La vuelta del doctor muerte
Hace un año Harold Shipman, llamado «doctor muerte» por la prensa, fue condenado a 15 prisiones perpetuas por haber matado con sobredosis de heroína a 15 desprevenidas viejecitas que tenía en tratamiento. Pero esa horrible cadena de homicidios, que conmocionó al país, es solo la punta del iceberg. Lo afirma un informe oficial en el que el Ministerio de Sanidad trabajó durante un año. El profesor de Estadística Richard Baker, de la Universidad de Leicester, comparó la tasa de mortalidad entre los pacientes de Shipman con la de otros médicos que trabajaron en las mismas ciudades del norte de Inglaterra –Hyde, cerca de Manchester, y Todmorden, en West Yorkshire– en los mismos años y con un volumen de pacientes análogo.
El resultado es angustiante: las víctimas del «doctor muerte» podrían ser 297, incluidas las 15 ancianas por cuyos homicidios ya fue juzgado. Muchísimos de los desafortunados pacientes de Shipman murieron en sus casas después de una visita del médico asesino, que desde 1974 a 1998 firmó 236 certificados más de defunción «en domicilio» que los otros médicos.
«La que descubrimos es una historia horrenda», dijo en conferencia de prensa el profesor Baker, subrayando que la tasa de mortalidad entre los pacientes de Shipman, sobre todo entre los ancianos, fue elevada desde el comienzo de sus 24 años de carrera en el servicio sanitario nacional.
En los últimos 12 años las muertes aumentaron, hasta tal punto que más de la mitad de sus pacientes falleció en circunstancias sospechosas. Al verlo, con su aire amable, nadie habría podido imaginar qué horribles demonios se ocultaban en su mente y lo impulsaban a matar despiadadamente a gente que confiaba en sus cuidados.
Ningún móvil
ni justificación Las 15 mujeres asesinadas por Shipman entre marzo de 1995 y junio de 1998 eran ancianas, pero estaban en relativa buena salud: la eutanasia no tiene nada que ver. «Estaba extasiado por el poder supremo de control sobre la vida y la muerte», dijo la Fiscalía en el juicio de un año al cual Shipman asistió imperturbable, mientras seguía proclamándose inocente. ¿Cómo pudo suceder que una tasa de mortalidad tan alta pasara inadvertida a las autoridades sanitarias durante tanto tiempo? Esta es la pregunta más inquietante, que permanece sin respuesta. No fue capaz de darla siquiera el jefe de la autoridad médica, Liam Donaldson, la máxima autoridad del sector. «Es horrible e inexplicable», dijo hoy desconsolado. La investigación sobre la masacre de los inocentes hecha por Shipman aún está abierta, pero parece improbable que se llegue a un nuevo proceso. Ya en mayo la policía había hallado pruebas suficientes para otras 23 incriminaciones, pero la Fiscalía decidió no enviar al médico a juicio porque, a la luz de su condena precedente, el imputado no habría tenido un proceso equitativo. (ANSA)
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