Investigan la misteriosa desaparición de un joven
El sábado 15 de diciembre Marcos Damián Delorenzi salió por primera vez a compartir la experiencia de un campamento junto a otros siete amigos, los mismos que tenía en el barrio y que en algunos casos habían ido a la escuela con él. Su madre, Graciela Fontes, lo definió como un muchacho tranquilo al que no le gustaba quedarse en la casa de nadie y que no tenía conflictos con ella, ni con el padre ni con los hermanos.
Para llegar hasta el lugar donde pernoctarían esa noche, y del que se retirarían al día siguiente, debieron realizar un largo trayecto. La zona elegida queda al final del Camino Eduardo Pérez, dentro de una propiedad privada que cuenta con una suerte de lago y montes. El punto es elegido por varios canarios para hacer un poco de vida al aire libre, con el conocimiento de los propietarios del lugar, que tienen un encargado que controla y brinda ayuda a las personas.
El sábado 15, después de armar el campamento, los muchachos (sólo dos de ellos tenían 18 años) se dispusieron a realizar actividades varias.
Algunos se fueron a pescar, otros se quedaron y Marcos Damián, según cuentan sus compañeros de aventura, dijo que se iba a cazar pajaritos. Relatan que tomó una chumbera y se internó en el monte.
Primera señal
La señora Fontes sostuvo que luego de una hora y media aproximadamente los amigos de su hijo comenzaron a preocuparse porque Marcos tardaba demasiado. Aparentemente en ese ínterin se hizo presente el encargado, a quien le explicaron que iban a pasar el fin de semana, pero no le comunicaron sus temores.
Si bien algunos muchachos sostendrían que sí le dijeron, al ser indagado por la Policía el hombre aseguró que no sabía lo que pasaba, y que de haberse enterado, hubiera podido llamar por su celular a la Policía y salir a buscar al muchacho en el caballo y con los perros que lo acompañaban.
Cuando el encargado se retiró, los jóvenes intentaron hallar a su compañero, pero sin suerte. Las horas siguientes esperaron en vano que Marcos regresara y al caer la noche no había novedades. Decidieron dormir allí, y a la mañana siguiente regresaron a sus casas.
Primero se dirigieron a la casa de Marcos y le contaron a la mamá qué era lo que estaba pasando. Fontes entonces radicó la denuncia ante la Seccional 25ª (con jurisdicción en su domicilio), la cual fue derivada a la Seccional 27ª, que abarca la zona de los hechos.
Ocho días
A partir de ese mismo domingo y durante ocho días se realizaron intensos rastrillajes por los montes y el lago, por parte de la Policía canaria, con apoyo de Bomberos y personal de Prefectura. También tomaron parte de estas instancias los familiares y conocidos del muchacho.
Las batidas no sólo no permitieron dar con su paradero, sino que tampoco lograron hallar la chumbera que se llevara Marcos, ni sus ropas ni ningún indicio de que el joven hubiera andado por los montes.
Fontes dijo a LA REPUBLICA que destaca la preocupación y el esfuerzo de la Policía, pero sostiene: «No puede ser que a quince días no se sepa si a mi hijo lo secuestraron o qué fue lo que le pasó».
En este sentido agregó que «hay que hacer algo más» y paralelamente pidió el apoyo de la población para que aporte cualquier dato sobre su hijo en cualquier dependencia policial. La desesperada madre no aventura hipótesis, pero enfatiza que no puede explicarse cómo desapareció su hijo y si en realidad fue esto lo que pasó. *
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