El hombre sostiene que intentaron matarlo para quedarse con sus propiedades

Hacendado alemán denuncia complot para asesinarlo

JOSE RÜGNITZ

 

Según el hacendado Horst Ernst Timmreck, «algunos miembros de la Policía brasileña y uruguaya intervinieron en el plan para intentar culminar con éxito la labor a cambio de una parte del botín».

Según la denuncia que presentó el estanciero sobre el complot participaron, en primer lugar, su esposa, de la que estaba separado y en trámite de divorcio, quien ambicionaba ser la dueña de la estancia que el alemán había convertido en un centro turístico a orillas del lago Rincón del Bonete. El casero de Florianópolis y su familia, cuyo hijo mayor se había radicado en Paso de los Toros para trabajar en la estancia del alemán. Finalmente, un policía de Paso de los Toros, que se encargaría de sacarlo hacia la Argentina a cambio de 100.000 dólares. Estaba previsto que el hacendado alemán nunca llegaría a destino, pero el plan fracasó por algo que los conjurados desconocían.

El inmigrante

Horst Ernst Timmreck, ciudadano alemán de 65 años, se radicó hace años en Florianópolis y desde allí viajó varias veces al Uruguay como turista. Se enamoró de la zona cercana a Paso de los Toros con costas sobre el gran lago formado por la represa de Rincón del Bonete.

Apasionado del mar buscó lugares que le recordaran su patria lejana. Vino en 1982 integrando una regata con su velero y luego de recorrer el país se casó con una uruguaya. La llevó a vivir en su hacienda en Costa de Cardozo, y entre ambos levantaron un complejo turístico ecológico.

Pero Timmreck aún conservaba sus propiedades en Florianópolis, las que eran atendidas por un hombre de confianza que tiene tres hijas y un hijo mayor, apodado «Beto» de 23 años, cuyo nombre es Roberto Domeraski, quien le pidió que lo llevara a su estancia de Paso de los Toros para trabajar como casero.

En enero pasado, según su relato que consta en la denuncia presentada ante el Ministerio del Interior, Timmreck trajo al muchacho y a su hermana de 12 años para que aprovechara el paseo, mientras que en sus fincas de Florianópolis quedaba el padre con sus otras dos hijas de 19 y 21 años.

Luego de dejar a «Beto» a cargo del establecimiento de campo, a la semana siguiente regresó a Florianópolis, para llevar a la niña de 12 años y entregarla a su padre.

Juegos en la cama

«Llegamos de noche y la chica se quedó mirando TV junto con su padre. A medianoche regresé» –recuerda el alemán– «y ellos seguían igual. Miré por la ventana hacia el interior y vi el dormitorio todo desordenado. La chica no estaba y busqué al padre, que es viudo. Al aproximarme a la ventana de su dormitorio, no pude ver, pero escuché que estaban jugando en la cama.

Por las voces, jadeos y risas, entendí que era un juego sexual y me pareció que era un escándalo…»

«Al otro día, a las 8 y 30, entré con la doméstica a la finca del casero y al ir al dormitorio de la chica vi que no había sido usado esa noche y deduje que ella había dormido con su padre. Yo no estaba dispuesto a tolerar eso en mi propiedad. Entonces fui a ver al comisario, que es mi amigo, y le conté todo. Luego, le dije al casero que tenía que buscarse otro trabajo.

Por ese motivo vino una de las hijas, de 22 años, que es prostituta, y discutió conmigo diciendo que yo era un borracho y explotador de pobres.

Enteré de todo a la Policía pero ellos se rieron. Luego ella volvió, se me ofreció y me pidió 200 reales al tiempo que se quitaba la ropa. Yo , que me imaginaba una trampa, salí de la casa mientras ella me llamaba a gritos.

Cuando vino el padre le dije que la hija no entraba más en mi casa y él me trató de borracho. Discutimos y le dije que se fuera. Que no quería más sus servicios. Luego fui y denuncié todo a la Policía… Hay que recordar que mientras esto sucedía, el hijo mayor seguía trabajando en Paso de los Toros.

Piden mi captura

«Regresé a Paso de los Toros el 5 de marzo, pero en abril volví a Florianópolis. Debía estar de nuevo en Paso de los Toros el 23 de mayo por una audiencia civil a causa del juicio de separación de bienes con mi esposa. En ese período recibí varias llamadas de «Beto» mi casero en Paso de los Toros. El 25 de abril cuando iba llegando a mi finca en Florianópolis vi a tres hombres en la puerta que se presentaron como de la Policía Federal. Ellos me preguntaron por mis documentos, pasaporte y permiso de estadía en el país. Yo tenía todo en regla y ellos se manifestaron muy curiosos: querían ver toda la casa. Les pregunté por qué estaban en mi casa y qué querían y me respondieron que estaba todo bien. Entonces se fueron. Ese asunto no me gustó nada.

Al otro día, el 26, recibí una llamada en la que me dijeron que debía volver urgente a Paso de los Toros, pues «ocurren cosas muy raras». Llegaron otras llamadas iguales pidiéndome que no hablara con nadie y me fuera urgente.

