
Un hombre de 76 años murió calcinado al ser rociado con alcohol y encendido con un fósforo por su esposa, quien, según los vecinos, acostumbraba a someter golpizas al infortunado hombre. Este impactante episodio de violencia doméstica ocurrió en horas de la noche en una finca de la zona de Paso Carrasco, en el departamento de Canelones.
La víctima estuvo internada varias horas en el Centro Nacional del Quemado (Cenaque), del Hospital de Clínicas, pero las heridas que experimentó eran gravísimas y nada pudo hacerse para salvar su vida.
Mientras tanto, la homicida, también de 76 años y de iniciales MRM, fue procesada en las últimas horas por un delito de “homicidio muy especialmente agravado”. Fuentes policiales indicaron que la mujer habría manifestado que todo se desencadenó en un arranque de “locura”, lo cual sus propios vecinos no creen, ya que sabían que ella acostumbraba a castigar casi a diario a su marido, a quien actualmente lo había echado de la casa y lo hacía dormir en un pequeño galpón exterior.
De este caso, que conmocionó a vecinos, quienes alertaron a las autoridades de la Seccional 26ª de Paso Carrasco que en una finca ubicada en la calle Garibaldi entre Camino Carrasco y Vaz Ferreira se había producido un incidente y que una persona se encontraba con quemaduras muy serias. Un vecino dijo a medios televisivos que la mujer muy tranquilamente fue a avisarles que había rociado con alcohol a su esposo y lo prendió fuego con un fósforo.
De inmediato, varios móviles confluyeron al lugar de los hechos, encontrando el cuerpo de Diego Adalberto González en el comedor de la vivienda tendido en el piso. El hombre de 76 años estaba en estado crítico, siendo trasladado con la premura del caso, próximo a las diez de la noche, en un primer momento a la Policlínica Monterrey y luego derivado al Cenaque, donde pocas horas más tarde, sobre las dos de la mañana, fallecía.
Mientras tanto, en la vivienda era detenida la esposa del fallecido, quien desde un primer momento dijo que tras mantener una fuerte discusión con su marido, en un arranque de furia tomó una botella de alcohol que tenía a mano y se la arrojó encima para luego encender un fósforo y lanzárselo. En sólo unos instantes el hombre se convirtió en una pira humana y si bien corrieron en su ayuda y sofocaron las llamas, todo fue muy tarde y las heridas que experimentó le terminaron costando la vida.
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