La víctima era una anciana y el hecho se remonta a noviembre de 2001

Viviendo como marginales, policías aclararon homicidio

El caso sacudió en su momento a la opinión pública y hoy lo vuelve a hacer, tras conocerse la detención del joven de 19 años que ultimó y prendió fuego a una anciana de 84 años, a la que además también violaba. Si bien confesó los hechos, su relato apunta a presentarse como una persona que perdió la razón, y agobiado por la forma de ser de la mujer, le quitó la vida.

Pero los pesquisantes creen que su fin era un dinero que la víctima debía cobrar por esos días. Lo cierto es que el pago no se había hecho todavía y se especula que creyendo que la plata ya estaba en el domicilio, la mató para revisar la casa aunque finalmente se dio a la fuga sin botín.

Más allá de estas hipótesis, el joven, con tres anotaciones en su etapa de menor, identificado con las iniciales SSL, concurrirá hoy de mañana al juzgado para conocer su futuro inmediato.

El crimen

Por recomendación de su abuela, SSL fue aceptado por Nely Oneill Canto para vivir en su casa de la calle Alianza 2088. En su declaración ante la Policía, el joven dijo que la ayudaba con las cosas de la casa: cortar el pasto, hacer las compras y reparaciones varias. El sábado 24 de noviembre de 2001, una vecina se acercó a la vivienda y comprobó que la dueña de casa estaba sin vida. Cuando la Policía llegó la encontró boca arriba en un colchón con una azada entre sus brazos y la mitad superior de su cuerpo carbonizado. Estaba desnuda.

De inmediato la División Homicidios comenzó a trabajar en el hecho, recabando información entre los vecinos y familiares de la infortunada señora. Así se pudo establecer que un muchacho de 19 años pernoctaba habitualmente en el lugar.

Fue imposible pretender ubicar su paradero: había desaparecido de todos lados.

Esto lo tornó en sospechoso, más aún cuando con el paso de los días su ausencia continuaba.

Luego se supo que la plata que tenía que cobrar la mujer pertenecía a su marido, tratándose de unos 100 mil pesos de acciones del ex frigorífico Efcsa. El móvil del crimen parecía estar claro.

La investigación

Los funcionarios de Homicidios le siguieron los pasos durante las semanas posteriores al hecho, pero sin resultado.

Las informaciones que iban siendo reunidas, si bien permitían tener una idea de los lugares en los que se refugiaba, no posibilitaban su captura.

Hacia mediados de enero la causa tomó un nuevo impulso ante el surgimiento de algunos datos, los cuales se vieron complementados con la denuncia presentada por un vecino de la zona de Peñarol, acerca de un conflictivo joven que desde hacía algunas semanas se había construido un rancho con telas y cartones.

El individuo le robaba a los vecinos y agredía a los habitantes del lugar; incluso llegó a jactarse ante alguno de ellos que «ya maté una vieja, no me cuesta nada matar de nuevo».

Estos indicios en poder del comando de Homicidios derivaron en un plan de acción que consistió en que un grupo de funcionarios se convirtiera en marginales. La zona en la que moraba el hombre se ubica en las inmediaciones de Santos y Garzón, en medio de unos cañaverales.

Desde el lunes 28 de enero pasado, y por turnos, los designados se convirtieron en vagabundos y comenzaron a deambular por la zona. Mañana, tarde y noche siguieron la misma rutina, y a pesar de tener la certeza de que el prófugo iba a ser capturado, a veces por cuestiones de minutos esto no se concretaba.

Sin embargo, y cuando parecía que el criminal había logrado fugar nuevamente, la perseverancia policial le puso fin a su libertad.

Ayer de mañana SSL fue visto por los «marginales» que se le acercaron sin levantar sospechas y cuando lo tuvieron a tiro lo dominaron y le comunicaron cuál era su situación de ahí en adelante.

La confesión

El joven, una vez en la repartición actuante, no tuvo reparos en revelar detalle a detalle cómo había hecho para terminar con la vida de quien le había abierto las puertas de su casa. Dijo que la noche anterior había regresado tarde y descompuesto por lo cual se dirigió a su cuarto. Posteriormente sostuvo que la anciana lo llamó para decirle que había gente fuera de la casa y que tenía miedo, pese a lo cual, tras revisar no vio a nadie y se retiró nuevamente. La escena –asegura– se repitió y una vez más no sintió nada. Afirmó que después de comprobarlo mantuvo relaciones con la mujer. Pero una vez más la presencia de extraños en el exterior la preocuparon y según él, la señora comenzó a mirar por todas las ventanas a ver qué pasaba mientras le gritaba y le exigía que hiciera algo. El, entonces, dijo que «me quemó la cabeza» y con un objeto contundente le golpeó en el cráneo y al ver que estaba muerta la roció con nafta y con unos fósforos la prendió fuego. Hoy deberá repetir la historia ante el juez, antes de escuchar la sentencia. *

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