Alerta policial. Otra vez estupefacientes entre las visitas al ComCar

Con pasta, dinero y maruja en la vagina

La jueza en lo penal de 7º Turno, Graciela Gatti, procesó con prisión a Mary Fanny Fonseca, una mujer de 53 años que ingresó al Complejo Carcelario de Santiago Vásquez (Comcar) con dinero y estupefacientes en su vagina para llevar a sus dos hijos, Washington y Roberto, privados de libertad por rapiña en reiteración real y homicidio muy especialmente agravado, respectivamente.

La mujer ya recluida en la cárcel de mujeres de la calle Cabildo, intentó burlar los controles durante el llamado Día del Padre para aprovechar la afluencia de personas que visitan a sus familiares presos. El domingo visitaron el Comcar 980 mujeres, 241 hombres y 700 menores. En total fueron 1921 personas.

Los estupefacientes fueron detectados sobre las 14.30 horas cuando se pudo constatar que la mujer había introducido en su vagina 29 dosis de marihuana, cuatro «lágrimas» de pasta base y 500 pesos, según supo LA REPUBLICA.

Fuentes del Ministerio del Interior remarcaron que existe preocupación en filas policiales por el creciente número de personas que ingresan estupefacientes para sus familiares presos, y destacaron que los carceleros reclaman mayor cantidad de funcionarios para la «revisoría» que palpa los cuerpos de las visitas.

Los hijos de la mujer ahora encarcelada, por la resolución que dictó ayer la magistrada Gatti, están a disposición del Juzgado en lo Penal de 13º Turno: Washington Daniel, de 30 años, por la rapiña en reiteración real, y Roberto Rodríguez Fonseca, de 21 años por homicidio muy especialmente agravado.

Washington está en el Módulo II y Roberto en el Módulo IV, en el Comcar.

La madre fue procesada con prisión, imputada por un delito de «suministro de estupefacientes», una violación del artículo 34 del Decreto Ley 14294.

El tráfico de estupefacientes hacia el interior de los establecimientos carcelarios ha llegado a inquietar incluso a la propia Dirección Nacional de Cárceles, Penitenciarias y Centros de Recuperación, la autoridad máxima en materia carcelaria, que manifestó su preocupación ante el mismo Ministerio del Interior.

La crónica policial y carcelaria recoge episodios reiterados de madres que se prestan para hacer ingresar a las cárceles los estupefacientes que sus hijos les piden para mantener sus hábitos en un ambiente de ocio, encierro y tensión. Pero no son pocos los presos que usan a sus familiares para conseguir los estupefacientes que después comercializan entre los demás reclusos.

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