Jueza impactada. No tuvo dudas y procesó a Borrás como autor de homicidio muy especialmente agravado

Un pragmático para matar: "Era lo que había que hacer"

Pablo Borrás, poseedor de un antecedente por hurto de energía eléctrica en 2002, tendrá tiempo para reflexionar ahora sobre la practicidad de sus actos, luego que la Justicia lo procesara por el delito de homicidio muy especialmente agravado como autor, lo que al menos le asegura una condena de varias décadas tras las rejas.

Sus cómplices Roberto Carlos Roland Sosa, de 24 años, con antecedentes por hurto y RASV, de 20, y DII, de 23, fueron procesados por el mismo delito pero como coautores. Todos fueron remitidos a la cárcel de Libertad, en tanto que LEMR, de 33, fue procesado con prisión por encubrimiento, pena que cumplirá en la cárcel de Piedra de los Indios.

Con un cuchillo «para no hacer ruido» declaró y sin ningún titubeo, ultimó a Alicia Schywn de Borrás, su hija Alicia Borrás Schwyn, su pareja Daniel Bentancour y el peón Iginio Mesa, de 74 años, en el establecimiento quesero La Teoría de Puntas de Rosario. La familia,
junto con un hijo que vivía en Cardona y encontró la macabra escena, se dedicaban a explotar el tambo familiar con el que fabricaban quesos que luego vendían en Nueva Helvecia.

 

«A lo que saliera»

En la conferencia de prensa ayer al mediodía en las puertas del juzgado, la jueza confirmó que el cuádruple homicidio fue el martes alrededor de las 2 de la tarde, que Pablo Borrás apareció en La teoría con los tres cómplices y comenzó a hablar con sus parientes de turismo hasta que en un momento sacó el arma, los amenazó y los maniató a un árbol. La tía abuela Alicia Schwyn miraba televisión en la cocina y ahí fue sorprendida por el grupo. Borrás le dijo a la jueza que fueron a cara descubierta dispuestos «a lo que saliera» ya que antes en una reunión previa habían manejado la posibilidad de ir encapuchados pero desistieron. El consumo de drogas antes del hecho les dio el valor suficiente y sacó para afuera años de resentimiento familiar que forjaron el temperamento de Pablo Borrás desde niño.

Tal vez desde aquellos cuentos sobre la injusticia familiar que le contaba su abuelo paterno de chico, cuando las historias sobre la presunta avivada del hermano de su abuelo, había hecho que una parte importante de los bienes de la familia, asentada en la zona desde 1887, terminaran en manos de la línea de descendientes a la que Pablo destrozó asesinando a varios de sus miembros.

Sin meditarlo mucho, explicó la jueza, luego de ver que sólo había 12 mil dólares en la caja fuerte y que la exasperación por tan poco dinero ­fuentes extraoficiales aseguran que al menos pensaba encontrar en la vivienda más de 100 mil dólares­ fue que soltó la frase que hoy repica en todos los medios y comenta todo el país: «estamos hasta las manos, hay que limpiarlos a todos».

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