Precisamente el juez de la causa, apenas culminada la larga y tensa instancia del sábado, explicó en una improvisada conferencia de prensa, que “faltan pericias que se están diligenciando en Montevideo, hay análisis de ADN por culminar, hay pelos que se ubicaron en el cuerpo de la niña y en la escena del crimen”. El peritaje de los cabellos se considera crucial para esclarecer el caso porque serían claves para la imputación de responsabilidades en el homicidio. El magistrado subrayó que Cáceres reconoció “ampliamente” haber sometido sexualmente a Pamela durante un año y medio aproximadamente -incluso la tarde del sábado 3, la jornada previa a su trágico final-, cargo que negó insistentemente en los primeros interrogatorios a los que fue sometido por la Policía.
Pamela Silva Larrosa tenía 11 años; su madre Teresa Larrosa enviudó hace unos 4 años y quedó a cargo de ella y de su hermanito Ezequiel, ahora de 9 años.
Teresa se vinculó hace unos 3 años con Eduardo Cáceres (49), quien se separó de su esposa con la que tiene dos hijos (dos varones hoy mayores de edad). El hombre se quedó con la casa que ambos habían construido en Los Aromos, en la cooperativa Covipam; allí pasó a vivir Teresa y sus dos hijos, muy pequeños, a pesar de que la finca está a nombre de su antigua esposa.
Teresa trabaja hace bastante tiempo como cajera en un supermercado en Avenida Lussich, zona muy cercana al local al que, presuntamente, Pamela intentó ir la noche del sábado 3, y también cerca de su domicilio en Los Aromos. Registra antecedentes en el ambiente de la prostitución en este departamento.
Pamela concurría a la escuela pública de Cerro Pelado, al igual que su hermano Ezequiel. Era considerada buena alumna y buena compañera. Nadie se percató del calvario que vivió desde los 9 años. Los vecinos la consideraban una niña común, alegre y simpática, aunque señalaron que su físico tuvo un desarrollo muy prematuro.
Eduardo Cáceres, conocido por el mote de “El Pechuga”, es albañil. Estaba sin trabajo. Permanecía en casa muchas horas. “Cuidaba” a sus hijastros, mientras Teresa trabajaba.
El hombre no era del todo bien visto en el barrio. Reconocen que siempre trabajó, que tuvo actitudes solidarias y de buen vecino, pero solía ser diferente, y algo pendenciero cuando bebía. En la misma casa vivieron algún tiempo sus dos hijos del primer matrimonio. Era visitado con frecuencia por amigos de la “constru”.
Nadie suponía que abusaba de Pamela hacía año y medio.
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