Prostitución infantil en la Rambla de Pocitos
El procedimiento estuvo a cargo del Departamento de Orden Público, perteneciente a la Dirección de Investigaciones de la Jefatura capitalina. Fue el lunes que los funcionarios comenzaron a trabajar al recibir los primeros datos de lo que acontecía en la noche del coqueto barrio montevideano.
La causante del calvario es una joven colombiana de 23 años. Su nombre, María José Rojas García, quien está registrada como meretriz en la Jefatura. Apoyada en su fuerte carácter y determinación, la mujer se convirtió a fuerza de amenazas en la dueña de varias calles de la rambla.
El epicentro de su «reinado» era la Rambla República del Perú y Scosería, y desde allí controlaba varias cuadras para uno y otro lado. En ese territorio buscaban suerte cinco prostitutas, la contraparte de esta historia. Fuentes policiales dijeron a LA REPUBLICA que el valor de las trabajadoras sexuales fue determinante para poder capturar a la proxeneta.
Su trabajo
La colombiana les exigía a las meretrices el pago de 100 pesos por noche, o de lo contrario 500 por semana. A cambio les prometía protección ante eventuales peligros que pudieran afrontar en el desempeño de su trabajo. No usaba armas; no le hacían falta. Además les impartía órdenes de cuánto cobrar según el tipo de cliente, como así también el precio de las tarifas estándar que debían manejar de acuerdo con el servicio que ofrecerían.
Conociendo los peligros de la noche y sabiéndose expuestas, las mujeres de alguna manera pensaron al principio que no sería tan malo tener a alguien que cuidara de ellas. Pero el paso del tiempo tornó la situación en un tormento. Las exigencias eran cada vez más. Al punto de que María José Rojas García hizo entrar en escena a otro personaje para asegurarse el acatamiento a sus órdenes.
La Policía no pudo comprobar que esta persona realmente exista. Las prostitutas tampoco quisieron averiguarlo. La proxeneta, cuando advirtió que sus «protegidas» comenzaron a cuestionarla, les dijo que su hombre pasaría en un auto por la rambla, como si fuera un cliente más. Entonces simularía contratar sus servicios y luego de levantarlas las llevaría a un lugar alejado y las mataría.
Las meretrices, temerosas, decidieron seguir pagando el canon establecido por la «reina de la rambla». Pero todo tiene un fin. En este contexto el epílogo podría haber sido la muerte para alguna de ellas, sin embargo se unieron y decidieron recurrir a la Policía.
Una a una contaron y denunciaron su caso a los funcionarios de Orden Público, quienes comenzaron a trabajar de inmediato, confirmando informaciones y recabando más indicios sobre la situación, mediante indagaciones y vigilancias.
El viernes de madrugada la colombiana fue detenida y quiso deslindar responsabilidades.
Pero las denunciantes se mantuvieron firme tras dos instancias judiciales, el sábado Rojas García fue procesada con prisión por proxenetismo, de acuerdo con lo resuelto por la jueza Penal de 20º Turno.
La preferida
El trabajo de los investigadores, que hacía varios años no se enfrentaban a un caso de este tipo, permitió a su vez poner al descubierto una situación muy pocas veces comprobable en la actualidad: la prostitución infantil.
Dentro de las denunciantes había una niña de 15 años que, según su testimonio, fue iniciada en la prostitución por la colombiana. La jovencita reconoció que al principio no se sintió obligada a vender su cuerpo en la calle, sino que fue seducida e inducida. La ahora procesada le demostraba que era su preferida.
La quinceañera pasó entonces a «trillar» la calle junto a las demás mujeres (con una edad promedio de 23 años). Por ser la elegida al principio tuvo privilegios, pero no le duraron mucho. Ella la quería como pareja y la usaba para mantener relaciones lésbicas.
Las primeras negativas que intentó ante la mujer que tenía sobre ella el poder de decisión fueron silenciadas con golpes de puño en el rostro y el abdomen. Para ella también llegaron las amenazas de muerte y las exigencias de pagar la cuota; de lo contrario terminaría asesinada allá lejos tras ser levantada en un auto más de un presunto cliente.
En confianza con sus compañeras de vida les reveló su mal y quizá su relato fue el deteminante para poner presa a la colombiana.
La última
Este conmovedor caso de explotación, promiscuidad y poder, resuelto por Orden Público, también demostró de algún modo la crisis que afronta el país y las formas que la gente encuentra para revertirla. Este fue el caso de una joven de veintipocos años que en junio pasado decidió comenzar a trabajar con su cuerpo. Pensó que Pocitos podía ser un buen lugar, teniendo en cuenta que esa zona es una de las más ricas de la capital. El día que decidió debutar en el negocio se trasladó hasta la rambla y Scosería.
Se acercó a las prostitutas que paraban en ese punto y les dijo que quería trabajar allí, que estaba desesperada porque no tenía empleo.
Le contestaron que ellas no tendrían problemas, pero le explicaron que para vender su cuerpo por Pocitos debía hablar con Rojas. Y habló y arreglaron. Aceptó las tarifas y las condiciones que le fueron impuestas. Lo demás es la historia que se repite. *
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