Uruguayo asesinado en Luján
Ese día, una pareja que caminaba por un campo cercano a la casa encontró una beba, también hija del matrimonio, abandonada al lado de una tranquera. Estaba sucia, llena de hormigas y con señas de no haberse alimentado por muchas horas. «Era gente reservada que no mantenía muchas relaciones con sus vecinos», comentó un investigador, quien añadió que el hombre «trabajaba haciendo changas».
Para los efectivos de la comisaría de Luján el caso era, hasta ayer, una intriga. «No sabemos ni siquiera cómo desaparecieron, ni dónde, ni cuándo», explicó un policía. Sin embargo, en medio de la falta de datos concretos circularon versiones de todo tipo en los últimos días. Pero el misterio sobre dónde se hallaba la familia culminó ayer de forma macabra, cuando la Policía, al mando del jefe de Homicidio de la provincia de Buenos Aires, Andrés Onorato, allanó la casa. «Era una escena macabra» dijo el jerarca, según la información aportada por un periodista del diario Popular argentino.
Algunas de las víctimas están desnudas y en sus cráneos presentaban orificios, similares a los que podría haberles causado los golpes del pico que hallaron junto a ellos en la cámara séptica.
En el interior de la finca había manchas de sangre y rastros de esta hacia el fondo, como si el o los asesinos hubieran arrastrado los cuerpos hasta el lugar donde fueron hallados.
Habla la madre de Mario
LA REPUBLICA ubicó ayer a media tarde a Gladys Roggiano, madre de Mario Luis, que vive en Montevideo y hacía una hora se había enterado de la trágica noticia. Con voz entrecortada por el llanto, la señora aceptó hablar «porque en Argentina el comisario de Luján no me dejó hacerlo porque dijo que podía entorpecer la investigación. Pero si hubiera recurrido a ustedes antes, tal vez se podría haber evitado esto».
La señora informó que salvo su hijo, todos los otros integrantes de la familia eran argentinos. «Mi hijo se fue con el padre cuando tenía 15 años y vivía en Luján hace mucho tiempo. Siempre me decía que era el único uruguayo del barrio». A la vez confirmó que «tenía algún grado de simpatía por la religión Umbanda. Pero amaba profundamente a su esposa y a sus hijos, por lo que no se puede pensar en ningún rito satánico».
Agregó que «cuando estuvo ahora buscándolos, los vecinos me dijeron que siempre andaban todos juntos y se veía que era una familia muy unida. El era solo un modesto trabajador». Gladys Roggiano, quien sufre problemas de salud, pensaba viajar en las próximas horas a Buenos Aires para pedir ayuda a Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de su hijo, nuera y nietos.
«A la única persona que tengo que agradecer su humanidad es al juez de menores de Mercedes, lamentablemente no recuerdo su nombre, un hombre amable y humano que me permitió ver a mi nieta», dijo la señora.
«En cambio la Policía recién me avisó que habían encontrado a mi nietita diez días después del hallazgo», sostuvo.
«Hasta ahora no me han permitido traerla, porque tienen que hacerme un examen de ADN. Les envié una copia de la libreta de matrimonio para certificar quién es mi hija, que también vive allá en el barrio de Morón, porque ella tiene el mismo ADN. Pero hasta el momento no me lo han aceptado. Mi nietita está en la Casa Cuna de Luján. Pero yo no quiero que nadie la adopte, la quiero conmigo o a lo sumo con mi hija», dijo llorando.
¿Un psicópata en acción?
La señora Roggiano dijo a este matutino que «a la casa de mi hijo iba un hombre, que se decía amigo de él. Pero mi hija me dijo que era un psicópata. Cuando le pedí a la Policía de Luján que lo investigara, me dijeron que no tenían ninguna prueba para hacerlo».
Pero ayer la agencia Noticias Argentinas aportó otros datos sobre ese hombre. «La finca en donde vivía la familia está asentada en terrenos fiscales, y desde hacía un tiempo, luego que los integrantes de la misma desaparecieron, un hombre de apellido Santillán dejó a su madre habitando la casa», dice el cable de esa agencia. Pero al ser consultado por la Policía, Santillán dijo que llevó a su madre a esa casa aduciendo que Zarnic necesitaba alguien que cuidara la vivienda, cuyo terreno tiene 500 metros de extensión y una gran vegetación.
«Ese es el nombre de la persona de la que me habló mi hija», dijo la madre de Zarnic, cuando LA REPUBLICA le hizo conocer esa información de agencia. Y agregó que «el padrino de Julián, que es policía, también sabe algo de ese hombre».
Según Noticias Argentinas «fuentes allegadas a la investigación señalaron que la noche antes de desaparecer, Zarnic llegó a su casa bastante golpeado, y le anunció a sus familiares que se tenían que ir, tras lo cual no se los volvió a ver».
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