Familia entera implicada en crimen
Canelones
Tal como informó LA REPUBLICA, el pasado 9 de agosto el estanciero Severo Moreira Pizano de 88 años fue hallado inconsciente en su dormitorio con un golpe en la cabeza y en medio de un gran charco de sangre. Entonces fue trasladado a un sanatorio local, donde fue intervenido quirúrgicamente. Dos meses más tarde dejó de existir.
Esa misma noche había desaparecido una camioneta Toyota gris, una escopeta, un revólver y otros efectos de la vivienda. El vehículo apareció poco después en un camino que conduce a la estancia ubicada en Villa del Carmen, mientras que en un galpón ubicado dentro del predio los policías encontraron una bufanda, medias y un par de calzado deportivo. En tanto, cerca de una quinta había dos bicicletas de color blanco y azul.
En la noche del pasado jueves este enigmático caso tomó un giro inesperado: sobre las 22.00, una mujer de 39 años denunció en la comisaría de Las Piedras que sus hijos de 15 y 18 años habían tratado de agredirla cuando se encontraba junto a su actual concubino. Fuentes policiales indicaron a este matutino que la escena de violencia doméstica se había desatado cuando el padrastro de ambos les gritó que no quería vivir con homicidas.
Esa frase permitió el inicio de una investigación que acabó ayer de mañana.
Punto final
Según indicaron allegados al caso, en una primera instancia la madre trató de encubrir a sus hijos. Sin embargo, poco después ambos reconocieron que eran los autores del crimen de Moreira Pizano, brindando detalles acerca de lo sucedido aquella noche.
Hace cuatro años, el joven mayor de edad había trabajado en la estancia de Durazno, donde reside su tía. Utilizando sus conocimientos de la zona viajó en ómnibus junto a su hermano hasta el mencionado departamento y envió por encomienda dos bicicletas, las cuales utilizaron para llegar hasta el apartado campo.
Una vez en la finca, el mayor se encargó de golpear salvajemente al anciano y huyeron. Su tía les permitió quitarse la ropa manchada de sangre, dejó que se bañaran y les dio ropa limpia. Luego retornaron a Las Piedras, ciudad en la que además vive su padre, un artesano con antecedentes penales por hurto, también en Durazno. Al mediodía de la víspera, el juez letrado pedrense, Otto Gómez, dispuso que los victimarios y sus familiares –supuestos cómplices del hecho– fueran trasladados a territorio duraznense.
Allí fueron interrogados por el magistrado de primera instancia Gustavo Mirabal, quien anoche ordenó la reconstrucción del trágico caso.
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