Fue procesado por dos delitos de homicidio en reiteración real

La historia de los dos crímenes de Villafán

Entre el momento de los crímenes y el procesamiento transcurrieron horas intensas vividas a pleno por el comisario de la Seccional 4ª, Ricardo Ponti, quien siguiendo su instinto de policía desechó los indicios que apuntaban al yerno y a la hija del vidente Ramón Martínez, como principales sospechosos del asesinato.

Es que el mensaje escrito dejado por el asesino, que decía «justicia con lástima, él se lo buscó», fue analizado por la Policía Técnica y el resultado fue que la escritura tenía similitudes con la del yerno de la víctima.

Cuando Ponti –que indagaba el homicidio de Martínez, sin tener idea que el mismo hombre había matado dos días antes a la mujer que en su época de cantante se llamaba «Charito»– empezó su trabajo de investigación entregó todos los indicios a Policía Técnica. Pero también se llevó una lista del personal del comercio dirigido por Martínez en Arenal Grande 1634, resolviendo citar a todos los empleados para indagar la vida del occiso.

Todos se habían presentado, pero el más antiguo de ellos, Ruben Darío Villafán, de 44 años, quien trabajaba en la casa de aparatos ortopédicos desde hacía 30 años, no se presentó. Al recibir el informe de Técnica sobre el peritaje caligráfico, el comisario indagó al yerno y a la hija de la víctima. Había motivos que podían justificar el homicidio por razones económicas, ya que Martínez había tomado decisiones que perjudicaron a su hija.

Pero tras interrogar al sospechoso, Ponti no creyó en su culpabilidad basándose únicamente en su instinto de investigador nato. Entonces volvió sobre el único empleado que aún no se había presentado. Localizó a su última compañera y fueron a su casa. Era el domingo de mañana.

Primeros datos

La señora informó al comisario que el lunes pasado Villafán se había ido de la casa tras mantener una disputa motivada en la falta de dinero, ya que se le terminaba el pago del seguro de paro y el dinero no alcanzaba.

Dijo la mujer que había estado en la casa el viernes pasado (al otro día del crimen del pai) a las 7 de la mañana. Luego de pagarle 3.500 pesos al padre de su compañera por gastos de alimentos, luz y teléfono, Villafán se bañó y se retiró.

Fue entonces que el comisario preguntó si se había llevado las ropas, recibiendo como respuesta que las había dejado. Ponti le pidió que se las mostrara, y al ver los championes de Villafán manchados de sangre supo que estaba en el camino correcto. Labró un acta en el mismo momento y se llevó las pruebas a Policía Técnica.

Entonces pidió la captura de Villafán. Pero como no aparecía por ningún lado, la Policía acudió al domicilio de su primera esposa, con la que tiene tres hijos (una mujer y dos varones) y en cada lugar donde se conversaba con una mujer ligada al sospechoso, el comisario dejaba el número de su celular pidiendo que lo llamara.

El domingo de noche, el principal sospechoso del doble homicidio llamó por teléfono al comisario Ponti para preguntarle por qué lo buscaba, informándole el jerarca que necesitaba saber cosas de la vida del vidente Martínez, buenas o malas, que lo ayudaran en su pesquisa.

Primera confesión

El sospechoso suspiró y le dijo que sabía mucho del vidente y le prometió al comisario que lo iría a visitar el lunes. El jerarca policial no quedó conforme y colocó vigilancia frente a la casa de su concubina. Se quedaron hasta las dos de la mañana y el hombre no apareció.

Al día siguiente, el hijo de Villafán llamó por teléfono al comisario Ricardo Ponti para avisarle que su padre iba en viaje a la comisaría cuando fue detenido por funcionarios del Departamento de Vigilancia. Una rápida comunicación con el comisario Arbón permitió saber que a Villafán lo estaban indagando por la desaparición de María del Rosario, cuya denuncia por averiguación de paradero había sido presentada por el compañero actual.

La mujer había desaparecido el 25 de setiembre de su apartamento ubicado en Isla de Flores y Ejido. Una vez culminada la averiguación, Arbón entregó el detenido al comisario de la Seccional 4ª quien comenzó a interrogarlo. Finalmente, el comisario lo «apretó» y le dijo que tenía sus championes manchados con la sangre de Martínez. Allí se desmoronó y confesó el crimen del vidente.

Dijo que había ido el jueves 27 de noche a pedirle la plata que le debía por el despido y como el «pai» contestó que no podía pagarle, se enfureció y lo golpeó con un trozo de hierro que había llevado oculto en su manga. Luego le sacó el cinturón y lo estranguló, le puso un crucifijo sobre el cuerpo y escribió el mensaje que estuvo a punto de incriminar a un inocente.

Fue entonces que siguiendo una corazonada le preguntó por la mujer desaparecida. La respuesta fue un silencio profundo, que más que silencio era una confesión. El confeso terminó admitiendo también ese crimen, informando que el cuerpo estaba en el sótano del taller que el vidente tenía a dos cuadras de distancia sobre la misma calle Arenal Grande.

Epílogo

Fueron a buscarlo y allí estaba el cadáver de María del Rosario Errecart dentro de una bolsa de nailon. Luego vinieron las declaraciones ampliatorias del homicida. Dijo que el «pai Richard» lo había violado cuando él tenía 12 años, luego que lo recogiera de la calle, dándole cobijo y trabajo.

El comisario Ponti entendía claramente que el móvil del asesinato del vidente era por odio y por intereses económicos. Luego de matarlo, le robó 20 mil pesos para cobrarse el despido. Pero no estaba clara la muerte de «Charito».

Se supo que Villafán tras separarse de su esposa se unió en concubinato con otra mujer que a su vez había sido empleada del vidente. Pero esta mujer había tenido un marido anterior, quien últimamente estaba viviendo con «Charito», que era clienta de Martínez, pero que a su vez había iniciado una relación amorosa con Villafán.

Todo estaba relacionado y el martes 25 el hombre se citó con «Charito» concurriendo al taller donde finalmente la mató. La causa solamente puede ser buscada en la mente del hombre que padecía de una obsesión por las mujeres y en el odio que sentía por el vidente desde que tenía 12 años. Había visto en el comercio fotos y ropas interiores que Villafán reconoció como de su concubina.

Hubo una escena de celos que Charito pretendió zanjar quitándose la ropa. Pero el hombre la mató a golpes y escondió el cuerpo en el sótano. Eso fue el martes. El jueves fue a ver al vidente para reclamarle el despido y, como éste se lo negó, lo mató. *

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