El jefe de Policía de Soriano analizó los casos sin resolver en entrevista con LA REPUBLICA

Olivera Montes cree que por el crimen de Yauzá tendría que haber procesados

ALDO ROQUE DIFILIPPO, MERCEDES

 

Llegó a la Jefatura de Policía de Soriano con la pesada carga de tener que lidiar, entre otras cosas, con la necesidad de dar respuesta a dos hechos policiales que conmovieron a la opinión pública. Dos asesinatos que sacudieron a la sociedad y que pese al tiempo transcurrido siguen sin resolución. En un extenso diálogo con LA REPUBLICA, el inspector mayor (r) Eduardo Olivera Montes, jefe de Policía de Soriano, repasó en qué etapa se encuentran esos hechos.

En setiembre de 1997 el cuerpo del pai Daniel Cuestas aparecía en su casa, amordazado, maniatado, y con nueve puñaladas, constituyéndose en el caso más cruel que recuerda la historia policial de Soriano, dadas las condiciones en que fue encontrado el occiso.

El segundo cobró la vida del empresario Gualberto Yauzá. Pese al tiempo transcurrido ninguno de los dos casos ha sido esclarecido por la Justicia, pese a que en la visión de Olivera Montes en el crimen de Yauzá «lo único que falta es la confesión».

–¿Cómo encontró -al llegar a la Jefatura de Policía de Soriano- las causas de los dos homicidios que permanecen sin resolver?

–Algunos dicen que los casos están cerrados, ojalá se hubieran cerrado porque se hubieran esclarecido. La Policía permanentemente tiene que trabajar en todo lo que tiene porque siempre puede surgir una información, a veces donde uno menos espera. Podemos criticar, de repente, la forma en que se hizo el procedimiento, si fue acertado o no, si la aportación de las pruebas a la Justicia estuvo bien o mal. Me guardo el concepto. De repente yo quizá lo hubiera enfocado de una manera y el que estaba acá lo enfocó de otra, no quiere decir que no se trabajó.

–¿En qué etapa está el crimen del pai Daniel Cuestas?

–Este hecho encierra una situación especial, hay un submundo atrás. Es complicado trabajar en un tema de esos. Por lo que yo vi en el expediente y en la carpeta de la Técnica, es complicado sacar una conclusión de lo que ocurrió, cuál fue la causa. Siempre, cuando hay un homicidio, lo primero que se busca es la causa para poder dar con el autor. Entonces, cuando se le corta ese espacio que es muy importante, la investigación se le complica. Había varias suposiciones, pero causas no se encontraron.

Porque la causa puede surgir por el ensañamiento en interrogarlo, o para vengarse de algo, en fin, y ahí tiene todo un abanico de posibilidades. Entonces se le hace un abanico muy grande y los actores posibles son anónimos. La única posibilidad es que se supone que el que entró lo conocía, porque le franqueó la puerta, porque no hay violencia en el ingreso. Pero el abanico se vuelve a expandir en el sentido de cuánta gente conocía a este hombre. Cuando los homicidios no se aclaran en forma rápida es muy difícil lograr esclarecerlos, salvo situaciones especiales. Porque, por lo general, llega un momento en que hay un convencimiento del autor de que lo que hizo está bien, entonces la verdad no surge, salvo cuando hay arrepentimiento, a veces por enfermedades, vejez, cosas por el estilo. Y a veces cometen errores; el ser humano tiene falencias, debilidades, y uno siempre espera ese error, un comentario, una prueba, un elemento que salga a relucir al ambiente público y usted retoma la averiguación y logra la cosa.

–¿Y sobre Yauzá?

–Desde que vine y leí el caso me llamó poderosamente la atención. Incluso lo he bablado con la Justicia a ver qué era lo que se pretendía. Yo entendí de parte de la Justicia que acá lo único que falta es la confesión. Pero la Policía de acá había encontrado el elemento probatorio, y estoy hablando en forma personal, evidentemente que el juez no piensa igual porque si no, lo hubiera procesado. El médico forense le extrajo un proyectil, el cual comparativamente con el arma homicida que se le encuentra a un ciudadano, es de la misma. Incluso lo dice la Técnica de Montevideo, no la de Soriano, con tres pericias diferentes. Además se mandó comparar con otra arma que se le incauta a otro ciudadano, y los dictámenes dicen fehacientemente que es el arma homicida. Acá me pregunto yo también, como ciudadano, ya no como policía, si yo le encuentro el arma homicida, usted me va a tener que rendir cuentas de qué hizo con el arma.

–¿Qué pasó con la persona que tenía el arma homicida.

–Fue detenida, llevada al Juzgado. Ahora, qué le dijo a la Justicia no lo sé.

–¿El la utilizó en el crimen, o simplemente la tenía y se la prestó a alguien?

