertirse en uno de los asesinos preferidos por «Charlie Wagons» Fatico, un jefe del clan Gambino, una de las cinco grandes familias de Cosa Nostra en Nueva York.

En los años 50, Gotti conoció la cárcel. Una vez salido de la celda, cometió el primero de dos homicidios que le allanaron el camino hacia el poder: vestido de policía, mató en un local público a James McBratney, que había tenido la idea de secuestrar y matar al hijo de Carlo Gambino, el jefe de la familia.

Gotti emergió pronto como brazo derecho de Aniello «Neil» Dellacroce, uno de los jefes más cercanos a Gambino. El «Ravenite Social Club», el refugio de Dellacroce en Little Italy, se convirtió en su segunda casa. Gotti comenzó a dedicarse al tráfico de drogas, violando las órdenes del viejo Gambino, que –como Don Vito Corleone del filme «El Padrino»– no quería que sus hombres se ensuciaran con «ese asunto».

Dentro de la familia creció, a fines de los años 70, el quiebre entre la facción encabezada por Dellacroce y la de Paul Castellano, Cuando Dellacroce murió por un tumor, Gotti se encontró a la cabeza de una de las dos bandas. Seguro de tener a la cúpula de la familia de su parte, decidió ordenar el segundo de los delitos decisivos de su carrera.

La noche del 16 de diciembre de 1985, en el corazón de una Manhattan repleta de gente que hacía compras de Navidad, los hombres de Gotti ametrallaron a Paul Castellano y su chofer, frente a la «Sparks Steak House», en el que se recuerda como uno de los crímenes más célebres de la mafia en Nueva York. Gotti se convirtió en el «padrino» sin rival de los Gambino y de la ciudad, protagonista de las crónicas neoyorquinas durante años.

La revista Time incluso le dedicó un retrato en tapa, diseñado por Andy Warhol. Sería el número uno hasta 1992, cuando salió derrotado del juicio de Brooklyn en parte también gracias al devastador testimonio de uno de sus hombres, Sammy «Bull» Gravano, convertido en colaborador de la justicia. La salida de escena de Gotti, hace diez años, coincidió con el comienzo de la declinación de las familias históricas de Nueva York. Hace pocos días, el FBI infligió otro golpe a los Gambino, al enviar a la cárcel –entre otros– al hermano de Gotti, convertido en nuevo jefe sin tener ni el carisma ni el ejército de soldados de su célebre predecesor. (ANSA) *

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