Cuatro sacerdotes y un feligrés fueron tomados de rehenes en una parroquia

Cuatro sacerdotes y un ciudadano fueron tomados como rehenes por tres delincuentes que estaban armados y cubrían sus rostros con capuchas quienes coparon la parroquia Sagrada Familia de los Padres Jesuitas ubicada en la zona del barrio Brazo Oriental.

Los asaltantes, luego de tener todo bajo control, le sustrajeron todo el dinero a sus víctimas y como si fuera poco obligaron a abrir una caja fuerte de donde se llevaron otra suma important de dinero, correspondiente a donaciones.

En la investigación tendiente a identificar a estos tres asaltantes, que aparentemente contaron con la colaboración de un cuarto hombre que permaneció fuera del establecimiento religioso oficiando de «campana», se plegaron efectivos del Departamento de Hurtos y Rapiñas.

De acuerdo a la información que LA REPUBLICA obtuvo a través de voceros oficiales, el hecho se registró a la hora 22 del viernes pasado, cuando a la citada parroquia, ubicada en la calle Carlos Vaz Ferreira 3711, entre la avenida Luis Alberto de Herrera y Germán Segura, ingresaron tres hombres que cubrían sus rostros para no ser identificados y empuñaban potentes armas de fuego.

Los delincuentes lograron sorprender a los cuatro sacerdotes que estaban en uno de los sectores del inmueble junto a un ciudadano.

Sin pistas

Sin dejar de proferir aterradoras amenazas de muerte, los copadores ordenaron a cada uno de los rehenes que entregara todo el dinero que tuviera.

Una vez de tener el efectivo en su poder, los asaltantes no se conformaron y obligaron a uno de los sacerdotes a que abriera una caja fuerte que estaba en su habitación, de donde hurtaron 6.300 pesos. Munidos del botín, los tres individuos se dieron a la fuga, aparentemente escapando en un coche que los estaba aguardando con un cuarto hombre al volante quien había oficiado de «campana».

Alertada la Policía, varias unidades móviles batieron la zona en procura de los malhechores pero los operativos no arrojaron resultados positivos. Personas de Hurtos y Rapiñas estiman que por el hecho de haberse cubierto los rostros, los tres individuos seguramente habrían estado antes en la parroquia y serían personas conocidas por los sacerdotes. En base a estos elementos es que se iniciaron las pesquisas.

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