Sigue el misterio por el doble crimen del Sauce
Danilo Albín – Canelones
Tal como informó LA REPUBLICA, los cuerpos del empresario y su señora fueron hallados en la noche del pasado lunes dentro del dormitorio de su casa de campo, ubicada en el kilómetro 29.500 de la Ruta 7, a algunos kilómetros de la planta urbana de Sauce. Fernández estaba en calzoncillos sobre la cama con un disparo en la frente y otro en el pecho, mientras que Marichal se encontraba vestida al lado de la cama y tenía dos heridas de bala, una en la nuca y otra en el pecho.
Las primeras pericias realizadas por los policías comandados por el inspector Luis Pereyra Roldán, determinaron que el crimen se produjo entre la noche del miércoles 14 y el jueves 15 de este mes. La casa estaba en orden y no faltaba dinero ni objetos de valor. Sobre la mesa de la cocina había un termo, un mate y una taza de café.
El arma utilizada, de acuerdo a los casquillos que aparecieron diseminados en el suelo fue una pistola 7.65 milímetros, la cual –según estiman los investigadores– pertenecería a Fernández. A los efectos de evitar ruidos que levantaran sospechas en el vecindario, el autor de los disparos utilizó almohadones. «Fueron ejecutados», coincidieron en señalar distintos informantes policiales.
Al comenzar las averiguaciones, los policías canarios viajaron hasta la localidad Andresito del departamento de Flores y trasladaron a su hijastro, quien en su declaración ante los investigadores aseguró que durante los últimos días no había visto a su padrastro. Sus testimonios resultaron creíbles y ayer de mañana quedó en libertad.
Calificadas fuentes de la Jefatura de Policía de Canelones señalaron que las investigaciones están centradas en el «círculo de amigos» de las víctimas. De acuerdo a las circunstancias en que se realizaron las ejecuciones, fue de día, la puerta no está violentada, los perros estaban sueltos y no actuaron; el asesino «tiene que haber sido una persona muy conocida de las víctimas e incluso que sabía donde estaba el arma».
«Tranquilo y bohemio»
Fernández, cuyo nombre era conocido en distintos ámbitos sociales, tenía 61 años. Hijo de un matrimonio conformado por un español y una uruguaya, trabajó 41 años en la empresa Disco, donde actualmente se desempeñaba como gerente.
En forma paralela a su actividad empresarial, ocupó un cargo de directivo en la Asociación Española. Hace tres años abandonó el consejo de dicha institución médica, quedando como miembro de la asamblea representativa. A raíz de su trayectoria en la Española, integró la Lista 11, que el pasado domingo resultó derrotada. Además, era miembro de la comisión de apoyo de la Escuela Nacional de Policía.
«Era un hombre tranquilo, bohemio, respetuoso, jamás levantaba la voz», indicó a LA REPUBLICA su amigo personal, el comerciante y dirigente de la Lista 11, Baltasar Villamide, quien en la noche del pasado lunes descubrió el cuerpo del fallecido, convirtiéndose desde entonces en uno de los principales colaboradores de los policías que trabajan en el enigmático caso.
El martes 13, pocas horas antes del homicidio, Fernández y Villamide almorzaron juntos en el Mercado del Puerto, concertando una nueva reunión en el mismo lugar para el viernes 16. Sin embargo, ese encuentro nunca se concretó, y aquel almuerzo se convirtió en la última charla entre dos amigos que se conocían hacía 20 años y dialogaban todos los días.
Según explicó, el ejecutivo planeaba adelantar sus actividades profesionales para tener libres los días previos a las elecciones en la Sociedad Española. A pesar de la intensa campaña y el cruce de acusaciones entre las listas que pugnaban por la mayoría, el amigo de la víctima descartó que el asesinato esté relacionado con los comicios. «Antes que él, había otras personas de mayor relevancia», afirmó.
Villamide sostuvo que Fernández «no tenía enemigos» y destacó que «nadie lo quería matar». «Estamos todos desorientados», dijo, remarcando que, de acuerdo a las pistas halladas en la casa, el o los asesinos conocían a la víctima.
Con estos pocos elementos, la Policía de Canelones trabaja en forma reservada sobre la base de que los asesinos eran personas de amistad de la víctima y sabían que tenía un arma en su casa.
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