Servicio integral. Marchó a la cárcel quiosquero "completo"

Vendía caramelos "muy especiales"

La artimaña de esconder detrás de un almacén o un quiosco, una boca de venta de drogas, ya no es tan efectiva. La Brigada de Narcóticos de la Policía de Maldonado acaba de desbaratar otro de estos negocios en pleno Maldonado Nuevo.

El dueño del comercio marchó a la cárcel y su mercadería ya no estará «en las estanterías», disimulada entre caramelos, bebidas, cigarrillos y algunos juegos electrónicos.

El juez letrado de 4º Turno libró la orden de allanamiento para que la Brigada de Narcóticos «visitara» un comercio del populoso Maldonado Nuevo, donde se había detectado una boca de venta de pasta base, camuflada detrás de un quiosco en el que se vendía de todo, y que además contaba con un saloncito con maquinitas.

Los efectivos llegaron al lugar como otros clientes, pero en lugar de pedir «un caramelo especial» le mostraron al propietario los carné de Policía y la orden del juez para revisar todo.

 

Drogas, armas, celulares y dinero

La faena fue rápida y el pedido levantado por los policías consistió en los siguientes ingredientes y productos: 7 envoltorios de nailon conteniendo pasta base y otro similar con media tiza de destructiva droga sin fraccionar. Todo pesó 11,4 gramos. Además, 110 cartones de cigarrillos, un revólver marca Doberman calibre 22 y 94 proyectiles vivos; otro revólver calibre 38 de colección marca American Bullock y 4 proyectiles vivos; dos teléfonos celulares, un cuchillo y un sable, además de una buena suma de dinero en efectivo.

Al mismo tiempo, los policías «se llevaron» al dueño del comercio y a otro hombre, quienes pronto fueron conducidos ante el juez.

Tras la instancia judicial marchó a la cárcel MAHO, de 38 años, imputado de «un delito previsto en el Artículo 31 del Decreto Ley 14.294 en la redacción dada por la Ley 17.726 (comercialización de estupefacientes)», en tanto que el otro hombre fue dejado en libertad.

 

Servicio integral

La modalidad de venta de la mortal droga era tan sencilla como efectiva: «Dame unos caramelos» decía el cliente y ante la reiterada pregunta del dueño, el cliente repetía, «sí, los de siempre». Allí marchaban las lágrimas de pasta base que se comercializaban a unos $ 350 la unidad, ya que eran muy generosas en su tamaño.

En el quiosco se vendía de todo, desde bebidas a cigarrillos y desde calzado a ropa; pero el servicio era más completo aún, porque para quienes anduvieran con tiempo, en el fondo había un pequeño saloncito con maquinitas electrónicas.

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