A la noche me llama el comisario de Florianópolis, el que era mi amigo, y me dice que me vaya urgente, que salga del Brasil. Dice que hay orden de detención contra mí porque el ex casero me denunció de haber violado a su hija de 12 años. Yo dije que no me iba, que quería aclarar todo, porque no había violado a la pequeña, en cambio sabía que ella se acostaba con su padre y su hermano, el «Beto».

Era una falsa denuncia y pensé que tenían todo arreglado. Decidí irme al Uruguay a la mañana siguiente, porque necesitaba ganar tiempo y conseguir un abogado que me representara en Brasil».

Robo en mi casa

«Antes de las 22 horas estaba en Paso de los Toros y fui directo al Parador Don Juan, cuya propietaria es muy amiga mía a ver si sabía algo.

Ella no sabía nada. Yo me tomé un café y me fui al campo. Cuando llegué encontré la portera cerrada con candado. Lo abrí y luego de entrar volví a cerrar el candado. Entro a la casa que estaba cerrada y no veo a «Beto» por ningún lado. Al entrar veo todo desarreglado, revuelto y tirado por el piso. Voy a la cocina y veo el freezer y la heladera abiertas, vacías y desconectadas. El agua empapaba el piso. Había desaparecido todo, incluyendo 65 kilos de embutidos que yo había dejado en el freezer. Fui al dormitorio y estaba arreglado, pero en la oficina encontré mi escritorio revuelto y todo tirado. Las ventanas estaban cerradas pero sin las trancas. Me habían robado mis papeles, especialmente vales de préstamos por valor de 50.000 dólares. Incluso me robaron 1.600 dólares que tenía ocultos en un lugar secreto colocado tras el cajón del escritorio, que sólo Beto y yo conocíamos.»

El estanciero alemán continúa su relato gesticulando con sus brazos:

«Me habían robado todos mis documentos de exportación e importación, papeles personales, inventarios, balance de toda la década del 80 al 90.

Pensé que había entrado mi esposa con el fin de revisar mis papeles y conocer mi situación económica porque siempre decía que yo la quería estafar.

Cuando andaba revisando todo el resto de la finca vi las luces de una camioneta que acababa de entrar en mi campo y se desplazaba por el camino que conduce a la casa. Pensé que si yo había cerrado la portera con candado, esa gente tenía la llave o era «Beto» que volvía. Hasta ese momento no relacioné lo que sucedía en Paso de los Toros con lo ocurrido en Florianópolis.

«Entonces vi bajar a un hombre que llamó a «Beto». Yo salí de la casa y le grité: ‘quedate quieto o te mato’, aunque estaba desarmado.

Pero como estaba oscuro, el tipo no lo sabía y gritó que yo no le tirara. Le pregunté quién era y dijo que era un peluquero, amigo de Beto que lo venía a buscar porque quedaron en ir a un baile. Le pr
egunté cómo había entrado y me respondió que «Beto» le había dado la llave.

Yo le dije que me habían robado todo en la casa y que él no se iba hasta que viniera la Policía. Llamé a la comisaría y me dijeron que no tenían vehículo y que irían al día siguiente. El tipo subió a su camioneta y se fue. Algo pasó, porque en cinco minutos me llamó la Policía y me dijeron que venían muy rápido.

Vinieron y miraron todo con aire de expertos, señalando que el robo tenía tres días por el olor que salía de las heladeras desconectadas. Dijeron que habían abierto las ventanas de afuera y por allí entraron. Entré a desconfiar, porque las ventanas tenían bulones que se colocaban desde afuera y por dentro se trababan con una tuerca, así que de afuera no se podían abrir. Ellos me dijeron que los ladrones eran especialistas.

Vi que estaban montando un show y les seguí la corriente.

Al otro día, domingo 27 de abril, fui a ver a mi contadora. Me dijo que «Beto» la había visitado el día anterior a las 17 horas para entregarle las llaves diciendo que se iba. Sin embargo su amigo, el peluquero tenía una copia.

El le dijo que no informara a nadie que se iba y dio como motivo la noticia que había recibido de su familia, de que yo había estado violando a su hermana menor.

El lunes fui a la Policía de Paso de los Toros para informar del robo y llevar el inventario de lo que faltaba. Noté que había desaparecido un reloj «Rolex» valorado en dos mil dólares y lo puse en la lista.

El oficial Morales me atendió en una finca lindera, llamada la comisaría vieja y allí me mostró un fax de la Policía de Florianópolis pidiendo mi detención preventiva por violación de una menor. No se preocupó en tomarme la denuncia del robo y me dijo que iba a estar preso casi un año en Brasil mientras se arreglaba todo y luego me mostró una declaración sobre el robo en mi casa, pero esa declaración yo no la había hecho. Yo la firmé porque necesitaba tiempo para conseguir evidencias de mi inocencia y un abogado.

Entonces fui a Antel y conseguí copias de todas las comunicaciones telefónicas realizadas en los últimos días, notando numerosas llamadas con Florianópolis (hasta seis en un mismo día) y varias llamadas a Montevideo, donde vive mi esposa. Me di cuenta de que mi esposa estaba detrás de todo porque ella era la que más tenía para ganar».

