Padre e hijo, ultimados en el Chuy. Los autores fueron detenidos del lado brasileño, pero nadie los identificó

Testigos temerosos no testificaron; los homicidas quedaron en libertad

Los hechos ocurrieron en el lugar de mayor movimiento de la ciudad de Chuy, en la esquina de la calle Leonardo Olivera y Avenida Brasil. A 50 metros de las agencias de ómnibus, a 10 metros de la cabina de taxis, frente a un conocido restaurante y a 15 metros de la línea divisoria entre los dos países.

En ese escenario, una moto con dos hombres se acercó al puesto de venta de cigarrillos a cuyo cargo estaba Luciano Rubilai Lima Papaian, brasileño, de 42 años, y su hijo Christian Camaño Papaian, uruguayo, de 17.

Quien viajaba como acompañante en el birrodado se acercó al puesto disparando un arma de fuego contra Lima Papain intentando quitarle la riñonera con dinero. El hijo, que salió en defensa de su progenitor, recibió dos disparos.

El agresor montó en la moto que cruzó la avenida internacional adentrándose en territorio brasileño.

El hijo murió por defender al padre, el padre por proteger 20.000 pesos y 300 reales que finalmente en el forcejeo no pudieron llevarse: los delincuentes mataron por nada.

La fuga se extendió sólo por unas horas porque sobre la medianoche ambos fueron detenidos por policía de Brasil en una estación de servicio de Chui, a unas seis cuadras de la avenida divisoria.

Ante la requisitoria de la Policía uruguaya, la Justicia brasileña solicitó la comparecencia de testigos del hecho, lo que pocas horas después no fue posible debido al temor colectivo reinante. El abogado de los delincuentes logró de esa manera que los individuos quedaran en libertad.

Pese a que mucha gente frecuentaba la zona del crimen, la condición de «pesados» de los malvivientes generó la reacción primaria. De todas formas, ayer viernes fue una jornada de intenso trabajo para Policía y Justicia uruguaya en la generación de una red de preservación de potenciales testigos buscando dotarlos de condiciones y garantías para lograr su testimonio ante la Justicia del vecino país.

 

El móvil fue la rapiña

A última hora de la tarde de ayer, la Policía uruguaya tenía elementos como para afirmar que el móvil de los homicidios fue la rapiña. Así lo confirmó a LA REPUBLICA el propio jefe de Policía de Rocha, inspector Néstor Artigas Lema, quien descartó otras hipótesis que pudieron haberse valorado en un principio.

«Se está trabajando», fue la afirmación del principal de la Policía departamental, sin abundar en mayores elementos, excusándose al argumentar que los trascendidos públicos pueden entorpecer algunas de las líneas de trabajo que tienen como objetivo llegar a enjuiciar a los criminales.

 

La impronta de la frontera

Siendo una ciudad del interior, las fronteras no manejan la lógica pueblerina de cualquier comarca uruguaya. Aquí se registra un trasiego de gente en forma permanente, donde indumentarias, idiomas y estilos nos dan una idea de un crisol de procedencias, culturas y costumbres.

Es bueno para pasear, buscar oportunidades de trabajo pero también para esconderse. Y no es tan sencillo identificar un foráneo y cuáles son sus intenciones.

Tampoco es común que el vendedor de cigarrillos que vemos con una mesa de caballetes en la calle maneje volúmenes de dinero mayores a la «diaria» de cualquier venta callejera en otro punto del país.

Estos factores están en la línea de la afirmación policial en cuanto a que la muerte de los vendedores ambulantes se dio porque dos delincuentes quisieron robarles y no por otra razón. Quizás en otro punto del país sonaría extraño que se actuara con tanta saña contra vendedores callejeros pero no parece ser esa la lógica de la frontera.

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