Reo operado de apendicitis saltó seis metros y se fugó
La insólita evasión se consumó sobre las trece horas de la pasada jornada. Carlos Ruben Acuña Quintana de 48 años, hacía 48 días que estaba realizando un ayuno voluntario, con control médico en el Penal de Libertad, para lo cual se había cosido parte de su boca. Aparentemente la ingesta de líquidos la había mantenido a rajatabla, no así la de sólidos, y en ningún momento llegó a descompensarse ni deshidratarse.
Reclamaba su inocencia. En marzo pasado había tomado una actitud similar, en oportunidad de la revista realizada por los ministros de la Suprema Corte de Justicia correspondiente al 2000. En aquella oportunidad sus motivos no fueron atendidos y entonces decidió, a principios de noviembre, retomar la medida de fuerza.
Acuña tiene varios antecedentes por estafas, falsificaciones y hurto, siendo su último procesamiento por el homicidio de una mujer, hace varios años, a quien ejecutó de varios tiros, aparentemente en el decurso de una rapiña. El pasado lunes el hombre empezó a sentirse mal: se quejaba por fuerte dolores en la zona del vientre.
Traslado
El médico de guardia del centro de reclusión maragato lo revisó y dio pronóstico preliminar: podría tratarse de apendicitis. Dada la situación, el preso fue trasladado al Hospital Maciel, donde los médicos lo estudiaron más a fondo y coincidieron con su colega penitenciario.
El cuadro estaba a punto de convertirse en peritonitis, por lo cual se decidió realizar una intervención quirúrgica. La misma se concretó, según las fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA, en la misma noche del lunes. La operación se desarrolló sin inconvenientes y cuando Acuña se despertó estaba esposado a la cama en una sala acondicionada para tales casos.
Cuidaban de él dos funcionarios del Penal de Libertad. Fundamentalmente estaban alerta al factor externo, ante un eventual intento de rescate como el ocurrido año atrás y que terminara con la vida de un funcionario del nosocomio. Sobre las trece horas de la pasada jornada comenzaría la fuga del individuo. Hasta el momento no se ha podido establecer si los elementos que la favorecieron estaban organizados, o si realmente el hombre supo usufructuar la posibilidad que tuvo.
Salto al vacío
A la hora señalada se presentó ante los funcionarios carcelarios quien dijo ser un practicante de medicina, al que le había sido asignada la tediosa tarea de curar a esta peligrosa persona. Ingresó a la sala y les solicitó a los uniformados que se apartaran un poco, que necesitaba cierta privacidad.
En este punto existen dos versiones contrapuestas a las que accedió LA REPUBLICA. Una de ellas refiere a que se solicitó a los custodios que le sacaran las esposas, a lo que se habrían negado y entonces se indica que Acuña logró zafar de ellas sin necesidad de abrirlas. La otra, afirma que las esposas fueron franqueadas y entonces el escape fue menos traumático. Sin embargo, las fuentes le dan más peso a la primera de las hipótesis. Ambas sólo pueden ser cotejadas por los policías (que afirman no haberlas abierto), por el supuesto practicante (que al cierre de la presente edición no había sido identificado por la Seccional 1ª) y por el evadido, que obviamente aún no pudo ser indagado.
Lo cierto es que una vez que pudo desprenderse por alguna de las dos vías de sus cadenas, el hombre se levantó rápidamente con la herida aún abierta y corrió hasta llegar a una ventana que providencialmente para Acuña, daba a la calle. No lo dudó. Se subió a un banquito y se lanzó al vacío.
Cayó seis metros hasta «aterrizar» en la calle y aquí es donde se le pierde parte del rastro. Podría haber escapado en taxi o haber contado (al igual que con el hipotético aporte del practicante) con la asistencia de apoyo externo y fugar en un auto.
Las pista sobre Acuña se interrumpen repentinamente: dejó su sangre marcada en el piso de la sala, en la pared del hospital y en la propia calle. *
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