Para Chifflet, las cárceles son las universidades del crimen

El diputado socialista Guillermo Chifflet dijo que las cárceles son «verdaderas universidades del crimen», y calificó necesario sacar de la órbita del Ministerio del Interior a los establecimientos. También denunció irregularidades constatadas por él y varios familiares de detenidos.

La charla fue llevada adelante en la sede de la Federación Anarquista del Uruguay, con la participación de familiares de detenidos y de los integrantes de la agrupación.

El diputado antes de hablar de las cárceles situó al país dentro de un contexto de inestabilidad y tristeza. Dijo que hay «una gran sensación de inseguridad», alimentada por los medios de comunicación y aprovechada por algunos políticos para votar penas más largas y más medidas de represión.

Se refirió al caso de los chicos recluidos en Miguelete, que hoy «pueblan el Comcar». Y como contrapartida recordó que los chicos de aquel entonces sentenciados con las penas alternativas no han vuelto a delinquir en un 99.9 por ciento.

Dijo que si se está prestando tanta atención al tema es porque «algo grave está ocurriendo». Dijo que hay 14 muertos desde el motín del Penal de Libertad, «suicidios entre comillas que han mantenido la atención en el tema».

Dentro de los problemas de las cárceles uruguayas situó el ocio como uno de los detonantes para muchos males mayores. También mencionó el hacinamiento, haciendo referencia a la Cárcel de Canelones, que él visitó, también denunció que no hay atención médica suficiente: «Hemos comprobado que hay enfermos de sida sin asistencia», aseguró.

Se mostró sumamente preocupado por la falta en la actualización de los expedientes de los presos, que causa bastante nerviosismo en las filas de reclusos, que en todo el país son más de 5.300. Se estima que para dentro de cinco años sean 7.900.

Dentro de las causas de los delitos ubicó a las principales como las sociales, aquel panorama que dibujaba al comienzo de su discurso, sin duda que influye de mala manera en sectores sociales sin el debido apoyo moral, dijo.

Se mostró a favor de que las cárceles no dependan más del Ministerio del Interior, ya que según opinó no tiene la gente adecuada para trabajar socialmente con los reclusos. Por este motivo los oficiales cometerían muchas veces atropellos contra los presos. Denunció que a un recluso se le había pedido 500 dólares para ser trasladado al Tacoma. Dijo que «el castigo es cosa de todos los días» y que «es frecuente escuchar personas por la noche gritar, gritar de dolor», por los apremios físicos a los que son sometidos. *

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