Uruguayo confesó el crimen de la italiana
«He matado a una persona. Un error lo tiene cualquiera. El alcohol, las drogas, lo mezclas con pastillas y ya sabes-«. Con estas palabras se confesó Víctor Díaz Silva, de 28 años, a un amigo de Tarragona minutos antes de que los agentes de la Guardia Urbana le pusieran las esposas como presunto asesino de la turista italiana Federica Squarise, de 23 años. Este camarero uruguayo, padre de una niña de 8 años y residente en Lloret de Mar desde hace unos cuatro, tenía varios conocidos en Tarragona y acudió a su casa el miércoles por la tarde para pedirles ayuda. Le salió mal la jugada porque ellos ya sabían que los Mossos le buscaban y decidieron delatarlo.
Uno de los cuatro chicos del grupo llevó a Díaz Silva a un bar de la calle de Pere Martell mientras sus compañeros ponían a la policía sobre la pista. Cuando la Guardia Urbana de Tarragona detuvo al presunto asesino, este no opuso resistencia. «Se mostró superfrío y nos llamó ‘chivatos’, y la gente en la calle le gritó: ‘violador, asesino'», relató ayer una de las denunciantes a la Cadena Ser. Los Mossos trasladaron al mediodía al detenido desde la comisaría de Tarragona hasta Blanes (Selva). A la entrada, varias personas también le increparon e insultaron. Esta previsto que pase a disposición judicial entre hoy y mañana.
Por televisión
Los conocidos de Díaz que le delataron no se han recuperado aún del episodio que vivieron el miércoles. A la hora de comer, se enteraron por la televisión de que los Mossos d’Esquadra (policías locales) estaban buscando a un vecino de Lloret de Mar de origen uruguayo llamado Víctor como presunto asesino. En seguida pensaron en Díaz, a quien habían conocido hace unos meses en Lloret, población en la que habían estado viviendo una temporada.
Lo que no hubieran imaginado jamás es que apenas unas horas más tarde, sobre las nueve de la noche, el camarero se presentaría en sus casas pidiendo ayuda. Había cambiado sustancialmente de aspecto. Se había rapado la cabeza y las cejas, iba vestido de negro y llevaba una gorra, una mochila y una Biblia que, según dijo, le había regalado una amiga en Madrid.
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