–Usted tiene en la modalidad del Código Penal un montón de tipificaciones que no lo dejan como autor, sino como cómplice, coautor, encubridor. Si usted tiene el arma homicida, dice que la tiene, después dice que se la prestó a otra persona, pero al principio no dijo eso. Entonces o es encubridor, o coautor, o es cómplice. Lo que yo estudié de policía, para mí es así. Ahora que el autor sea él, eso sí no lo puedo aseverar. Pero es él, el que tiene que rendirle cuentas a la Justicia. Porque hay un muerto de por medio, y se prueba que es el arma homicida. Para mí son hechos contundentes. Ahora entre los dos (individuos) que quedan en el expediente –ya que él después acusó a otra persona– dice que la había prestado (al arma) y que pueda ser el autor, que lo pueda probar o no, ya queda en la órbita judicial. Hay una cantidad de interrogatorios que fueron cambiando los dichos de estos señores, y se hicieron todos en la órbita judicial. En la órbita policial se hizo muy poco, y cuando se pretendió conseguir alguna prueba más, hasta hicieron una denuncia contra el director de Investigaciones porque se sintieron perseguidos. Por el lado policial usted no puede insistir mucho más porque al final si realmente no es el autor, está coartando el derecho de un ciudadano, y me parece bien lo que hizo el hombre si se sintió ofendido, perseguido, o lo que fuera. Yo objetivamente pienso que no, que él tiene responsabilidad penal. Que sea cuarta, media, tres cuarta, total, eso depende de la Justicia.

–Otra de las cosas que usted heredó es la particularidad de que llega a una Jefatura donde la Cárcel está en pleno centro de la ciudad, y hay un antiguo reclamo de su traslado.

–Si me ponen en esa hilera soy el primero en sacar la Cárcel (del centro de la ciudad). Usted sabe que en este momento, económicamente el problema mayor lo tiene Montevideo. Hoy por hoy no se le ve una solución rápida porque económicamente no se puede. Se está haciendo humanamente lo que se puede. Yo prácticamente cerré una comisaría para transformarla en una Cárcel Chacra, para llevarlos a trabajar, desintoxicar ésta y darle un mejor medio de vida.

–¿Qué cantidad de presos tiene la Cárcel Departamental?

–Ciento treinta y algo. No sé a cuánto cerramos hoy.

–¿Estaría colmada la capacidad?

–Largamente. Fíjese que yo relevé con 80 presos y tengo 50 más. Lo que hemos logrado es una reclasificación para lograr llevar hacia las chacras, con un régimen abierto. Que se paguen la comida, porque es un costo elevadísimo que tenemos y a veces los rubros no los modifican en la medida en que aumentan los reclusos, sino que son medio estáticos y, bueno, se optó por producir en las chacras. Creo que bajamos bastante la adrenalina en una persona que está privada de la libertad y le damos un lugar que ediliciamente, en la forma de vivir, la convivencia, esparcimiento, tiene todo a favor para que esa mente no ande volando. Sinceramente nos dan una muy buena mano en los trabajos agrarios, de los cuales comparten ellos directamente, porque los grandes beneficiarios no son sólo ellos, s
ino los que están acá adentro también.

–Se dice a nivel popular que la cárcel no cumple la función de reeducar al individuo. ¿Cuál es la visión que se tiene desde dentro de la Policía?

–Las cárceles no tendrían que estar ni como está la de Libertad, ni ninguna. Soy de los convencidos de que el preso tiene que trabajar, no uno, sino todos y sin importar la causa. Porque entiendo que si usted perdió los derechos porque los trasgredió y la Justicia lo encontró culpable, de alguna forma le tiene que devolver al ciudadano que es el que aporta y el que lo mantiene dentro de la cárcel. Hoy sabemos que es una fortuna lo que se gasta en las cárceles, porque no es sólo en comida, agua, luz, cama, la parte médica, horas hombre de policías que tanto precisamos para la seguridad y están destinados al cuidado de las cárceles.

–¿Cómo se logra eso?

–Es muy fácil: cambie la norma. Si usted no trabaja le agrando la pena. Usted no quiere trabajar, bueno, no sale más si no se quiere recuperar, no quiere volver a ser un ciudadano igual que yo. Primero demuéstreme que se quiere recuperar. Esa es mi opinión de treinta y pico de años como policía. Hay un montón de gente que se recupera, un montón de delitos que se cometen que a veces son accidentales, por precipitación del ser humano, por impericia, por imprudencia, negligencia, incluso le digo más, hasta el homicida se recupera. Hay delitos que chocan a la sociedad pero con encerrarlo no gana nada. Sí señor, tiene que pagar, pero que también se sienta útil a la sociedad, y también que le devuelva algo a la sociedad. Porque la sociedad en su conjunto gasta una fortuna que la podría dedicar a escuelas y a un montón de cosas más. *

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