La autoagresión de los reclusos "es cosa común"

MARIANA RABINOVICH, SAN JOSE

 

Luego de que trascendiera públicamente la autoagresión cometida por un recluso en el Penal de Libertad, que se «cosió la boca con un alambre» –según declaró luego– «para que quede claro que no hablaría» de lo que sucede dentro del centro penitenciario, fuentes calificadas desmintieron a LA REPUBLICA que el hecho obedeciera a un problema «interbandas».

El preso de apellido Cuello, que días atrás fugara del recinto para ser capturado horas después por efectivos policiales montevideanos, había declarado que su huida fue motivada porque «su vida corría peligro luego de que declarara haber hallado en la cocina del Penal un arma de fuego, que entregó a las autoridades carcelarias». Según afirmó Cuello, la banda del conocido delincuente Rambo «amenazaba» su vida tras la revelación, pero las fuentes carcelarias desmintieron categóricamente este hecho, señalando que Rambo y sus secuaces se encuentran absolutamente aislados del resto de la población carcelaria y no existía ni existe ninguna posibilidad de que lleguen hasta «el aterrado Cuello». Tras la fuga de este hombre y su captura, se lo derivó «por error» al Comcar, donde pasó un fin de semana para ser reintegrado, luego, al centro penitenciario de máxima seguridad del país.

La actitud de «coserse la boca, no enfría ni calienta al personal del Penal ni Judicial, ya que hechos como este son «el pan de cada día, en un lugar donde hay 500 hombres, de los cuales 250 padecen serios trastornos mentales», manifestó a este matutino una alta fuente judicial. «Allí adentro –aseguró– suceden cosas periódicamente como la autoinyección de materias fecales que los presos se realizan subcutáneamente, cuando consiguen hurtar alguna jeringa en enfermería, de la basura o en un descuido del médico tratante, que no puede controlar todo (…) Cuello –que además asegura ser amigo de Yabrán– no es el primero que se cose la boca y lo hizo, creemos, por miedo, pero también para llamar la atención de los jueces y conseguir que lo trasladen a otra cárcel».

El autoflagelo es también «una forma de desahogo en la situación desesperada en la que viven esos hombres, que obviamente, no pueden mantener la cordura habitual de un ciudadano libre».

Apuñalamiento

Para corroborar que la violencia entre los reclusos es «permanente», la misma fuente relató que antes de ayer, otros dos delincuentes protagonizaron una riña que culminó con uno de ellos internado hasta la fecha en el hospital Saint Bois. Antonio Alvarez Pereira, de 28 años, atacó por «situaciones momentáneas», con un punzón de fabricación carcelaria a su compañero de celda, Pedro Martela San Pedro (de 38 años). Atendidos ambos, primero en un centro de la ciudad de Libertad, fueron luego derivados al citado hospital. Allí se le diagnosticó al agresor heridas leves «posiblemente autoinfligidas». Pero la suerte de su víctima permanece incierta, ya que se encuentra en estado delicado con heridas que podrían comprometer su vida. Los dos individuos cumplen sus respectivas condenas por «dos delitos de rapiña especialmente agravados».

Hasta el momento, no ha sido posible contactarse con las máximas jerarquías del Penal de Libertad, para que también aporten su versión de los hechos, pero los datos judiciales con que cuenta LA REPUBLICA y la declaración de un ex recluso, corroboran estas tristes historias mostrando al resto de la sociedad una faceta que, generalmente, «por su crudeza todos quisiéramos desconocer», señalaron las fuentes. *

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