A un año de la muerte de "el Lillo"

El crimen no paga

El por entonces jefe de Policía de Colonia (hoy de Treinta y Tres), Alfredo Garagorry, había afirmado meses atrás a LA REPUBLICA que la Policía tenía la certeza de que la muerte se debió «a un ajuste de cuentas» entre gente que estaba en el mismo negocio del narcotráfico y con las que Martínez mantenía diferencias desde hace un tiempo.

Estas discrepancias habrían sellado su suerte.

Varios días antes de consumado el crimen, una granada, que luego se supo había sido robada tiempo atrás de un arsenal militar por una banda cuyo jefe estaba en prisión, pudo haber provocado un desastre al ser arrojada por desconocidos al patio de la casa del «Lillo». Ese fue el «aviso» que unas semanas más tarde culminó con la muerte de Martínez el 9 de abril cuando salía del bar de su amigo «Peluca» en la ciudad de Carmelo.

Sin embargo su companera declaró días atrás al semanario Eco de Carmelo que la investigación para saber quién mato a su esposo no se profundiza ya que la Policía no quiere agarrar a los «grandes» que habrían ordenado su muerte: «Se sabe todo pero no quieren decir. Es clarito, el pueblo sabe», agregó.

En reportaje concedido al medio local, Brenda Munoz sostuvo que la Policía nunca investigó ni siquiera el episodio del atentado con la granada: «Parece que me hubieran tirado una pelota de fútbol porque nadie hizo nada. Atentaron contra mi casa, pero también contra cuatro manzanas», enfatizó.

Para la Policía, Martínez fue durante muchos anos el encargado de la línea San Fernando-Carmelo que pasaba droga desde la vecina orilla con destino a Montevideo, y luego hacia Europa. Era un hombre que ostentaba el dinero que conseguía fácilmente, aunque no tenía trabajo conocido.

«El Lillo» era adorado en sectores populares de Carmelo y por sus amigos del club de sus amores, Wanderers, institución que obtuvo varios logros deportivos gracias «a la mano» de dinero que arrimaba.

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