El Patronato
Por Washington De María
Alfredo Montero, Lourdes Charela y el Padrino Cardama, eran los tres integrantes del Patronato de la Cárcel de Minas. Lourdes trabaja en el Juzgado y nos traía noticias de nuestros expedientes, de nuestros cansados y olvidados expedientes, ella por lo menos nos traía noticias que alentaban esas esperanzas casi muertas. El Padrino recorría diariamente la Cárcel atendiendo las urgencias de los más necesitados, de los olvidados que no tienen familia, amigos, ni nadie que les arrime un paquete de tabaco o un kilo de yerba para hacer más llevadera la «cana». Pero el dinero que el Patronato central de Montevideo le giraba a Cardama, generalmente duraba hasta el 15, el resto del mes esos dineros salían de su bolsillo.
Yo lo sabía, él lo sabía y no quería que nadie lo supiera, me decía que las buenas acciones se hacen y disfrutan en el anonimato, y a veces cuando un desubicado le exigía algo me daban ganas de romper esa promesa de silencio y decirles que el dinero del Patronato hace días que se terminó; que hace días, como todos los meses, como todos los años, que la plata sigue saliendo del mismo bolsillo, pero él me lo había pedido y no podía fallarle.
El Pichón Montero (nunca supe «Pichón» de qué era), medía casi 1.90 y pesaba como 120 kg. Siempre pensé que su pecho caído era ese inmenso corazón que no le entraba en el pecho y lo había acomodado más abajo.
El Pichón nos venía a buscar todos los martes a las 9.00 y con un policía de custodia llevaba a todos los presos que le autorizaran para jugar al fútbol al colegio de las Hermanas a tres cuadras de la Cárcel, y vaya responsabilidad e ironía, casi 30 presos bajo su tutela y en un colegio de monjas; a las 12 nos devolvía, cansados, sudorosos, sin problemas, sin mayores dramas, estaba haciendo una obra más grande de lo que se imaginaba.
Antes de irse le entregábamos cartas y dedicatorias que él leía en su programa radial, y así nuestros afectos sabían de nosotros, escuchando los temas que les dedicamos, los poemas que les hacíamos, y él hablaba de nosotros con su audiencia como si fuésemos un oyente más, éramos personas en esas tres horas de programa, y ese era nuestro mayor secreto, todas las noches el Pichón Montero nos sacaba sin autorización de nada ni de nadie a todos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad