Lo que no dice Bernal

JOSÉ RÜGNITZ

 

El jefe de Policía de Colonia apunta ahora hacia un sospechoso que estaría escondido en Buenos Aires, como presunto implicado en el crimen del joven Andrés, tratando de distraer la atención de un pueblo indignado ante tanta impunidad.

Nada dice Bernal sobre las acusaciones concretas difundidas el mes pasado por LA REPUBLICA contra el actual director de Investigaciones, comisario Miguel Isaza. Tampoco aclara el actual jefe de Policía, por qué hizo una conferencia de prensa para referirse al caso del comerciante Hugo Zunino al día siguiente de que éste hiciera públicas sus acusaciones en este medio y no dijo nada cuando LA REPUBLICA publicó las denuncias contra Isaza bajo el título de «Policía bajo sospecha de corrupción».

La gente de Colonia no puede olvidar que tras el crimen del joven Trigo, la Policía llegó a la escena del hecho ocho horas después y que las autoridades de la época, encabezadas por Hugo Pintos Funes como el jefe de aquel momento, destrozaron todas las evidencias con clara intención de que el caso no se pudiera aclarar.

Se lavó la camioneta, no hallaron el arma homicida, no respondieron a un aviso llegado a la hora 8 a la Jefatura y para colmo quemaron las ropas del muchacho. La Policía Técnica, con todo el adelanto que posee, desde el punto de vista científico, no tuvo la mínima oportunidad de encontrar una sola huella. Sólo faltó que Pintos Funes y su comando, integrado por los inspectores Vilas, Carminatti y el comisario Isaza, pasaran un arado por el lugar donde apareció la víctima.

Todo el mundo está convencido en Colonia que tras el crimen de Andrés está «la mafia del narcotráfico» que aún hoy se reúne mensualmente en comilonas que se realizan en un importante hotel de la ciudad, bajo el nombre de «Las Campanitas».

Bernal se olvida de Karina Carro, la ex novia de Andrés, que hoy vive en San José. Esta mujer tiene mucho para decir, especialmente sobre el auto Fiat Uno que «alguien» poderoso le regaló un día con la condición de que lo pagara vendiendo drogas. Allí podría encontrarse el móvil del crimen, ya que la joven habría pretendido que Andrés la ayudara a vender drogas para pagar el auto. Este se opuso y terminó muerto. En definitiva, el «caso Trigo» implica a muchos policías de Colonia y el juez Gerardo Siri debería interrogar a muchos uniformados. Entre ellos, al comisario Isaza, y a los comisarios inspectores Vilas y Carminatti, que hoy cumplen funciones en el Penal de Libertad. También deberá ser interrogado el agente Koprek, brazo derecho de Isaza, quien lo mantiene en la Jefatura «para que no se vaya de la lengua.»

En este caso, algunos policías de la época de Pintos Funes actuaron con la clara intención de proteger a los criminales, pues todo policía sabe que la «regla de oro» de un crimen es la preservación absoluta de la escena del hecho.

Y la escena del crimen fue arrasada.

Tal vez el asesino de Trigo fue un sicario traído de Buenos Aires y pagado con «treinta monedas». Pero ese no es el final de la trama. *

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