Fuga hacia la muerte

«Luego, un jerarca policial de Paso de los Toros pidió para hablar conmigo el 31 de mayo. Fui citado a la comisaría a las 11 y 30. Cuando llegué me estaba esperando en la puerta con un señor, que dijo ser abogado.

En vez de entrar a la comisaría, el comisario me hizo pasar a una casa lindera y me atendió en una pieza muy vieja con una mesa de madera color azulado que tenía unos papeles encima.

Me hicieron pasar y cerraron la puerta. De inmediato me comunicaron que hay una orden de captura que proviene de Santa Catarina. Por lo tanto yo debía quedar detenido. Les contesté que no podía, porque tenía asuntos que atender en mi propiedad y que por lo menos necesitaba volver dos días para poner todo en orden y dejar la casa cerrada bajo la responsabilidad de un empleado de confianza.

El jerarca policial salió y me quedé con quien decía ser abogado que me manifestó que se podía arreglar para que me dejaran escapar a la Argentina. Luego salió y llegó el policía. Este me dijo que era un asunto muy feo y complicado que voy a estar detenido varios meses hasta que se aclare todo. Volvió el supuesto abogado y el policía salió de nuevo. El abogado Leites me dijo que pagando 100.000 dólares puedo fugarme a la Argentina y me dice que tengo que irme inmediatamente sin regresar al campo. Entro a preocuparme al darme cuenta de que sabían todo de mí, ya que cien mil dólares era la suma que yo tenía depositada a plazo fijo en un banco.

«Auxilio, me quieren matar»

«Yo perdí el control. Me vi perdido. Dije que no tenía ese dinero y que iba a hablar con el juez y con la embajada de Alemania. Ellos me dijeron que no era posible. Yo me caigo por un problema que tengo en una pierna y ellos me agarran. Quiero salir y no me dejan. En determinado momento me caigo y me doy un golpe en la cabeza. Entonces viene un hombre con una túnica y un maletín. Saca una jeringa y pretende darme una inyección e intenta ponerme una pastilla en la boca. Me resistí y pude zafar un brazo. Entonces me agarré de la puerta y empecé a gritar: «Me quieren matar, auxilio, ayuda…» Ellos me tironean para soltarme de la puerta, pero ésta se rompe y yo pude salir hasta un pasillo donde había dos mujeres que supongo eran policías sin uniforme. El policía cuando ve a las dos mujeres vuelve a entrar y yo pude salir a la calle, todo el tiempo gritando: «ayuda, me quieren matar». Caí al piso siempre gritando y no dejé que se me acercaran. Pedí que viniera mi amigo Fernando Gandolfo quien trajo una ambulancia y me llevaron al Hospital de Paso de los Toros. Cuando en el Hospital supieron que la Policía estaba de por medio se negaron a atenderme y me derivaron a la Cooperativa Médica (Comta) diciendo que yo tenía un seguro médico del Sanatorio Americano. Allí la doctora Vaz quería que me quedara tres días internado y me negué temiendo que me mataran. A las cinco de la tarde me dejaron ir.»

La garantía de Stirling

«Luego de varios días para recuperarme viajé a Montevideo y me presenté en la Embajada de Alemania para pedir protección. Allí, un abogado me indicó que debía denunciar todo en el Ministerio del Interior y así lo hice. Me presenté ante el ministro Stirling, quien me atendió con suma deferencia demostrando preocupación por lo sucedido. Me llevó ante el fiscal de Policía, inspector Walter Carroccio, donde relaté todo lo ocurrido, quedando constancia en el Ministerio. Recién entonces me sentí tranquilo y seguro, pues en el Ministerio me dieron garantías de que nada me iba a pasar».

Tras esta odisea increíble, el ciudadano alemán radicado en Paso de los Toros se presentó en LA REPUBLICA relatando lo sucedido. Explicó que «el motivo de todo debe estar en la separación de bienes y divorcio de mi ex esposa. Recién ahora me doy cuenta de que todo estuvo perfectamente planificado: Primero la denuncia de violación en Brasil, que no tiene fundamento. Supe que «Beto» había estado en comunicación con su padre en Florianópolis y con mi ex esposa en Montevideo. Entonces entendí que la ayuda que me ofrecían para escapar mediante el pago de 100.000 dólares era una trampa. Durante la fuga me matarían en algún lado y los policías se quedarían con los 100.000 dólares y mi esposa con la estancia. El motivo de mi ex casero de Florianópolis era la venganza por haber denunciado que se acostaba con su hija y por haberlo echado de mis propiedades».

El broche de oro de todo y que seguramente le salvará la vida al ciudadano alemán, lo dejó para el final: «Yo jamás podía haber violado a la chica porque hace tres años me operaron y quedé impedido de tener sexo. Tengo certificados médicos que me avalan. Pero eso… ellos no lo sabían.»

«Finalmente» –agrega Timmreck– quiero señalar que no todo está corrompido en la Policía uruguaya. Sólo son unos pocos, que ya están desenmascarados.» *

LA REPUBLICA .

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