Negocio. Les examinaba el iris con una lupa y les cobraba $ 500

Se hacía pasar por médico y estafaba a sus pacientes

«No vestía túnica y tampoco atendía en consultorio», explicaron a LA REPUBLICA las fuentes policiales consultadas en la víspera.

Por el contrario, para poner en práctica una «atención personalizada», visitaba a los pacientes en sus domicilios y allí los revisaba sin apuro y les extendía una receta con los productos que tenían que comprar.

El embaucador, Héctor Faustino Acosta Acosta, de 68 años, tenía en su haber una vasta experiencia en el departamento de Lavalleja, donde en 1978 había sido procesado por «un delito de usurpación» (de título médico).

Cuando llegó a Nueva Palmira, el hombre, hábil para la conversación, comenzó a relacionarse con vecinas y vecinos a los que visitaba en sus casas y «con lupas les examinaba el iris de los ojos y a partir de ahí les diagnosticaba qué enfermedad tenían y les decía qué dietas tenían que seguir al pie de la letra para empezar a mejorar», indicaron los informantes.

Por esas visitas domiciliarias Acosta cobraba entre $ 400 y $ 500. A tal grado llegaba su audacia que muchas veces «se ponía a charlar con alguien en una agencia de ómnibus y en cuestión de minutos preparaba el terreno para hacer caer a la víctima».

Quiso engañar a los policías

La suerte de Héctor Faustino Acosta comenzó a declinar ­luego de varios días de recorrer la ciudad de una punta a la otra, obteniendo una buena recaudación­ cuando el periodista Roberto Tatto denunció por radio que «algo raro» estaba sucediendo con un forastero que se dedicaba a la «atención médica». De inmediato el comunicador empezó a recibir datos y testimonios que permitieron completar aquel cuadro de estafa. Los uniformados de la Seccional 4ª se movilizaron rápidamente y detuvieron al falso médico. Sin embargo, dentro de la propia comisaría ocurrió un episodio inesperado.

Acosta sacó de un maletín una imagen religiosa y se la entregó al encargado de la unidad. Lo invitó a rezar y le dijo que él era «un hombre de la Iglesia, que estaba para hacer el bien». Cuando el uniformado le preguntó si cobraba por sus servicios, por supuesto que el embaucador dijo: «No, esto es una ayuda espiritual, nada más».

También negó que hubiera tenido problemas con la Policía en otras partes del país, hasta que le mostraron los datos que daban cuenta de su procesamiento anterior en Lavalleja.

«Y ahí sí, ya no tuvo nada más que decir», contaron las fuentes consultadas.

Ahora, el falso galeno se encuentra recluido en la cárcel departamental de Piedra de los Indios, donde es especialmente vigilado para evitar que intente sacar algún beneficio diagnosticando a sus compañeros de prisión, a familiares de éstos o al propio personal policial que trabaja en el establecimiento.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje