Los narcos están acá. Consiguen acetona o ácido sulfúrico "en cualquier ferretería"

"Terminan aquí el proceso que comienzan en Bolivia"

El aire uruguayo es un colador y sus campos desolados una pista de aterrizaje para narcotraficantes que utilizan a Uruguay como zona de tránsito para llevar la droga desde Bolivia a Europa. El gobierno lleva adelante una guerra frontal contra el negocio creciente de «narcos» en Uruguay. Al crimen de la droga le sirve «fabricarla» en nuestro país.

 

Desde el Lilo Martínez a los narcos modernos

Vivir con el mayor lujo y confort posible. Esa era la medida de la droga que traficaba una década atrás el narco carmelitano Mauricio «Lilo» Martínez.

Un auto deportivo de la mejor marca, joyas, buena ropa, buena comida, muchos amigos y fiestas con las que compartir su bonanza eran la medida del narco de la década del 90.

Ahora, justo en el mes que se cumplieron 10 años de su asesinato, los volúmenes de droga que se manejan hablan de cientos de millones de dólares en el mercado europeo. Y se transportan desde Bolivia en aviones que aterrizan en cualquier campo uruguayo.

¿Por qué se da este fenómeno? Porque en Bolivia no es tan fácil como en Uruguay conseguir los productos químicos, por ejemplo, la acetona que se usa en el proceso de refinación de la cocaína.

En pocos años no sólo nos hemos convertido en una gran pista de aterrizaje clandestina, sin radares ni controles eficientes, sino que nos volvimos productores de la droga a partir de la materia prima traída desde Bolivia y Paraguay. «De momento somos un país de tráfico y consumo pero no dudo que en breve seremos también productores», decía el Director Nacional de Narcóticos Julio Guarteche ya en 2004.

 

Sólo unos datos

Del expediente de la Operación Pájaros Pintados, que se hizo en la estancia La Concordia, surge que el arrendatario del campo recibiría al menos 10 mil dólares por cada bajada de avión, y entre dos y cinco mil dólares por cada uno de lo participantes, ya sean los bolivianos que trajeron el avión a La Concordia o los mexicanos que vinieron a ajustar el negocio. Apenas una cifra que muestra la magnitud del negocio y cómo para muchos es imposible resistir la tentación. Pero esta banda desbaratada hace poco más de un mes en Soriano nada tiene que ver con esta otra que se encontró con fábrica incluida, en Canelones.

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