Recibió en donación un vehículo "Scooter" eléctrico

En su silla de ruedas, Luis Soca regresa a su trabajo de policía

Luis no salía de su asombro y admiración. Otros que lo miraban con satisfacción eran el ministro del Interior, Guillermo Stirling y el director de Asistencia Externa, doctor Miguel Dicancro.

Este último fue quien informó a LA REPUBLICA cómo se aunaron esfuerzos para solucionar un problema al agente herido hace ocho meses.

El autito eléctrico

Dijo Dicancro que «nosotros tenemos un convenio con una fundación alemana y por ese intermedio hemos recibido muchos equipos y materiales para discapacitados. «Recientemente hemos efectuado una donación a una chica que tras sufrir un grave accidente quedó parapléjica. Entonces recibimos de Alemania el vehículo para ella. En ese ínterin, vinieron del Ministerio del Interior a visitar nuestros depósitos y al ver el pequeño autito eléctrico, se interesaron para conseguir uno igual para el agente Luis Soca. Yo conocía la historia de ese muchacho y su firme decisión de continuar en la Policía pese a lo que había sufrido.

«Entonces la misma fundación alemana nos consiguió otro igual y ahora el agente parapléjico podrá ir por su cuenta, manejando él mismo, desde su casa hasta su trabajo en Prevención de Delitos y dos veces por semana a la Asociación Española donde viene cumpliendo el tratamiento de recuperación para sus piernas.

Un día fatal

Fue a mediados del año pasado, que el joven policía Luis Soca, con apenas una semana de haber salido de la Escuela Departamental de Policía, patrullaba pie a tierra la zona de 8 de Octubre y Garibaldi.

Luis Soca iba con un compañero cuando ambos advirtieron que dos muchachos estaban causando un disturbio frente al colegio Crandon en la esquina antes mencionada,

Soca y su compañero intercambiaron miradas y decidieron intervenir. Vieron a dos jóvenes que se habían drogado con cemento de contacto y en un estado de inconsciencia molestaban a la gente. Un tercero estaba sentado en la vereda terminando de aspirar el gas letal mientras sujetaba sobre su cara una bolsa de papel.

Uno de ellos escapó corriendo y los otros dos huyeron en distintas direcciones, por lo que Soca persiguió a uno por 8 de Octubre hacia Estero Bellaco y su compañero corrió al otro muchacho por Garibaldi.

Luis Soca, con apenas 22 años, vio que el sospechoso doblaba por Estero Bellaco hacia Urquiza y no le perdió pisada. Agil y joven, Luis le dio alcance al llegar a la esquina de Estero Bellaco con Urquiza. Allí, pudo dominar al individuo que estaba totalmente iracundo por las drogas. En un momento dado, cuando lo daba vuelta para esposarlo, el adicto pudo hacer un giro y sorprendió al policía que estaba dando sus primeros pasos en la calle. Le sacó el arma de reglamento y le disparó a quemarropa. La bala le perforó el estómago y se le alojó en la columna vertebral. Desde aquel entonces, Luis Soca se encuentra parapléjico. Está en una silla de ruedas y de la cintura para abajo no se puede mover. Pero igual quiere seguir sirviendo a la sociedad siendo policía. Dice que hay muchas tareas de apoyo que un policía que está normalmente bien de la cintura hacia arriba, puede hacer en beneficio de sus compañeros.

Una de esas tareas es la que hoy está realizando Luis Soca en la Dirección Nacional de Prevención del Delito, donde se le ha acondicionado una oficina a la que puede acceder sin tener que subir escaleras.

El regreso de Luis

Con el Scooter que le entregaron ayer, donado por una fundación alemana a través de los buenos oficios del doctor Dicancro, director del Servicio de Asistencia Externa del MSP, Luis Soca puede llegar por sus propios medios y en forma independiente, desde su casa a las oficinas de la Dirección de Prevención de Delitos. Es como regresar a sus tareas habituales después de largos ocho meses. Ahora tiene un lugar donde colocar el moderno vehículo eléctrico, que posee matrícula del Ministerio del Interior y tiene en el parabrisas un escudo de la Jefatura de Policía con el infaltable gallito y encima la palabra policía en caracteres destacados.

Del vehículo, Sosa pasa a una silla de ruedas provista de motor, con la que se traslada unos metros hasta llegar a su oficina, donde lo espera un teléfono y una computadora. Aún hoy está de licencia.

Y como él dice, «tal vez no pueda hacer un 222 en la calle, pero tendré otras ocupaciones y me podré preparar en computación que es el desafío del futuro». Mientras tanto, sigue luchando y espera que sus piernas vuelvan a responderle.

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