Un país que se desarrolló sin pensar en tener más bomberos
Cuando las ciudades aún crecían en este país, a casi nadie parecía preocuparle aumentar las dotaciones de Bomberos. Curiosamente en un país donde los incendios son harto frecuentes, tanto en invierno como en verano, por distintas causas aunque ambas de nefastas consecuencias, esta dependencia del Ministerio del Interior ha vivido una suerte de Cenicienta constante.
Más allá del reclamo de miles de vecinos, centenares de comercios, decenas de instituciones, los bomberos siguen siendo muchos menos de los necesarios y sus «armas» son las más anticuadas de toda esa secretaría de Estado.
Aun cuando los técnicos de Bomberos presentaron un extenso informe sobre las necesidades urgentes en todo el país, sus palabras parecen haber quedado archivadas en los mismos papeles en que fueron escritas.
El documento «Prioridades de Instalación de Destacamentos», evalúa la realidad nacional en materia de prevención de incendios distinguiendo tres categorías de prioridad, acorde a lo emergente de la situación en cada localidad.
En la categoría A, en razón del «número de población y los riesgos técnico-profesionales que significan la diversidad de industrias y comercios establecidos en la zona», aparecen las peores urgencias.
La ciudad en más grave peligro es Nueva Palmira (Colonia). Tiene 8.500 habitantes, puerto internacional, frigorífico, depósitos de cereales y otros de minerales, silos aéreos y subterráneos, molino, estaciones de servicios y zona franca. No hay bomberos.
Segunda prioridad: Rincón de la Bolsa (San José), 25.000 habitantes en aumento constante. Hay quince supermercados, un depósito de gases licuados, una procesadora de sebo, una fábrica de pinturas, diez granjas hortifrutícolas, cinco aserraderos, un astillero, y una veintena de industrias. El servicio de Bomberos es casi nulo en relación al riesgo.
El barrio montevideano de La Unión es el tercer epicentro de riesgo. Con más de cien industrias, quinientos comercios de gran porte, cincuenta provicentros, diez supermercados, ocho fábricas de alfombras, cincuenta tiendas, treinta mueblerías, dieciséis barracas, dos fábricas de calzado, diecisiete escuelas y liceos públicos, dos universidades, tres hospitales, trece policlínicas y cuatro sanatorios, a nadie escapa lo importante de un cuartelillo. En tanto abarcaría barrios como Hipódromo, Piedras Blancas, Punta de Rieles y Villa Española, 200.000 personas disminuirían sus riesgos.
Bomberos insiste también en la ampliación del centro operativo para Casavalle, buscando más efectividad en Borro, Manga y Las Acacias, donde hay 25.000 viviendas y unos 86.000 habitantes.
Veinte sin bomberos
La prioridad B de Bomberos incluye cinco ciudades: Nueva Helvecia (diez mil habitantes) con curtiembres, fábricas de lácteos y carrocerías, una treintena de industrias y una zona franca.
Tarariras (6.500 habitantes) con un frigorífico, cinco silos, tres aserraderos, cinco fábricas y cinco metalúrgicas. San Ramón (6.838 habitantes) con 200 comercios.
Villa de Cerro, incluyendo Casabó y La Paloma (82.000 habitantes) que es atendida desde Belvedere a 10 minutos de distancia. Castillos (12.000 habitantes), con 300 comercios, cuatro industrias, forestación y cuatro campings.
En prioridad C, Bomberos asume la necesidad de tener cuartelillos en: Guichón, San Gregorio de Polanco, y el eje Colón-Melilla-Lezica. También aunque sin «prioridad específica», los técnicos entienden necesario tener cuartelillos en: Fraile Muerto, Santa Clara de Olimar, Palmitas, Villa del Carmen, Villa Cardal, Casupá, Cerro Colorado, Fray Marcos, Solís de Mataojo, José Batlle y Ordóñez, Nuevo Berlín, Vichadero, Vergara, Villa Rodríguez, Ecilda Paullier, Aiguá.
Tienen cuartelillos o puestos de vigilancia, pero se consideran insuficientes durante el verano: La Barra de Maldonado, Portezuelo y Punta del Este. *
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