Alegaba ser un empresario pero en realidad era un proxeneta
El hombre, en realidad, obligaba a sus empleadas a prostituirse para aumentar las ganancias, pero se quedaba con gran parte del dinero que obtenían las «damas de compañía», incurriendo así en el delito de proxenetismo.
El velo en torno a la explotación comenzó a correrse a comienzos de la semana pasada cuando dos mujeres se presentaron ante el comando del Departamento de Orden Público denunciando el delito de proxenetismo contra unn presunto empresario.
Las denunciantes, entre otros detalles, expresaron que el responsable de una agencia de damas de compañía, que funcionaba en un apartamento de un edificio ubicado en la calle Guaná, se estaba llevando la mayor parte de las ganancias que obtenían sus empleadas.
La grave acusación llevó a que los investigadores no actuaran de inmediato debido a lo delicado del caso y lo difícil que resulta probar este delito. Fue entonces que se dedicaron a vigilar dicho apartamento disfrazado como empresa para reunir elementos de prueba relevantes en el Juzgado.
Fueron instrumentadas discretas vigilancias en el edificio mencionado, realizando seguimientos a distintas personas que ingresaban y salían de la mencionada agencia.
De tal forma, se reunieron valiosos elementos que se sumaron a los testimonios de varias personas que fueron indagadas. Las damas acudían a la cita que les marcaba el dueño de la agencia, quien cobraba el servicio por anticipado. Ellas no veían un solo peso tras cumplir con el «servicio» pedido, pues el importe, según el dueño, lo incorporaba a sus ganancias que abonaba a sus «pupilas» en forma mensual. El caso salió a luz cuando una de las chicas se encontró dos veces con el mismo cliente y ante un reclamo del hombre exigiendo mejor servicio por lo que había pagado, la chica le preguntó cuánto había abonado el cliente. Ella pudo establecer de esa manera que de lo que pagaba cada cliente, solamente un diez por ciento se incorporaba a su sueldo mensual, lo que configuraba lisa y llanamente una explotación sexual.
Con todos esos detalles precisos, la situación fue puesta en conocimiento del juez penal de turno quien extendió la orden de allanamiento.
El resultado del operativo llevó a la captura del responsable de la empresa, identificado como LALD, oriental, divorciado, de 55 años, incautándose documentación de sus actividades.
Ante las evidencias reunidas, el hombre no tuvo otra alternativa que admitir que estaba actuando como proxeneta, pero que él no lo llamaba así, pues entendía que en realidad era un «gestor» de trabajo para las muchachas desocupadas.
El individuo detenido quedó a disposición del juez penal de 9º Turno ante quien ya declararon en calidad de testigos no menos de ocho mujeres que integraban el plantel de su «floreciente» negocio.
En los últimos años, el surgimiento de este tipo de «negocio» que funciona bajo la fachada de «casas de masajes», se ha transformado en un verdadero éxito en la zona céntrica de Montevideo.
Todos los hombres solos que caminan por 18 de Julio reciben, en cada esquina, un papelito que constituye una atractiva invitación para pasar un momento placentero con una hermosa mujer, asegurando que todas ellas son «sofisticadas e inigualables». La invitación incluye la dirección y el teléfono del lupanar disfrazado, pero todos se quedan sin saber si cuentan con permisos habilitantes del Ministerio del Interior, de Salud Pública y de la IMM.
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