Narcovoladores sobre Uruguay
De acuerdo a un relevamiento realizado en fuentes policiales de distintas Jefaturas de Policía del interior, lo que hasta ahora era una situación esporádica, se verá acentuada por diversos factores. Las semejanzas existentes entre las redes de contrabando y del narcotráfico, ya sea por la forma en la que introducen sus productos y por la barreras que deben sortear o «tocar» para lograrlo, abonan la tesis sobre nuevas vías de acceso.
Y el aérea, dado el actual contexto de ataque frontal al contrabando, parece ser la más indicada para que los narcos no dejen de llegar a Uruguay. Aparte, este sistema, se ve favorecido por la carencia de mecanismos eficaces y modernos que tiene el Estado para combatir a las poderosas organizaciones que se mueven detrás del negocio.
En reiteradas oportunidades la propia Fuerza Aérea ha reconocido que no tiene la infraestructura adecuada para detectar vuelos ilegales; concretamente hacía referencia a la falta de radares. Y así, también, fue transmitido por el subsecretario del Ministerio de Defensa, Roberto Yavarone, en el Parlamento.
Vuelos rasantes
En la sesión del 24 de julio de 2000 de la Comisión de Presupuestos integrada con Hacienda, el jerarca reconoció y adelantó la necesidad de adquirir material para la vigilancia y control aéreo, tema que está también vinculado a «la soberanía del país», sostuvo.
En esa misma reunión, el diputado colorado Pedro Sande, fue más gráfico sobre las consecuencias que tiene la falta de equipamiento. «Con relación al tráfico aéreo, lo que más preocupa a la mayoría de los uruguayos es el contrabando y la droga que se ingresa al país en pequeñas avionetas.
Estas vuelan a muy baja altitud y no son detectadas por los radares, ni por los aviones caza que vuelan a mayor altura y tienen mucha velocidad», indicó el legislador quincista.
Casi cinco meses después, el presidente Batlle, líder del sector al que pertenece Sande, denunció públicamente este entramado, en una de sus tantas intervenciones dedicadas a difundir su cruzada contra el contrabando.
De a 400 kilos
Las fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA dijeron que en las actuales condiciones –ya no hablando sólo a lo atinente a los controles aéreos– se encuentran en una franca desventaja con respecto a las mafias de la droga. Mientras las últimas vuelcan parte de sus siderales ganancias en seguridad y métodos de penetración de fronteras, las Jefaturas del interior cuentan con el equipamiento para hacer frente a bandas delictivas locales y comunes.
Para ejemplificar esta situación mencionaron una de las modernas herramientas que usan los narcos para soltar en el lugar indicado los «fardos» con droga. Sus contactos terrestres se mueven por las zonas rurales del interior recorriendo las cortas distancias que separan los departamentos. Cuando entienden que la zona está libre emiten una señal mediante un dispositivo directamente a un satélite, que la devuelve a una pantalla en la avioneta.
Entonces el piloto y los demás tripulantes saben dónde dejar caer los bultos. Las fuentes recordaron los procedimientos que se lograron abortar en los últimos tiempos, indicando que los narcos cargan paquetes de a 50 kilos y por viaje traen ocho o nueve, lo que hace un total de 400 o 450 kilo por viaje. Esta rutina revela, por otro lado, que la procedencia de la droga es la misma y los encargados de ingresarla también.
Desde Brasil
En los últimos 18 meses distintas jefaturas del interior lograron comprobar ocho vuelos, algunos en pleno proceso cuando caían los paquetes, o cuando los narcos locales iban a retirar el envío. Los departamentos «visitados» fueron Salto, Tacuarembó, Lavalleja, Treinta y Tres, Cerro Largo y Flores.
Esto, resumieron las fuentes, permite afirmar que durante ese tiempo los narco voladores introdujeron por lo menos 3.200 kilos de marihuana a Uruguay si como promedio se toma 400 kilos por viaje. Pero teniendo en cuenta la realidad denunciada por Batlle, y otra serie de elementos, la cifra podría duplicarse o triplicarse. No sólo pensando en abastecer a este país, sino como punto intermedio con otros países de la región. A mediados de 2000, en Salto, se logró interceptar uno de estos vuelos cuando los recolectores iban a recogerlo: en aquel entonces fueron 450 kilos los incautados.
Fue en un paraje rural que los oficiales salteños descubrieron una pista clandestina delimitada por huesos de animales. Por ese solo lugar las autoridades presumen que la cantidad de droga y contrabando que se alcanzó a ingresar fue varias veces millonaria. En ambos casos las mercaderías, y las avionetas, provienen de Brasil. Estas últimas estarían centralizadas por una organización conexa a ambos negocios ilícitos.
Pero la marihuana que llega a Uruguay proviene principalmente de Paraguay y de dos regiones en particular: Pedro Juan Caballero y Capitán Bado. En este país las mafias venden a los narcos locales el kilo de «maruja» a 350 dólares (uno de los precios más bajos de la región), según surgió de los procedimientos realizados. Multiplicado este precio por los kilos, la mercancía que se comprobó ingresó al país, superó el millón de dólares.
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