Celada. Investigadores pactaron una "fiesta" en suntuoso chalet de más de US$ 1 millón

Reclutaban estudiantes para servicios sexuales en el este

Una pareja de proxenetas de la capital del país había armado una próspera y refinada organización dedicada a brindar servicios sexuales en Punta del Este, para fiestas particulares o para quien los solicitara en forma individual, pero todo terminó y fueron a parar a prisión.

Ricardo Almada | Maldonado

La lucrativa empresa reclutaba jóvenes del Interior que estudian o trabajan en Montevideo, y las trasladaban hacia este departamento cuando surgía un «negocio». El último servicio de la organización fue pactado con efectivos de Investigaciones que, al momento de recibir a cinco chicas en un suntuoso chalet de la zona de Pinares, terminaron desbaratando la banda y atrapando a sus cabecillas.

Los proxenetas ­Karil William Román Franco y su pareja, SP­ estaban siendo investigados desde fines de diciembre del año pasado por efectivos de Investigaciones de la Policía de Maldonado, a cargo del comisario César Alvez, aunque el intenso trabajo del verano ennlenteció las acciones. La organización ofrecía servicios sexuales «exclusivos» para fiestas particulares a través de avisos en Internet y en al menos un diario.

Desde allí, un meticuloso trabajo de los efectivos, fue paulatinamente permitiendo entender el negocio, hasta que finalmente se armó todo «el circo» para hacer caer a los cabecillas. Cada chica le podía salir a un cliente que requiriera sus servicios, unos US$ 300, dinero que luego se repartiría en partes iguales entre proxenetas y ocasionales prostitutas, ya que solamente una de las 8 detenidas el jueves a la noche contaba con la documentación para ejercer legalmente el meretricio. Las demás son todas chicas jóvenes de entre 18 y 24 años de edad, muchas del Interior del país, que estudian o trabajan en Montevideo. Cada vez que los cabecillas arreglaban un servicio, según lo que les pedían, llamaban a unas o a otras para viajar hacia Punta del Este.

Con suficientes pruebas en su poder, los policías prepararon «la fiesta» para la noche del jueves; para ello se afincaron en un suntuoso chalet ­avaluado en poco más de US$ 1 millón­ ubicado en el barrio residencial de Pinares y arribaron en lujosos automóviles, simulando ser poderosos hombres de negocios y de la noche puntaesteña.

La mesa estaba servida para la «última cena» y sólo faltaba el arribo de las cinco chicas desde la capital del país; a la hora pactada, se detuvo un automóvil frente a la residencia; el conductor bajó el vidrio y se acercó el cliente (policía) que había arreglado la fiesta, abonando la suma acordada por el «exclusivo servicio vip», unos US$ 1.500.

Bajó el conductor, Karil William Román Franco, de 45 años (poseedor de antecedentes penales por estafa), y bajaron las chicas, quienes, para su sorpresa, se vieron de pronto rodeadas de falsos y circunstanciales amantes, porque en realidad eran policías que cámaras en mano habían filmado absolutamente todo lo ocurrido para sumar a las escuchas telefónicas, a los mensajes de texto, a las fotografías y a todos los elementos obtenidos en el largo trabajo.

Pero no fue todo, porque detenidas las chicas y el jefe de la banda (el conductor), comenzó la búsqueda de la pareja de éste, sindicada como la otra propietaria de la organización.

Y en este caso no fue necesario tanto trabajo, porque la misma noche del jueves, SP, de 32 años (quien también se prostituía), estaba camino a Punta del Este con otras 3 chicas para cumplir con otro «servicio»; apenas ingresó a territorio departamental, también fue detenida con las jóvenes.

Ayer, a la hora 13.00, comenzó el largo desfile de todos los detenidos ante la sede penal de 4º turno a cargo del doctor Gabriel Ohanián.

Pasado el cernidor, las chicas fueron liberadas, mientras que a última hora los dos cabecillas, Karil William Román Franco y su pareja, SP, marcharon a la cárcel por el delito de proxenetismo.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje