El inspector mayor (r) Eduardo Martínez lamentó el divorcio que provocó la dictadura entre la sociedad y la Policía

"Cuando volvemos a la democracia, a nadie se le ocurre hacer un programa para decirle a la Policía que hay una Constitución"

Los extranjeros acuden a buscar la paz que no tienen en sus tierras, además de belleza, playa y calor. Pero la otra cara de la moneda es que justamente por las oportunidades laborales que ofrece este departamento, que lo diferencia de los otros 18 del Uruguay, se cuentan de a miles los que llegan cada temporada a buscar un lugar en el mundo para ellos. La mayoría luego del primer verano, se queda. Y es entonces que se transforman en un verdadero río sin cauce, las personas que no encuentran en invierno ocupaciones adecuadas para vivir dignamente. Así se han ido hacinando en verdaderos cinturones de pobreza, que lindan con las zonas más millonarias del país. El contraste es cruel y las consecuencias obvias: la delincuencia abunda y se reproduce y es muy difícil de controlar con los escasos recursos con los que cuenta la Policía. Los vecinos se quejan por eso, se quejan también porque la Justicia es lenta e ineficaz y reclaman soluciones de los actores políticos. Reclaman responsabilizar. Por otra parte, la cárcel departamental de «Las Rosas» está superpoblada y sus reclusos viven en condiciones infrahumanas. Allí no entra «ni un preso más». Y en fin, con este panorama de descontento generalizado de la población, que percibe un aumento permanente de delitos, fue que «cayó» la predecesora de Martínez, la ex jefa de Policía Graciela López. Pero a Martínez se le ha recibido con agrado. Goza de la simpatía de la sociedad y sus dirigentes. Recibe, escucha y habla con todos. Es sencillo y frontal. Habla suave, sonríe mucho y mira con la expresión de un veterano acostumbrado a ver más sombras que luces, en la vida de los uruguayos. Sin embargo, es optimista. Durante las entrevistas no hay temas «vedados» y aunque parte importante de las conversaciones prefiere que no sea publicada, tampoco se fija si mientras se expresa, el periodista lo graba o no. Los tiempos los marca él y se toma todos los tiempos que considera necesarios. Nadie, que se haya visto hasta el momento en público, le ha interrumpido airadamente ni enfrentado duramente en su cara. Por ahora no ha demostrado debilidades. Se refiere a sus subordinados, superiores y a sí mismo, como «milicos» y salida de su boca esa palabra, aunque paradójica, no suena peyorativa. Se define como un jefe «sensible a los problemas cotidianos» y promete pelear para devolver «tranquilidad» a una sociedad conflictuada de raíz. Dice que quiere aclarar los últimos crímenes, los más cruentos, que permanecen impunes y han sacudido al Uruguay. Entre ellos el de Natalia Martínez y el del periodista Mateo Kutalek. Vive solo y lee muchísimo o escucha la radio antes de dormirse las cuatro o cinco horas que le quedan para descansar por día. Acude personalmente a los procedimientos más complicados y también a los eventos sociales más espectaculares del Uruguay, de los que es invitado «abonado». Igual se toma sus viajes entre barrios marginales como el Kennedy o el Placer, la cárcel de Las Rosas, o el Hotel Conrad y las fiestas más superlujosas, con mucha calma. Y mientras sonríe durante casi todas las conversaciones, entre optimista y tristón, dice que el único sentido que tiene la vida es «ser feliz».

En sucesivas entrevistas ha respondido que la prioridad de su gestión es lograr «tranquilidad». «La tranquilidad se logra en forma colectiva. Es decir, porque yo ande tranquilo, no quiere decir que ustedes anden tranquilos. Entonces, si empezamos a hablar de que estamos y andamos intranquilos, la cosa no marcha… así que no podemos decir que está todo bárbaro, hay cosas que corregir y se deben corregir, pero debemos hacerlo entre todos. Me gustaría poder mostrarle a la gente cuáles son los delitos contra la propiedad y lo que la gente puede hacer para evitarlos; no estoy responsabilizando a la gente, lo que pasa es que la Policía no puede hacer todo, ni aunque se tuviera un policía al lado de cada persona… Ustedes no saben lo que yo estoy pensando en este momento, no saben cuál va a ser mi reacción, por más que tenga cara de bueno, no saben qué puedo hacerles o no ¿verdad?». Por eso considera prioritario atacar los «problemas de conducta, de exteriorización de algo que es entre todos que lo tenemos que solucionar. Hubo en los últimos tiempos como doce delitos contra la propiedad, pero de todos los casos, la mayoría sucedieron por descuido de cada uno, por dejar sus cosas destrancadas, sus casas abiertas, un vidrio bajo de un auto con una cartera encima del asiento… Es falta de prevención, que se logra en base de repetición, ese hábito de ser más cuidadosos, que cada uno no se descuide».

