Más indagatorias. Una octava persona fue conducida al Juzgado penal; hoy resolverían procesamientos

Otra mujer estaría bajo sospecha

Siento «alegría porque muchos pensaron que era mentira y le buscaban la explicación por otro lado. Y yo sabía desde el principio por dónde venía» la sucesión de ataques, dijo ayer la denunciante al salir del Centro de Instrucción Criminal (CIC), en Bartolomé Mitre.

La jueza en lo penal de 7º Turno, Graciela Gatti, comentó, en tanto, que tiene previsto hacer uso del máximo legal permitido para tener bajo detención a los sospechosos y así evaluar la evidencia recabada. Hoy vence el plazo para los primeros siete detenidos del martes. Se trata de cinco hombres (incluido el marido y un menor) y otras dos mujeres (incluida la amante y supuesta cómplice del marido).

Ayer, los sospechosos fueron reconocidos por la víctima denunciante y por los familiares de la contadora y los testigos de los atentados. Se estima que la magistrada pronunciaría sentencia hoy al mediodía. Aún se dudaba ayer que la misma mujer hubiera atentado dos veces. No obstante, sí fue reconocido uno de los autores del tercer atentado.

La joven profesional Claudia Liz Pereira Ferreira inculpó a su marido, de quien ya está separada, como autor de los tres atentados de los que habría sido víctima, de acuerdo a su versión de los hechos.

«Expuso la vida de su hija en medio de una balacera con cinco tiros y la bebé sentada en la silla del auto», acusó la contadora Pereira en alusión directa a su marido, hasta ahora el principal sospechoso como autor intelectual de tres episodios que la Justicia trata de esclarecer.

La profesional de 34 años incriminó a su marido y a la amante de este (una mujer que trabaja junto al hombre, que ejerce como arquitecto), de haber pergeñado atentados para matarla y quedarse con los bienes gananciales del matrimonio. La pareja tiene una hija de año y medio.

 

Tres episodios

El marido dijo haberse distraído y no notar que ya habían transcurrido 40 minutos el día 12 de febrero, cuando permaneció en el auto de la pareja mientras la contadora ingresaba al apartamento de Mac Eachen y Cipriano Payán y era atacada con arma de fuego por una mujer, recibiendo un tiro en el abdomen y otro en la mano. La atacante no fue atrapada.

El 27 de febrero la contadora se separó de su marido y se fue a vivir con su madre. Ayer diría, sin dar mayores explicaciones, que sólo con su madre quería estar, y aludió a la poca confiabilidad de su marido. «Después del primer ataque, mi madre era la única persona con la que yo quería estar; interprétenlo como quieran», dijo, enigmática.

Más acusatorio fue el tono utilizado por una familiar de la víctima. «Hay seres humanos sobre la tierra capaces de hacer estas cosas tan crueles», dijo la madre de la contadora. Mientras tanto, la esposa del hombre que fuera herido de bala el domingo, tras poner su cuerpo para proteger a la contadora, dijo que la vida de la mujer atacada en el sanatorio privado fue salvada por la enfermera que entró a sala y percibió que la paciente, todavía en recuperación, «respiraba mal».

El segundo atentado ocurrió el 29 febrero en una sala del Hospital Británico. Ingresó una mujer e intentó inyectarle a la contadora una dosis de insulina exógena. El marido «dormía» a su lado. Persisten dudas a nivel judicial respecto a si las declaraciones de los testigos son concluyentes en cuanto a si sería la misma mujer que disparó.

La contadora sólo recuerda haberse despertado al recibir un «pinchazo».

El tercer atentado, registrado el domingo 13, fue protagonizado por dos desconocidos que esperaron a la contadora durante cuatro horas a la salida de una vivienda familiar. Uno disparó a la rueda del auto y el otro contra los ocupantes. Una bala impactó en el hombro de un tío de la mujer objeto del ataque. La esposa del herido dijo ayer en sede judicial que reconoció el rostro de uno de los dos tiradores.

De acuerdo a las versiones preliminares, el marido y su amante se habrían confabulado para matar a la contadora y apoderarse de los bienes gananciales del matrimonio. El arquitecto trabaja junto a su amante en una empresa metalúrgica. Continúa sin probarse si la mujer sindicada como amante fue autora de los primeros atentados.

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