El atentado al juez Basil fue a las 2 y 40 de la madrugada

Cinco minutos demoró la Policía en rodear la manzana

La polémica desatada por la mujer del juez fronterizo, que casi pierde la vida en un atentado sufrido en su casa, tuvo un giro en la pasada jornada. Alba había asegurado que fue más de media hora la que se tardó en llegar al lugar y en rodear la manzana. El hecho no era menor, si se tiene en cuenta que las principales unidades policiales de la ciudad (Jefatura y Seccional 1ª) están a pocas cuadras de distancia.

Entrevistado por LA REPUBLICA en las primeras horas de la tarde de ayer, el jefe de Policía local, inspector principal Rodolfo Etcheverry, aseguró que «instantes antes de las 2 y 45 llegó un móvil de la Seccional 1ª, disponiéndose de inmediato rodear la manzana». A partir de allí arribaron en contados minutos otros dos móviles y un cuarto con el jerarca estaba en el lugar, a más tardar, a las 2 y 47.

El número uno de la Policía riverense indicó que al llegar se dirigió al domicilio del juez letrado de Primer Turno, Eduardo Pereira, ya que la llamada recibida por el radio operador en Jefatura había consignado que él era el afectado. Pero este magistrado aclaró que él no era, y «entonces desde mi celular llamé a Jefatura y me reiteraron que el llamado de alerta se había referido al doctor Pereira», relató Etcheverry. Ante esta situación el magistrado descendió de su domicilio para confirmar que él no había sido atacado, y un nuevo chequeo determinó que Basil había sido el objetivo. A todo esto habían transcurrido unos pocos minutos.

La escena

En la pasada jornada LA REPUBLICA intentó comunicarse con el juez Basil para conocer su versión, pero no fue posible. Tampoco con su colega de Rivera, a cargo de las investigaciones. Sin embargo, en versiones recogidas por un vespertino, citando fuentes allegadas a Basil, se asegura que el magistrado se reserva la posibilidad de iniciar «acciones legales» a raíz de la demora.

El intento de homicidio, que incluso ameritó que el Presidente de la República citara una conferencia de prensa para expresar su preocupación, tuvo un ingrediente más preocupante con la denuncia de Alba sobre la demora.

La mujer también dijo que primero llamó al comisario de Narcóticos, que no depende de Jefatura, porque no confía en la Policía de Rivera. Esta afirmación preocupó a las autoridades ministeriales ya que la institución vive en aquel departamento un proceso de reforma, tras los procesamientos dispuestos por el juez Basil en el marco de la lucha contra el contrabando. El proceso incluye, explicaron las fuentes, la llegada de Etcheverry a Jefatura, habiendo sido su anterior cargo la subdirección de la Dirección de Inteligencia, desde donde colaboró con las pesquisas iniciadas a fines de 2000 y que terminaron con la desarticulación de la más grande red criminal en la historia uruguaya.

Los datos

Como se informara en la víspera, horas antes de retomar las pesquisas, y mientras leía en su estudio el expediente en cuestión, acompañado por su perro, se escucharon ruidos sospechosos en la casa del juez. Este abandonó su asiento y se dirigió a la cocina, donde abrió una puerta. Entonces se escuchó la primera detonación de un calibre 38. Acto seguido otras dos. Con el primer estampido Basil se arrojó al piso y así logró salvar su vida. Las versiones más firmes indican que el o los agresores llegaron al lugar trepando por los techos de una iglesia. En las pesquisas para aclarar el caso, comandadas por el doctor Pereira, participan la Jefatura de Rivera, Inteligencia y Policía Técnica. Hasta el momento, de acuerdo a las fuentes consultadas, no existe ninguna pista firme y Técnica no ha encontrado huella alguna.

Por otro lado, existen testigos que afirman no haber escuchado disparos (entre ellos dos policías) mientras que otros sí dijeron sentir las detonaciones. El Centro de Justicia de Rivera se encuentra sobre la calle Sarandí, a unos 20 metros de la esquina con Monseñor Vera. En diagonal se halla el Banco República, que cuenta con un policía de custodia.

Las puertas de entrada a las casas de ambos jueces se encuentran a uno y otro lado de la fachada del Juzgado. La de Pereira a la derecha y la de Basil a la izquierda, y ambas terminan encontrándose en los interiores de la sede. El colega de Basil tampoco escuchó los disparos.

Ayer, la Suprema Corte de Justicia repudió el ataque y afirmó que «los oscuros intereses que inspiraron este acto intimidatorio no torcerán la rectitud de los encargados de administrar justicia». Los fiscales también se solidarizaron con el magistrado. *

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