 

El «milico» que tocaba la guitarra

El inspector cuenta su historia de vida para invitar a la ciudadanía a compartir su tarea: «Lo que yo puedo trasmitir es mi experiencia de milico de 40 años, que arrancó muy joven, desde los 11 años a laburar, cuando me fui a Montevideo a estudiar medicina. Tocaba la guitarra de noche para tener plata para los boletos, he hecho de todo… Pero no debo haber cantado muy bien, por lo cual no seguí esa carrera, aunque en ese entonces me sirvió».

Todo esto ocurría por el año 65. «Era difícil, más que nada, la comunicación. Con mis padres que vivían en Treinta y Tres hablaba solicitando la llamada a la telefonista, esperando una hora y con suerte, luego de 30 minutos más, hablábamos. Sentíamos una ansiedad, nosotros nunca nos habíamos separado con mis otros hermanos (somos cinco) y mis padres. Eso hizo que me desgastara y me pegué la vuelta, empecé magisterio, lo hice y al final no di «Arte» para recibirme. En el medio tiempo me presenté a concurso en la Escuela Nacional de Policía y entre más de quinientos inscriptos, salí séptimo. Ahí arrancó mi carrera, y me gustó».

 

-«Bueno Martínez, hágase cargo»

El jefe define a Maldonado –incluyendo Punta del Este, La Barra, etc.–, como una ciudad empresarial. De la misma manera define a la Policía: «Nosotros somos una empresa y como tal estamos sumando a las demás empresas. El entorno que crea este departamento es de gran empresa: se nota en la expectativa que todo el país tiene sobre las temporadas en Maldonado, que económicamente, se supone, son el gran negocio uruguayo. Esperemos que en el futuro otras zonas puedan tener un desarrollo similar porque esto es una necesidad». Sobre la manera en que le recibieron los protagonistas de «la gran empresa», respondió: «Yo no he encontrado una piedra en mi camino desde el día que asumí. Todos los sectores políticos me han apoyado, el intendente es extraordinario, la Junta Autónoma de San Carlos, los empresarios, las Ligas de Fomento, la gente, de todos ellos he recibido el apoyo. Por mi profesión soy apolítico, oficial de carrera, tengo esa formación, así como nos califican cuando dicen que somos medio cuadrados. Así soy. La ministra (Daisy Tourné) me dijo: «-Bueno Martínez, hágase cargo», me mandó para acá y me deseó suerte. Fue lo único, ninguna presión». Para desempeñar con éxito su tarea considera que la comunicación con la gente es fundamental: «Soy muy caminador, me encanta andar entre la gente, me da la posibilidad de conversar, aprendo y obtengo la seguridad que tengo de decir, simplemente, que se puede. Con todos involucrándonos, se puede. Espero que cuando llegue esta primera temporada para mí (próximo verano), el inversor, el turista, pueda disfrutar de las bellezas que tenemos acá con tranquilidad».

«Maldonado tiene la particularidad de ser un lugar donde se pueden encontrar más oportunidades, pero también eso da lugar a oportunistas. Muchos consiguen esa oportunidad durante un tiempo y otros no.

Pero eso es lo que hay que resolver, cómo conjugar los dos extremos, la pobreza y la riqueza. Nosotros como policías, poco podemos hacer sin la gente, podremos colaborar, poner nuestro granito de arena para lograr algo, pero necesitamos a la gente. Hay que mostrarle a la gente que se tiene la voluntad de hacer todo lo humanamente posible y para ello vamos a administrar muy bien a todo el personal que tenem
os desparramado por ahí. Tenemos que mantener una moral muy elevada».

 

Menores, cárcel, estadísticas y otras yerbas

El jefe habló también sobre el problema de la minoridad infractora. «Al INAU lo que hacemos es apoyarlo. En realidad no deberíamos intervenir con los menores. La legislación actual, sólo nos habilita para una intervención rápida, en menos de dos horas de detenido el menor tiene que ser visto por un médico, inmediatamente puesto a disposición de la Justicia y entregado a los padres. La acción es prácticamente automática y nosotros hacemos lo que la ley dispone».

Con respecto al tema cárceles «realmente hoy en día es un gran problema», reconoce el jerarca. «El Complejo Carcelario «Las Rosas» es un gran drama, tiene problemas de saneamiento, hay superpoblación». Con capacidad para 160 reclusos, alberga a cerca de 400. «Esto nos indica claramente que la situación es complicada. Desde el Ministerio del Interior se ha tratado con mucha fuerza el encare de este problemazo. Arrancó el ministro José Díaz, sin perjuicios de esta administración y ahora lo sigue la ministra Daisy Tourné, se está luchando en busca de una solución pero se necesita dinero, mucho dinero para poder arreglar este tema».

