Otros cuatro uniformados recuperaron anoche la libertad

Policía fernandino lideraba una asociación para delinquir

Carlos Carrasco, de 30 años, el agente de 2ª que cumplía tareas de mantenimiento en la cárcel de Las Rosas fue el primer procesado a media tarde como autor material de los hechos. Los otros cuatro efectivos no participaron de la acción aunque tomaron conocimiento por Carrasco sin dar cuenta a los superiores, y pasadas las 22 de ayer fueron dejados en libertad.

En tanto, los civiles para quienes el fiscal Juan Bautista Gómez también pidió el procesamiento y el juez acompañó son: Jorge Gabriel Dapelo, Alvaro Montenegro y Manuel Techera, todos con varios antecedentes. Ellos tres y Carrasco ingresaron ayer a la cárcel imputados de «asociación para delinquir y extorsión» El cuarto civil es el panadero Fernando Díaz, quien prestó su camioneta para la acción extorsiva. Fue remitido por «encubrimiento de asociación para delinquir y extorsión».

A mediados de la semana pasada el grupo ingresó por la fuerza en la vivienda de Alfredo Durán García, un delincuente que había fugado del Comcar un año atrás y que se había radicado en Piriápolis. Robando cheques y comprando documentos robados Durán estafó a comerciantes capitalinos, mientras revendía en Pan de Azúcar la mercadería así obtenida a muy bajos precios.

Varias personas fueron detenidas en relación a este caso, entre ellos un funcionario político de la Junta Departamental y el hermano de un edil nacionalista, quienes fueron liberados por orden judicial. En cambio Durán y otras dos personas fueron procesadas, el primero con prisión.

Pero, en el transcurso de la indagatoria, Durán denunció el secuestro y extorsión. Varios delincuentes y el policía que revista en la cárcel de Maldonado lo secuestraron y le exigieron 20 mil dólares para no delatarlo. Lo sacaron de su casa y a la mañana siguiente lo abandonaron en Punta Ballena, a unos 25 kilómetros de su residencia, no sin antes hacerse de 5.000 dólares.

Uno de los participantes fue Dapelo, quien había recuperado la libertad dos meses atrás después de permanecer cinco años presos por suministro y tráfico de estupefacientes. Este individuo fue quien «entregó» al narcotraficante Omar Clavijo, permitiendo a la Justicia desmantelar una banda mafiosa que actuó con impunidad durante ocho años.

Dapelo fue requerido el mismo lunes y ayer lograron detenerlo en Maldonado. Todas las actuaciones estuvieron a cargo de la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Maldonado.

Desazón policial

«Es un traidor», dijo ayer el jefe de Policía de Maldonado, inspector Mario San Pedro, en referencia al funcionario policial acusado de secuestro y extorsión. El jerarca policial convocó a conferencia de prensa –aunque no se avisó a LA REPUBLICA–antes de que se conociera la resolución de la Justicia.

San Pedro sostuvo que «el funcionario será separado de la Policía inmediatamente y sometido a sumario administrativo». Con respecto a los otros subalternos involucrados dijo que «no participaron en el hecho aunque tuvieron conocimiento. Algunos dijeron que creyeron que era una broma y por eso no lo denunciaron: estuvieron omisos. Las investigaciones internas determinarán responsabilidades».

La situación cayó como un balde de agua fría sobre la Policía, que venía de anotarse varios éxitos de importancia en su lucha contra la delincuencia. Pero San Pedro se encargó de dejar en claro que «la propia Policía detuvo a sus compañeros. Lo que no deja de causarnos dolor porque eran personas que veíamos aquí (en Jefatura) todos los días».

La otra cara

El policía encausado es un funcionario con varios años en la función. Se desempeñaba en tareas de mantenimiento en la Seccional 1ª y desde hace algún tiempo había pasado a cumplir las mismas tareas en la cárcel.

Vivía una situación personal y familiar angustiosa. «Nunca pudo cobrar más de 300 pesos de sueldo porque vivía adelantado», dijo ayer a LA REPUBLICA uno de sus compañeros. «Para peor tenía un recarga horaria en el Casino, pero como esta institución hace meses que no paga, tampoco había cobrado».

La fuente afirmó: «De ninguna manera compartimos lo que hizo, pero sabemos que se dejó envolver por delincuentes». Precisamente, en la Seccional 1ª, Carrasco había trabado relación con Dapelo quien estuvo detenido allí durante los cinco años ya que estaba amenazado de muerte por los traficantes a quienes había denunciado. La Policía sabía que sin trabajo, sin ayuda y perseguido, Dapelo volvería a delinquir. No sospecharon que arrastraría a uno de los suyos.

En el tintero

La situación revela varias falencias de los organismos de seguridad y una evidente complicidad de quienes, por el precio vil al que compraban, deberían haber sospechado que había algo irregular. Los hechos sucedieron en Piriápolis y Pan de Azúcar, pequeñas comunidades donde casi nada pasa desapercibido. Durán García operó allí durante casi un año.

Atendía en su casa, pedía dinero, obtenía dinero de alguna persona vinculada al ámbito político, vendía costosa mercadería como equipos de aire acondicionado, antenas satelitales e, incluso, obras de arte, todo a precio vil. Nadie sospechó. Nadie vio nada. Nadie se enteró. Lo que, en verdad, no deja de ser una de las tantas curiosidades que ocurren en Maldonado.*

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