A tres años del crimen, la madre de Andrés dialogó con LA REPUBLICA

"No sé si Pintos Funes podrá contestar todas mis preguntas"

Ayer por la tarde, mientras repasaba los últimos detalles de esta movilización, Graciela Fonte –la madre de Andrés– se reunió con LA REPUBLICA, para agradecer a la población de Colonia y a este medio, por apoyar a la familia Trigo en su lucha.

–¿Cómo era su vida en Colonia antes de que mataran a Andrés?

–Bueno, tanto mi esposo Walter como yo y mis hijos Andrés y Sandra, vivíamos como una familia más de esta ciudad. En mi caso, como cualquier otra ama de casa, dos por tres ayudaba a mi esposo en su comercio de cargas de garrafas de supergás… Por ese entonces, yo veía los noticieros de televisión, donde informaban sobre el caso de María Soledad Morales, que mataron en Catamarca… y lo veía como algo tan lejano. Nunca imaginé que una cosa así podía pasar en Colonia, donde todos nos conocemos.

–Ciudad que ustedes eligieron para radicarse por su tranquilidad.

–Es verdad… Sobre todo mi esposo, que no le gustaba Montevideo. Nació en la capital, pero quería disfrutar de la vida al aire libre y salir de pesca. El vino primero a Colonia y después llegué yo con los chicos. De eso hace unos 14 años. Andrés fue a la Escuela Nº 37 en el Real de San Carlos. Mi hija Sandra hizo el liceo. Andrés quería trabajar y por eso decidió ayudar al padre. Así transcurría la vida, entre estudio y trabajo.

–A partir del crimen, ¿cómo decidieron salir a la calle con las marchas de silencio?

–Ah, no pasó ni un mes. Yo fui a varias radios y canales de Montevideo porque quería que se supiera la verdad de lo que estaba pasando. En ese momento vi las cosas muy frías; pasaban los días y no se aclaraba nada. Luego nos enteramos de cosas que no se habían hecho. Preguntábamos: ¿había huellas?, y las respuestas que nos daban eran unas peores que otras. No podíamos creer que fueran errores de trabajo. Hasta un ciudadano común y corriente sabe cómo se procede en estas cuestiones. Entonces dijimos: tenemos que hacer algo o esto se archiva. La familia se empezó a mover, hablamos con amigos y con vecinos y se decidió hacer la primera marcha.

–Fue un acontecimiento histórico en Colonia.

–Sí, sí… Pero hay que tener en cuenta que antes no había ocurrido un caso como el de Andrés. Nosotros teníamos dudas si la gente acompañaría. Había quienes nos alertaban que tuviéramos cuidado y que no fueran a meternos un infiltrado en la marcha para que armara lío. Pero todo salió bien. La gente nos decía, «arriba el ánimo, porque si no luchás, perdiste…»

–¿Las autoridades policiales de ese momento trataron de algún modo de impedir esa movilización?

–A la Policía no le gusta que se hagan marchas. A ellos no les sirve, pero no nos pueden prohibir.

El jefe de Policía de esa época, el inspector (r) Hugo Pintos Funes, habló un día antes de la marcha y dijo que no era bueno que se hiciera.

Entonces eso le metió miedo a mucha gente que pensaba salir a la calle y se quedó en su casa. Nuestra idea al iniciar esa actividad era hacer marchas todos los 17 de cada mes. Sabíamos que la lucha iba a ser larga, pero no tanto como ha resultado.

–¿Qué siente la familia Trigo al ver a tanta gente que los acompaña en el dolor y en el reclamo?

–Nos da coraje, apoyo. A veces uno se bajonea, hay que golpear muchas puertas y no todas se abren. ¡Es bravo! Sin embargo yo ningún 17 pensé en quedarme en casa. Aunque no me sienta bien, igual salgo a la calle. Es que si no fuera por las marchas, por la solidaridad de la gente y por los periodistas, el crimen de Andrés hubiera quedado enterrado en el olvido.

–Cuando un día recibieron una carta de apoyo de las Madres de Plaza de Mayo: ¿en qué pensaron los Trigo?

–Valoramos mucho más todavía la lucha de esas mujeres que han hecho tanto contra la impunidad. Ellas son un ejemplo y las tenemos siempre presentes en el recuerdo y en el afecto.

–También llegó una adhesión especial de la monja Marta Pelloni, que en Catamarca enfrentó al poder para que se aclarara el homicidio de María Soledad.

–Como hablábamos al comienzo: aquella religiosa que veíamos por televisión en un lugar tan lejano, ahora estaba también con nosotros. Eso fue una enorme inyección de ánimo para no bajar los brazos.

También algo muy importante que quiero destacar es la actitud de apoyo de nuestros ediles departamentales, que han estado muy correctos en el seguimiento de este caso y en las definiciones que tomaron.

–¿Qué le dice la gente a diario en la calle, en los comercios?

–La inmensa mayoría nos dice «no aflojes, que esto en algún momento se va aclarar». Hay quienes tienen dudas, pero yo les digo: «¿Les parece que seguiríamos luchando si desde un principio hubiéramos pensado que no iba a pasar nada?».

–Cuando usted pasa en la calle al lado de gente sospechosa de estar de una u otra forma involucrada en la muerte de Andrés: ¿qué reacción le provoca?

–Me digo: «aguantate en el molde y esperá, que todo llega a su tiempo». Nosotros presumimos quiénes son los culpables, pero a ciencia cierta no sabemos quién apretó el gatillo, y hay varias personas metidas en esto. De eso no nos quedan dudas.

–¿Usted volvería a sentarse alguna vez con el ex jefe de Policía Pintos Funes para conversar sobre este tema?

–Sí, claro que sí. Tendría muchas preguntas para hacerle, pero no sé si él estaría dispuesto a contestarlas.

Es un hombre muy hosco, cuesta mucho dialogar con él porque su mente se quedó estacionada en la época de los años oscuros que vivió el Uruguay. Pintos Funes dijo de Andrés cualquier cosa, y no entiendo por qué lo hizo… pero igual me sentaría con él a tratar de conversar.

–¿Qué le preguntaría?

–Por qué habló mal de Andrés, eso le preguntaría… Pintos Funes prácticamente justificó que hubieran matado a mi hijo. Le preguntaría también por qué hubo tantas irregularidades en la investigación. ¿Por qué se taparon tantas cosas? ¿A quiénes querían proteger? *

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