Arrepentido grabó dos mil minutos de conversaciones mafiosas y se las dio al FBI

Llegó el ocaso de la Cosa Nostra en Estados Unidos

Desde Nueva York a Atlanta, pasando por el aula de Filadelfia donde se está juzgando a toda una generación de mafiosos, en Estados Unidos se multiplica el accionar de la Justicia contra la Cosa Nostra, decimada por arrestos y defecciones.

El FBI arrestó en los últimos días a 45 personas entre Nueva York y la Florida, desmantelando buena parte del clan Genovese, en una época la más poderosa de las cinco «Familias» neoyorquinas (las otras son Gambino, Bonanno, Lucchese y Colombo).

El mérito de la operación, se supo ahora, fue sobre todo de un arrepentido que durante tres años asistió a reuniones mafiosas con un grabador escondido en sus ropas. Mike Durso, un estafador de Brooklyn enojado con el clan Genovese por no haber sido ayudado después de recibir un balazo en la cabeza, decidió vengarse y se convirtió en colaborador de la Policía.

El resultado de su tarea de infiltrado se refleja en 500 casetes grabados con 2.000 minutos de conversaciones que prácticamente relatan desde el interior la vida de un clan. En Atlanta está por comenzar el proceso «Gold Club» contra una organización de mafiosos vinculados a la «Familia» Gambino.

Los imputados comenzaron a temblar cuando leyeron en los diarios la noticia de que en estos días fue transferido a la cárcel de Atlanta John A. Gotti Junior, el hijo del ex padrino de los Gambino (condenado a cadena perpetua y actualmente moribundo en la enfermería de una prisión federal por un cáncer de pulmón).

Se teme que el joven Gotti está dispuesto a colaborar con la Justicia y que se presentará a declarar en los tribunales de Atlanta. La señal más evidente de la declinación de Cosa Nostra de todas formas procede de Filadelfia. La declaración de Ralph Natale fue parangonada con la del asesino a sueldo Sammy «The Bull Gravano» que en 1992 le costó la cadena perpetua a John Gotti, de quien había sido guardaespaldas.

Natale y los fiscales trazaron el retrato de una organización de «buenos muchachos» (good fellas) que intentó dominar la ciudad sin tener las condiciones para ello. Surgió así la imagen de un clan mafioso con asesinos que muchas veces no sabían cómo deshacerse de sus víctimas. Natale había heredado un clan que había sido muy poderoso en los años ochenta bajo la guía de Angelo «Docil Don» Bruno, antes de ser destruido por una sangrienta guerra intestina. La muerte de uno de los «boss», Philip «Chikcen Man» Testa, virtualmente «volado» en pedazos por una bomba colocada en la puerta de su casa, fue reflejada en el filme «Atlantic City». Natale y la nueva generación no estaban a la altura de las tareas que les esperaban. Cuando el hoy septuagenario «boss» fue arrestado, decidió rendirse y colaborar con la Justicia. «El problema de esta gente –dijo un investigador– es que no estaban cortados para ser gangster». (ANSA)

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