"Más que un patrón, perdí un amigo"
La señora Wendy, de 54 años, fue empleada doméstica del soltero contador Saúl Feldman Szerman, durante más de 25 años, y al ser entrevistada por LA REPUBLICA reiteró en varias ocasiones que «no puede creer lo que pasó».
Afirmó la mujer, que realizaba la limpieza a fondo de la casa de la calle Del Lucero, manzana 31, solar 10, del balneario Shangrilá, de la Costa de Oro (departamento de Canelones), todos los jueves, entre 8.00 y 12.00 horas, que con la muerte del parapetado contador, «más que un patrón, perdí un amigo». Además una vez al mes «le hacía el jardín» (podas, corte de césped, arreglaba las flores y plantas, etc).
El homicida del joven policía y ermitaño profesional, que tenía 64 años y vivía hacía 30 años en la zona, según confirmó la propia Wendy, hacía un buen tiempo padecía una enfermedad, que tras varios años de complicados y costosos tratamientos, que no arrojaron mejoras significativas, hacían que la vida del abatido contador se encontrara en un verdadero estado terminal.
La empleada aseguró sorprendida que en todos los años en que cumplió funciones en la vivienda «nunca tuvo la desconfianza» de que su patrón estuviera en «algo raro», como terminó sucediendo.
«Yo nunca vi nada raro que me hiciera pensar que el contador anduviera en cosas raras y menos en esto de las armas» y agregó: «era una persona callada, que no hablaba mucho con los demás. Que no se llevaba con los vecinos. Que hacía la suya, aunque conmigo tenía cierta confianza». Wendy manifestó que con ella y su familia «siempre se portó muy bien».
«Conversábamos siempre una rato largo de las ‘nanas’ que tenemos los viejos y nos reíamos de nuestras penas. El me respetaba y yo a él. Inclusive me hacía bromas porque siempre me estaba quejando de mis dolores en el cuerpo», comentó.
Explicó que había tenido un accidente de tránsito en una moto y que el contador la rezongaba si se enteraba que ella andaba de nuevo trasladándose en el birrodado, lo que le generaba los dolores. Con relación a la última vez que lo vio, que fue el jueves pasado, dijo que lo vio «normal, como siempre. Tranquilo».
También indicó que «nunca recibía visitas, ni nadie lo llamaba», ni siquiera cuando se enteró de lo grave de su enfermedad. La única persona que apareció una vez fue un primo lejano, ya que con su hermano estaban distanciados.
Sobre la supuesta versión de que en la casa de Shangrilá «pululaban» las armas de fuego, Wendy dijo que ella sólo una vez vio un arma y fue en el año 1990, cuando Feldman compró una para «supuestamente» su seguridad y se la mostró.
Acerca de este particular, fuentes policiales confirmaron a LA REPUBLICA que el abatido era socio del Club Uruguayo de Tiro. Allí les fue informado que Feldman tenía una accionar «normal» y que nunca se apareció con «armas raras», como alguna de las incautadas.
Se estableció además que no era miembro de la Asociación de Coleccionistas de Armas del Uruguay, ya que algunos de estos tienen permiso para poseer armas consideradas de guerra, como las halladas en la casa de Aires Puros.
La mujer también desmintió la hipótesis que se manejó de que el contador tenía una fuerte suma de dinero debajo del colchón de su cama. «Yo limpié allí el jueves y no había nada», aseveró.
Sin embargo, confirmó que existe «una piecita» en la casa a la que ella no tenía acceso. El hombre le dijo que allí guardaba «cosas personales» y ella no preguntó más.
Perros a salvo
Otra interrogante tiene que ver con los viajes que realizaba asiduamente a Argentina. «Iba una vez por año, más o menos, y siempre en invierno. Le gustaba esquiar en Bariloche. Siempre me mostraba fotos y traía dulces de allá para invitarme», explicó.
Para finalizar, y al ser consultada con relación a los perros que tenía el fallecido y que tanta preocupación ocasionaba tanto en la mujer como en la Sociedad Protectora de Animales, Wendy manifestó a LA REPUBLICA que el comisario a cargo del caso dio la orden y pudieron sacar a los dos perros que se encontraban encerrados dentro de la casa de Shangrilá.
Estos se juntaron con los otros tres que ya se había llevado la mujer a su casa, los que se comprometió a seguir criando. Además, la madre de estos cinco, que estaba en la vivienda de Aires Puros, también está en manos de la ahora ex empleada, que recibió de parte de vecinos ayuda para poder alimentarlos, ya que sus ingresos con la muerte de Feldman se han visto sensiblemente disminuidos.
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