Borrelli: "Al instituto policial hay que sanearlo totalmente"
Así lo adelantó en entrevista con LA REPUBLICA el viceministro del Interior, Daniel Borrelli. Por otro lado, el jerarca evaluó como positivas y dolorosas las investigaciones con centro en Rivera, ya que si bien la Policía Nacional ha logrado desbaratar la mayor organización criminal en su historia, ésta estaba compuesta por varios oficiales de la institución.
Borrelli sostuvo que desde el Poder Ejecutivo se busca tener un cuerpo especializado en el combate de las grandes mafias, y opinó que los plazos legales de 48 horas para que una persona esté bajo disposición judicial son cortos, teniendo en cuenta lo complejo de investigar a estos grupos. Sin embargo, entendió que por el momento no sería conveniente modificar la Constitución para extender este lapso.
–Ahora que parece haber entrado en un nuevo impasse, ¿qué síntesis o evaluación se puede realizar de lo actuado en Rivera por la Dirección Nacional de Información e Inteligencia?
–Lo primero que hay que decir es que estamos hablando de una delincuencia organizada. Ya no es un simple hecho policial aislado, o un delito aislado, sino que es una verdadera asociación para delinquir, como lo calificó en primera instancia el juez de Rivera. Pienso que sobre este tipo de asociación para delinquir quedan muy pocos cabos sueltos que Inteligencia sigue empeñada en atarlos, siguiendo las pistas que han llegado para poder terminar con ese caso y con ese tipo de asociación, dedicada principalmente al contrabando de cigarrillos.
La evaluación de lo actuado es buena; se hizo un buen procedimiento que había arrancado a fines del año pasado con el procesamiento de otras personas. Ahora, desgraciadamente, también comprobamos que estaban involucrados policías, los cuales fueron puestos al descubierto por la propia Policía, que logró combatirlos y someterlos a proceso. Es importante aclarar que están sometidos a un proceso que recién empieza desde el punto de vista judicial. Yo, por formación profesional, entiendo que como todo auto de procesamiento es provisorio, voy a quedar bien tranquilo recién cuando el auto de procesamiento quede firme o ejecutoriado, ya sea porque pasan los plazos o porque apelan los abogados, como han anunciado que van a apelar y que sea el Tribunal quien confirme o no.
–¿Cómo repercute este tipo de acontecimientos en el ánimo y el funcionamiento del instituto policial?
–Yo quiero mucho a la Policía; desde hace mucho tiempo tengo muy buenos amigos en la Policía y estoy orgulloso de llevar en la solapa el distintivo policial desde que era jefe de Policía en 1995. Yo sé que los buenos policías están contentos con esto, aunque muchas veces les duele este asunto porque son los propios compañeros de promoción o de trabajo los que han elegido el camino equivocado dentro de la fuerza. Para ser policía se necesita mucha entereza, mucha honestidad y mucho coraje, porque con sueldos bajos tienen que correr riesgos muy fuertes y se ven sometidos muchas veces a tentaciones muy fuertes. La gente con la que ellos trabajan es muy difícil; la Policía es la institución pública que más expuesta está a la corrupción. Sin embargo, a pesar de ser una institución que está fuertemente en riesgo de padecer este flagelo, son pocos los que entran en la corrupción.
La mayoría es gente sacrificada, trabajadora de muchas horas y que vive de acuerdo con sus ingresos. Yo he recorrido mucho el país y hablado con integrantes del personal subalterno que viven en condiciones muy precarias; que tienen grandes dificultades para poder vivir en una casa con medianas comodidades. De esa gente nos olvidamos cuando ocurren estos hechos.
–Es conocida su posición acerca de que un bajo sueldo no justifica entregarse a la tentación, pero ¿no cree que una Policía más profesional y mejor pagada está más preparada para afrontar el riesgo?
–Una buena retribución disminuye el riesgo porque las necesidades llevan a veces a que la gente se entregue a tentaciones fáciles. Evidentemente, si un policía tiene muy bien satisfechas sus necesidades básicas –alimentación, vestimenta y hogar– será muy difícil. Por lo general el policía está acostumbrado a vivir humildemente y por tanto, si tiene sus necesidades básicas medianamente satisfechas corre menos riesgo de corromperse.
–La situación de Rivera demostró sin embargo que no eran los policías con menores sueldos los que estaban involucrados, sino aquellos de grados importantes y con salarios más dignos.
–Eso habla muy bien del personal subalterno y habla muy mal de la oficialidad, porque es la que tiene más formación. Es la que ha pasado por una Escuela Nacional de Policía en donde no sólo le fueron inculcadas materias normales de derecho o instrucción policial, sino también moralidad y honradez. Lamentablemente algunos oficiales han perdido estos valores para vergüenza de los otros oficiales, que ven a compañeros de curso que se han formado con ellos caer en el delito, mientras ellos con grandes sacrificios están llevando adelante una familia. He conversado con muchos policías y lo que les interesa transmitir, más allá de lo material a sus hijos, es la honestidad.
Sería muy importante no perder esta mística. Al instituto policial tenemos que sanearlo totalmente, la propia Policía tiene que sanearse porque en democracia es un instituto fundamental para mantener el orden, la paz pública y proteger y servir a la sociedad. A veces esto se hace difícil, principalmente por la falta de recursos humanos, ya que hay poca gente en proporción a la que deberíamos tener.
–¿Cuál sería el número de efectivos que se necesita para que la escasez de recursos humanos no sea un contratiempo?
–Con lo que nos había votado el Presupuesto –1.150 policías principalmente para Montevideo, Canelones, Maldonado y Cárceles, y algunos para Colonia y Rocha– estaríamos cubiertos. El problema nuestro ahora es que nos faltan 700 policías que no podemos terminar de tomar porque el Estado está necesitado de un recorte importante del gasto público. Aparentemente por este año no vamos a poder usar esas vacantes. La situación nos trae preocupación para el Operativo Verano Azul, ya que hay que reforzar zonas difíciles como la Costa de Oro y Maldonado. Estamos hablando con lo jefes e intentando inventar alguna cosa. Tenemos esperanzas de que el año que viene podamos tomar todas esas vacantes y entonces sí, tener una cantidad de policías acorde a la población, bien cerca de los guarismos internacionales en este sentido. Ahí vendrá la responsabilidad nuestra, de los jefes de Policías y de los oficiales superiores de saber aprovechar los recursos.
–¿Cómo piensa que la gente de Rivera asimiló todo este accionar, teniendo en cuenta que era un poco vox populi lo que en ese departamento pasaba y que de un día para el otro vio que la Policía tomó cartas en el asunto?
–Pienso que la gente honesta se tiene que haber sentido muy bien con la Policía, ya que todos esos impuestos que el Estado estaba perdiendo, que se evaporaban, ahora pueden ser volcados a la propia sociedad. Había una desigualdad irritante: funcionarios que ganaban sueldos normales y bajos tenían un nivel de vida que no era proporcional a sus ingresos. A veces pasa mucho tiempo para lograr las pruebas y someter a la Justicia a estas personas. No es fácil obtener elementos firmes que comprueben la relación entre la actividad laboral del policía y su vida paralela de integrar una asociación para delinquir.
–En 1996 el diputado Julio Lara, entre otros, denunció lo que pasaba en Rivera. ¿Por qué no se avanzó en aquel entonces?
–No tengo presente quiÃ
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