Secuestraron a una pareja de repartidores

Increíble historia de un "ajuste de cuentas" que no se concretó

Según la primera versión, un matrimonio de comerciantes panaderos, con negocio instalado en la zona del Paso Molino, había sido secuestrado a la medianoche del jueves pasado.

Cuando los delincuentes se desplazaban con sus rehenes por la Ruta 1, cerca del estadio «Luis Tróccoli», mantuvieron un tiroteo con la Policía y luego se escaparon a pie refugiándose en el Cerro Norte.

La historia real es otra y comienza cuando la pareja de repartidores llegaba en su camioneta Fiorino a la panadería de la calle Felipe Caballero.

En ese momento, el repartidor y su novia notaron que un hombre estaba golpeando la puerta del negocio, siendo encañonado por otro individuo que obligó al conductor a descender para que golpeara la puerta, ya que a él, que era conocido, le abrirían. La novia quedó en la camioneta encañonada por otro sujeto.

Cuando el dueño de la panadería abrió la puerta, el delincuente armado hizo entrar a todos. En el interior estaba el dueño del negocio, su padre y un empleado.

Fue en ese instante que uno de los desconocidos armados le preguntó al repartidor: «¿Vos sos el que vende drogas?», ante lo cual respondió negativamente. Entonces preguntaron por el hijo del dueño de la panadería, quien no estaba en ese momento en el comercio.

Otro de los delincuentes señaló que sabía que seguramente estaba en un club de la zona del Prado y le ordenó al repartidor, bajo amenaza con su arma, que lo llevara.

Mientras el repartidor iniciaba el viaje con uno de los delincuentes, el otro se quedaba en la panadería vigilando a la novia del joven y a los comerciantes.

Concurrieron hasta el lugar señalado. El repartidor fue obligado a descender e ingresar al club para ir a buscar al hijo de los comerciantes. Previamente le dijo: «Acordate que a tu novia la tenemos nosotros».

El joven ingresó y lo encontró, retornando con el otro muchacho, quien fue obligado por el hombre armado a conducir la Fiorino.

Al regresar a la panadería donde estaban los rehenes hicieron bajar al joven que sacaron del club y con él los delincuentes mantuvieron una fuerte discusión en un lugar alejado.

No obstante se enteraron de que discutían sobre drogas y dinero. Lo cierto es que los delincuentes son amigos de un narcotraficante que está preso hace seis años y el hijo de los comerciantes era acusado por los delincuentes como responsable de que su amigo estuviera preso.

Secuestro y tiroteo

Momentos después, obligaron a todos a ingresar a una cámara donde quedaron encerrados, mientras que al repartidor lo obligaron a que ayude a cargar en su camioneta diversas mercaderías que iban a robar.

El trabajador, bajo amenaza, ayudó a cargar pero les dijo a los delincuentes que se llevaran la camioneta ya que él se quería quedar junto a su novia. No aceptaron y luego de encerrar a los dueños, incluyendo al hijo, obligaron a la pareja de repartidores a subir a la camioneta. El joven iba al volante, su novia al lado y uno de los delincuentes, junto a la ventanilla colocando el arma en el costado de la muchacha.

El restante sujeto se retiró por su cuenta, pero lo recogieron luego en Carlos María Ramírez y Agraciada. En ese lugar hicieron bajar a la pareja de repartidores, pero les dijeron que no se movieran porque quedaba uno vigilando ya que ellos iban a descargar la mercadería y volvían. Además, para intimidarlos, les dijeron que sabían dónde vivía cada uno.

Cuando los dos delincuentes retornaron con la camioneta, ya sin la carga, los hicieron subir y se dirigieron hacia el Cerro, pero al pasar por el puente sobre el Pantanoso se cruzaron con un móvil policial, lo cual los puso nerviosos.

A esas alturas, la Policía había radiado la captura de la camioneta debido a que los rehenes de la panadería se lograron liberar dando aviso a las autoridades, señalando que en el vehículo iban rehenes.

El coche policial, perteneciente a la Brigada de Asaltos, comenzó a seguir la camioneta, pero los delincuentes, al llegar frente al estadio «Luis Tróccoli», los obligaron a parar y se bajaron, abriendo fuego contra los policías para cubrir la fuga. Allí se produjo un tiroteo y según los agentes de la Brigada de Asaltos, uno de los delincuentes habría resultado herido en el enfrentamiento.

El repartidor, al quedar solo con su novia en la camioneta, siguió para alejarse del tiroteo, pero la Policía los confundió con los delincuentes y abrió fuego contra la Fiorino. Ellos se detuvieron y fueron rodeados por la Policía, al tiempo que gritaban desde el interior que eran rehenes, procurando que la Policía no les disparara.

Debido al nerviosismo en que se hallaba la pareja, por la tensa situación vivida, los funcionarios los llevaron al Centro Coordinado del Cerro para procurarles atención, mientras otras unidades policiales iniciaban un operativo en busca de los delincuentes. Posteriormente, al conocer detalles de la terrible historia vivida por los trabajadores, la Policìa acudió a la panadería, procediendo a indagar allí al hijo de los comerciantes quien estaría en conocimiento de quiénes eran los secuestradores. No obstante ello, ha trascendido que este muchacho se negó a aportar datos de los delincuentes por temor a que luego volvieran por la revancha poniendo en riesgo la vida de su familia. Sin embargo, los dos delincuentes que iniciaron todo el periplo delictivo ya están identificados y son buscados por las autoridades policiales, mientras que la pareja continúa en un estado de terror por las consecuencias que les podría deparar la acción de los delincuentes.

Autoridades policiales, por su parte, estiman que todo tuvo su origen en un «ajuste de cuentas» contra el hijo de los comerciantes, a quien estaban buscando, mientras que los repartidores quedaron de rehenes sin tener nada que ver. *

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