Dan pocas posibilidades a nuevos investigadores del "Caso Trigo"

Nadie puede desarmar a la narcomafia en Colonia

Si bien el padre de Andrés, Walter Trigo, que se dirigió por un altoparlante a las 200 personas que lo acompañaron en la marcha del silencio hasta la puerta del Juzgado, mantiene su confianza inicial en el jefe de Policía, Ricardo Bernal, indicó que existen «muchas fuerzas poderosas que han hecho que el caso se fuera entorpeciendo y las pesquisas cayeran en continuas contradicciones».

Fueron dos equipos a colaborar con las pesquisas. Uno de ellos a cargo del experto comisario de Homicidios de Montevideo Eduardo Romero y el otro comandado por el comisario Víctor Tressa, de Canelones, quien llegaba precedido de gran prestigio por los numerosos casos aclarados a lo largo de su carrera policial. Ninguno de esos equipos policiales tenía la menor intención de fracasar, pero algunos policías dependientes del hoy director de Investigaciones, comisario Miguel Isaza, «ensuciaron la cancha» con acusaciones falsas. Los pesquisas llegados de Canelones y Montevideo comprendieron que había una «interna» policial interesada en que el caso no se aclarara y tuvieron que emprender el retorno.

Ahora se apuesta al envío de otro equipo de expertos investigadores de Montevideo, pero la sensación que se tiene en Colonia es que va a pasar lo mismo, porque el caso se va a prolongar en el tiempo sin que se encuentre una solución.

LA REPUBLICA estuvo en Colonia durante tres días siguiendo los pasos dados por la policía luego del crimen y la primera sensación que se recoge es el miedo latente, pues todos hablan bajito, aportan datos pero enseguida agregan: «Yo no dije nada».

 

¿El crimen perfecto?

El crimen de Andrés fue a las 4 y 15 del 17 de agosto de 1998, cuando el jefe de Policía de Colonia era el inspector Hugo Pintos Funes y el comisario a cargo de la Seccional 1ª era Miguel Isaza. Pese a que el homicidio fue cometido en dominios de la Seccional 7ª, el jefe de esta repartición no actuó en el caso y las pesquisas fueron asumidas por Isaza. Las declaraciones formuladas por Pintos Funes, que pretendió echar un manto de sospecha sobre las actividades del joven Andrés, provocaron un sentimiento de profundo malestar en toda la población, lo que determinó el alejamiento del jefe de Policía, que fue declarado persona no grata en todo Colonia. Otros hechos que rodearon a la ex novia de Andrés contribuyeron a que las sospechas recayeran sobre ella. La joven ya había roto sus relaciones con Andrés y estaba ligada sentimentalmente con el agente de policía Ricardo Miñón. La muchacha, que trabajaba en un almacén por un sueldo de 1.400 pesos mensuales, apareció por esos días con un auto Fiat Uno, nuevo, que compró con 9.000 dólares, dinero que ella no podía tener.

Isaza, a la sazón jefe de la Seccional 1ª, mandó detener a Miñón, que en esos momentos estaba haciendo un servicio de 222 en un banco en el centro de la ciudad. Lo sacaron del banco, esposado y encapuchado con una bolsa en la cabeza, cuando en esos momentos sólo era un sospechoso. Luego lo pasaron al juez y, como no había pruebas, recuperó la libertad. Días después, Isaza y Miñón se tomaron a golpes de puño en un local de pool donde este último cumplía servicios, a raíz de lo cual fue trasladado a otra dependencia.

El crimen del joven Trigo se produjo a las 4 y 15 de la madrugada en la calle Atanasio Sierra, después que lo levantaron en una camioneta de la puerta de su casa.

A esa hora, por ese lugar, pasaba todos los días rumbo a su trabajo, en una dependencia policial, otro policía que vivía cerca. Ese día no pasó. Otro tema que llamó la atención es la desaparición de la ropa de Andrés. Según testimonios de policías, la ropa fue regalada por otros policías.

El grupo de principales sospechosos estaba formado por cuatro funcionarios, entre los cuales se encontraba Gustavo Coprec, íntimo amigo de Isaza. Este comisario, pese a haber fracasado en el esclarecimiento del caso de Trigo, fue designado como director de Investigaciones, lo que equivalía a un ascenso, y se llevó como principal ayudante a Coprec.

Por ese entonces, este equipo policial pretendió vincular con el crimen a los hermanos Pereira, quienes estaban cumpliendo una condena por hurto en el Penal de Libertad. El día antes del crimen de Andrés, falleció otro de los hermanos Pereira y los dos que estaban recluidos en la cárcel fueron trasladados con permiso a Colonia desde el Penal custodiados por 8 policías para que acudieran al entierro del hermano. Como coincidió el día del sepelio con el crimen de Andrés, acusaron a los dos reclusos de ser los autores del crimen. Señalaron que, aprovechando que estaban en el velorio, salieron y regresaron sin ser notados.

Una vez en el Juzgado, los guardias declararon que los dos Pereira procesados nunca salieron del sepelio y regresaron al Penal. No obstante ello, fueron llevados al despacho de Isaza y éste puso tres pistolas y un revólver sobre su escritorio y le dijo a Hugo Pereira: «Una de estas tiene tu nombre». Como era una clara amenaza, Pereira fue al Juzgado, donde presentó denuncia por amenaza de muerte. Pero Isaza jamás fue llamado a declarar y meses después fue designado director de Investigaciones.

En la ciudad de Colonia, todos saben que el crimen de Andrés está estrechamente vinculado con el narcotráfico, pero las pruebas no llegan al Juzgado. Y los policías que conocen los detalles no hablan por temor a las represalias. Los jefes de la mafia tienen todo bajo control y si alguien se sale del carril, sufre las consecuencias.

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