"Matá a tu tía y te doy una moto"
De acuerdo a los datos recabados por LA REPUBLICA, el pasado primero de marzo de 2000 la joven ARG de 30 años llamó por teléfono a la Seccional 19ª de Progreso y avisó que María Rosa Faa, de 56 años, una mujer con antecedentes siquiátricos a la que cuidaba desde hacía dos años, estaba muerta.
Los policías que acudieron a la vivienda, ubicada en el barrio San Francisco Chico de esa ciudad –en el límite con Las Piedras–, constataron que el cuerpo no presentaba lesiones, mientras que las hornallas de la cocina a gas estaban abiertas y sobre la mesa de luz había varios comprimidos de medicamentos y un vaso de agua.
Con esos elementos, en un principio los investigadores presumieron que se trataba de un suicidio. Así fue como trascendió el caso en aquel momento, cuando el móvil del asesinato estaba descartado. Sin embargo, 21 meses más tarde las cosas cambiarían y la carátula judicial de «suicidio» se modificaría por «homicidio muy especialmente agravado».
El crimen
En las últimas semanas, los funcionarios policiales de la Seccional 5ª de La Paz recabaron determinadas informaciones que apuntaban hacia la mujer que diariamente cuidaba a María Faa. Según indicaron las fuentes consultadas, ARG pretendía quedarse con la casa de su patrona, y sabía que esto no le sería gratuito.
De esa manera, planeó cada detalle para lograr su objetivo, que incluía en primer término eliminar físicamente a la dueña de casa. Para ello se contactó con el sobrino de la señora, un joven de 20 años de iniciales PDGI, a quien le contó su idea y le indicó que si «mataba a su tía» le daría una moto y mil dólares.
Tras conocer la propuesta, el muchacho se reunió con WLMC, de 23 años, y Víctor Hugo Rueda Etchevarne, de 21 –poseedor de antecedentes penales–, y les ofreció participar en el crimen, a cambio del cual se dividirían las ganancias. Ambos aceptaron y decidieron cometer el asesinato en la madrugada del primero de marzo del año pasado.
Ese día, el sobrino de Faa bajó la llave del suministrador de energía eléctrica, dejando la casa a oscuras. Entonces, sus dos compinches ingresaron a la finca, se dirigieron al dormitorio de la propietaria y, antes que despertara, la ahogaron con una almohada. Luego, para aparentar que se había suicidado, dejaron unas pastillas sobre la mesa de luz, volcaron un vaso de agua en la cama y abrieron el gas de la cocina.
A las ocho de la mañana del día siguiente, la ideóloga del asesinato entró a la casa y simuló que la había encontrado muerta, por lo que, entre lágrimas, se comunicó telefónicamente con la comisaría local y avisó del trágico hallazgo. Minutos más tarde, cuando la Justicia interviniente y los policías coincidían en afirmar que se trataba de un suicidio, parecía que todo había salido perfecto.
Pago incumplido
Los inconvenientes surgieron cuando los autores del crimen apuraron al sobrino de la víctima para que consiguiera el dinero y la moto ofertada. Sin embargo, la cuidadora de Faa se limitó a darles dinero para que se refugiaran durante un par de meses en la ciudad de Buenos Aires.
En medio de los problemas ocasionados por el atraso en el pago, el pasado sábado los policías capturaron al familiar de la mujer muerta. Al ser interrogado relató paso a paso cómo habían perpetrado el asesinato y quiénes habían participado. Esto permitió que ese mismo día fueran capturados los dos sicarios en sus residencias de La Paz.
Mientras tanto, la autora intelectual del crimen fue detenida en la casa de su extinta jefa, donde vivía desde hacía ya varios meses. En el interior de la casa los policías incautaron una constancia firmada por un escribano, en la que se certificaba que ella era la ocupante de la vivienda, cuyo valor fue estimado en unos 20 mil dólares. También aparecieron varios recibos atrasados de contribución inmobiliaria, pagos por la «heredera» de Faa.
En la tarde de la víspera, el juez letrado de Las Piedras ordenó el procesamiento con prisión de estas cuatro personas, imputadas de «un delito de homicidio muy especialmente agravado». Al atardecer, mientras la Policía daba el caso por cerrado, los participantes del asesinato marchaban a la cárcel departamental. *
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