Denuncian irregularidades en el puesto aduanero de Fray Bentos
Rafael Héctor Bilche Antúnez es uruguayo, pero vive en San Pablo, Brasil, hace ya muchos años. Está casado desde hace poco tiempo con una ciudadana de aquel país y posee el estatus de residente permanente. Tiene hijos en Argentina y al igual que el año pasado decidió viajar junto a su pareja y otros familiares para pasar unos días con ellos: uno vive en la ciudad de Luján y otro en la Capital Federal.
En aquel entonces, explicó a LA REPUBLICA, no tuvo ningún problema con la documentación del vehículo, que incluso todavía no contaba con la tramitación final.
En esta oportunidad tenía todo mucho más claro: el comprobante de residencia, el documento del vehículo, la libreta de conducir y la libreta de propiedad, lo cual no dejaba lugar a dudas sobre la persona que era ni sobre la pertenencia del rodado.
Bilche narró que cuando salieron el 22 de mayo pasaron por el puente internacional de Fray Bentos y los aduaneros que estaban a cargo del puesto recibieron los documentos y no hicieron ningún comentario; salvo el característico «buen viaje». Cruzaron «el charco» por el puente y nunca imaginaron la odisea que les tocaría vivir días después. Según adelantó el damnificado a LA REPUBLICA, hoy intentará una reunión con el director nacional de Aduanas, Víctor Lissidini, para denunciar formalmente el caso.
Horas y pesos extra
Eran las 16.00 del 28 de mayo pasado cuando la familia Bilche llegó nuevamente al puesto aduanero de Fray Bentos. Mostraron la documentación correspondiente y empezaron los problemas. Relató el hombre que al ser su documento de residente un papel, los funcionarios pusieron reparos sobre la legalidad del mismo, lo cual a su vez los llevó a pensar que el vehículo podría ser producto de algún ilícito, aduanero obviamente.
De nada valieron las explicaciones sobre los viajes anteriores, como así tampoco el papel que el 22 de mayo le había extendido el personal que en ese momento se encontraba al frente de la unidad, que dejaba constancia de su paso por allí y por ende la no constatación de irregularidad alguna. «Si otros no procedieron correctamente nosotros no vamos a actuar igual. Usted no puede pasar», recordó una de la frases más repetidas durante las siete horas que estuvo varado en el puesto.
Si bien no podía pasar el auto, él y sus acompañantes sí, por lo cual se dividieron en grupos y realizaron al menos tres viajes en taxi hasta la ciudad de Fray Bentos, donde se entrevistaron, entre otros, con representantes de la Jefatura de Policía de Río Negro. La respuesta que recibieron en todos los casos era que los únicos que tienen jurisdicción sobre el puente (además de Prefectura) «son los de Aduana».
En determinado momento los aduaneros plantearon que la única forma de destrabar la situación, quizá pensando que no lo harían, era recibir una garantía de la Policía de San Pablo, sobre la situación legal de Bilche y del vehículo. Ellos hicieron el contacto, pero se les informó que no había problemas en aportar esos datos, aunque se les aclaró que los mismos tenían que ser pedidos por las autoridades.
Ante esto «los funcionarios nos dijeron que ellos no iban a realizar ninguna llamada». Desesperados y con la noche a cuestas, el grupo pensó que se quedarían allí eternamente, más aún cuando le advertían que si el auto pasaba, suponiéndose que ellos lo habilitaran, el mismo les sería requisado. Al ser consultados sobre qué sensación les quedó de la actitud de los representes de la Aduana, no dudaron en afirmar que estaban «detrás de la cometa». A esta conclusión llegaron porque eran conscientes de que no tenían nada fuera de la ley, porque en otras ocasiones no les habían hecho problemas, como así también por los comentarios que recibieron en sus periplos a Fray Bentos. Pero quizá haya sido la frase de uno de ellos la que les terminó por confirmar el extremo: «No me dejen afuera de esta», dice Bilche que le escuchó decir a uno los encargados del lugar.
Antecedentes
Sobre las 23.00 horas decidieron poner fin a la situación. Llevaban gastados unos 450 pesos en teléfono, otros 480 en taxis y, si bien trasladarse por argentina hasta Colón para después cruzar a Paysandú les insumiría más gasto en nafta (unos 150 kilómetros extra), decidieron asumirlo.
Y fue así que los desconcertados ciudadanos llegaron hasta la citada localidad, se presentaron en el puesto aduanero correspondiente, mostraron la documentación y en pocos minutos habían ingresado a territorio uruguayo.
El entrevistado dijo que sintieron gran impotencia e indignación por la forma en la que fueron tratados y que si bien con menos plata que la que debieron erogar por este inconveniente hubieran pasado por Fray Bentos, en ningún momento cedieron a la «tentación» porque no tenían nada que ocultar.
Bilche reafirmó que además de hacer la denuncia formal su intención es alertar sobre este tipo de cosas, de manera que «la gente esté preparada». Al momento de responder si en algún momento los funcionarios se identificaron, el entrevistado dijo que no, aunque uno de ellos decía ser un «tal Quadrado». Las personas con las que hablaron dijeron que «ese hombre no era Quadrado».
Esta denuncia se suma a otro hecho irregular constatado en el citado punto, con la salvedad de que semanas atrás un funcionario terminó en prisión. Su función fue clave para que contrabandistas argentinos pasaran durante mucho tiempo sin problemas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad