Quedó aclarado el crimen de Valeria en Durazno

La mató un menor obsesionado

Simplemente lo había decidido y planeado con antelación. Las reales causas no se saben aún pero se presume que estaba obsesionado con la joven y ésta estaba relacionada sentimentalmente con otra persona, por lo que no veía posibilidades de conquistarla. Se presume que el motivo no fue el robo, si bien la despojó de sus alhajas y ropas, sino más bien la actitud psicópata que se resume en la frase: «O mía o de nadie».

El asesino conocía cada paso de la muchacha, sabía su itinerario. De hecho, según declaró la Policía de Durazno, a veces la esperaba en inmediaciones de la intersección que une las avenidas Churchill y Carlos Reyles y los caminos Eduardo Calleri y Adolfo Pastor, en Santa Bernardina, unos 1.000 metros al sur de la casa de Valeria. Allí solía acompañarla «aduciendo que estaba muy oscuro».

Según se desprende de las declaraciones del matador, la joven le tenía confianza, sabía que no se iba a propasar con ella.

El crimen

CJR, de 17 años, es un muchacho corpulento, acostumbrado a los trabajos duros. Vivía con su madre, en una habitación independiente ubicada a unos 100 metros de la casa de Valeria, en el barrio Las Violetas, distante unos 900 metros al norte del lugar del crimen.

La noche del sábado 18 de noviembre, pasadas las 22.00 horas aguardó a su vecina –que venía de observar un espectáculo musical en Plaza Sarandí– y en el cruce de caminos de Santa Bernardina se ofreció a acompañarla. Hacía calor, pero aún la luna llena de esa noche demoraría algunas horas en alumbrar. Tenía todo planeado. Al llegar a las inmediaciones de la alcantarilla que salva el arroyo Sarandí, tomó un madero dejado ex profeso entre las ramas y sorpresivamente le aplicó un golpe en la nuca, desmayándola.

Luego arrastró el cuerpo hasta el monte, y en un descampado, donde tenía la pala de abrir pozo escondida, primero la asfixió, lentamente, con el propio cinturón de la joven, y luego procedió a quitarle las alhajas que llevaba y toda la ropa, incluyendo la interior. Luego, con la prolijidad de un alambrador experto en abrir pozos para parar postes, construyó la tumba de Valeria, donde también prolijamente la sepultó.

Acto seguido, según sus manifestaciones, atravesó el monte hacia el extremo este. Allí, en un lagunón que da a una alcantarilla que salva el camino que comunica con el local feria de la Sociedad Rural de Durazno arrojó la bicicleta de dama, de color verde, de la infortunada.

Seguidamente, portando la pala de abrir pozos en una mano y la ropa de Valeria en otra, se dirigió a los bretes del local feria donde hizo una fogata e incineró la ropa, arrojando la pala en un estanque del lugar.

Localización

El sargento 1º Waldemar Bentancor, de Investigaciones, que el sábado de madrugada se encontraba de servicio, analizando información sobre presuntos sospechosos en los dos barrios, se encontró con datos del menor que lo involucraban con un hurto.

Pero la sorpresa se produjo sobre la medianoche del viernes de madrugada, cuando al ser detenido por la Policía se descubrió que en una de sus muñecas portaba una pulsera de la occisa.

Luego de algunas contradicciones el muchacho confesó la autoría del crimen, siendo enterado el juez letrado departamental, Dr. Gustavo Mirabal, el fiscal Sopi, y la Policía Técnica, que se constituyeron en el lugar de los hechos.

El magistrado actuante ordenó un allanamiento en la precaria habitación del menor donde se encontró lo que se esperaba: un reloj (desecho, ya que dijo se le había caído), tres anillos, y el cinturón con que asfixió a Valeria Abreu.

El menor fue conducido al lugar donde se desarrolló la reconstrucción de los hechos que, según fuentes policiales, coincidió en todo con las declaraciones efectuadas horas antes.

Posteriormente, la madre de la chica asesinada, Irma Rambao, reconoció como de Valeria las alhajas encontradas en la casa del matador.

Dictamen

El magistrado actuante dispuso la celebración de audiencias, no brindando otros detalles del hecho por encontrarse el mismo en la etapa de instrucción de sumario. Anoche se esperaba el fallo de la Justicia.

Cabe acotar que para la Policía actuante el caso se da por aclarado.

De todas formas, Justicia y médico forense esperan el arribo de los análisis autópsicos, y el informe del Instituto Técnico Forense para corroborar que no existieran otras lesiones o causas de muerte o incluso violación, presunción que no fue confirmada en primera instancia. Tampoco se descarta que el magistrado pueda ordenar una pericia psiquiátrica.

Suspenden marcha

El caso se consideró aclarado por la Policía sobre las 03.00 de la madrugada. Ello frenó una marcha de silencio organizada por padres duraznenses para ayer sábado, y un profundo respiro de alivio a la sociedad, que contaba las horas transcurridas.

Los padres de la infortunada joven habían sostenido una reunión con el ministro del Interior Guillermo Stirling que les había prometido doblar esfuerzos y derivar personal de la División Homicidios a Durazno para contribuir en el esclarecimiento del homicidio.

De hecho, dos efectivos estuvieron colaborando estrechamente con la investigación llevada a cabo por un equipo especial conformado por efectivos de las Seccionales 1a. y 2a. e Investigaciones.

Alivio

El jefe de Policía de Durazno, inspector (r) Luis De La Rosa, se mostró satisfecho por el trabajo policíaco, y por el esclarecimiento del bárbaro crimen. Sostuvo que este tipo de hechos no son muy frecuentes pero suceden y golpean la sociedad. Dijo a LA REPUBLICA que finalmente todo parece indicar la comprobación de una de las dos hipótesis por él planteada.

La primera sugería que la joven Valeria Abreu había sido interceptada en su paso por el lugar, ya que debía descender de su bicicleta debido al enorme repecho que tenía que atravesar (conocido como Layera), y la otra, que hubiera sido introducida en un vehículo y asesinada en otro lugar.

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