Acerca de la violencia doméstica y los datos estadísticos que reflejan las denuncias, respondió: «Conste que las estadísticas las uso nada más que para trabajar, los números son demasiado fríos y nosotros estamos hablando de problemas de relaciones humanas, que es otra cosa bien diferente, hay un sentimiento detrás».

Los números fríos, tomando como ejemplo el tema de la violencia doméstica, registraron entre enero y abril de 2007, 246 casos que obedecieron a «problemas de relacionamiento, esto es, falta de comunicación. Desde la década del 70 para acá tenemos un problema social, que es que todos queremos hablar y nadie escucha. Ahí es donde aparecen actores diferentes, como los asistentes sociales, los sicólogos , los siquiatras, consejeros de familia. Por suerte estos nos dan la posibilidad de descargar nuestros problemas y sentimientos, ellos tienen esa potestad de escucharnos y de que nosotros podamos liberarnos de aquel peso que llevamos eternamente.

Entonces el gran problema es la falta de comunicación…». El jefe de Policía considera que Maldonado, «está muy bien en el tema Violencia Doméstica en lo que refiere a personal técnico, tiene personal suficiente y capacitado que le permite hacer un buen trabajo. 12 horas por día están a las órdenes los técnicos para atender esas necesidades. Pero de todas formas, no nos escapamos a un tema que hoy enfrenta todo el país. Considero que hoy el mundo está agresivo, ha habido un cambio en la conducta de la gente, por muchísimos motivos y factores. Sólo soy un observador, sólo he leído algunas explicaciones pero al fin y al cabo, uno puede estar o no de acuerdo con los informes, aunque supongo que son bien acertadas con los casos que han atendido».

En cuanto a la violencia hacia las mujeres, los niños y los ancianos en el seno de las familias policiales, expresó: «No hay que olvidarse que tenemos 1.120 seres uniformados de azul, que también tienen sus problemas. Quienes llevamos la camiseta puesta, nos entregamos total y absolutamente a esta profesión, porque tenés la oportunidad de ayudar a muchísima gente y cada hecho de índole policial es un desafío. Cada situación es diferente y tiene una respuesta diferente.

El estrés de un empresario, por ejemplo que tiene 10 empresas y que se fuma sus habanos, por más que tenga tanto trabajo, no es igual porque él puede agendarse para el fin de semana un buen descanso, ir a un sauna, lo que sea. Pero para un policía es diferente porque es un ser humano que viene de trabajar toda la semana montones de horas, más algún servicio de 222 y eso de igual manera no alcanza para tomarse un descanso. La diferencia económica que uno tiene con respecto al otro hace muchas veces que esos problemas sean llevados a casa de mala manera. El policía no tiene el descanso necesario para desestresarse. A su vez esta es una institución con una gran cantidad de divorcios y muchas veces pasa por no poder estar el tiempo necesario con la familia, que es lo mínimo que un ser humano aspira a poder tener».

Otra de las consecuencias de la sobrecarga horaria y la baja remuneración económica, es la casi imposibilidad de estudiar y permanecer actualizados. «Lo que a nosotros nos hace falta es estar siempre actualizados, con un trabajo con sicólogos, con asistentes sociales, preparándonos para tener esas decisiones instantáneas que se deben tener en cualquier situación que requiere nuestra participación. Pero tenemos siempre ese mismo problema que es el tiempo. Las 8 horas de trabajo, sumadas al servicio 222 y al traslado de un lugar a otro, hacia la comisaría, hacia el lugar del servicio, hacia su casa. En definitiva, no hay un tiempo extra para el policía que tampoco puede ser impuntual».

 

El «gran divorcio» entre la Policía y la población por causa de la dictadura

«Tuvimos un vacío al salir de la dictadura, porque cuando se dio el golpe de Estado, los responsables transformaron las comisarías en pequeños cuarteles. Las puertas estaban cerradas, la gente se encontraba armada y cualquiera que quisiera recurrir a los servicios policiales debía concurrir allí y tenía que ser chequeado previamente, después pasar a la guardia y después ser atendido. Estamos hablando, tomando un tiempo medio, de 30 años en que los protagonistas fueron estas generaciones que ahora son los más veteranos y que ahora pueden trasmitir sus vivencias, historias y lo que significa caminar uniformado por la calle. Ese personal más veterano nació o creció en la dictadura, con un sistema diferente, un sistema mentiroso para la Policía, porque la Policía no tiene nada que ver con los militares. Son dos trabajos absolutamente diferentes. Somos milicos, sí, pero lo digo con cariño (…) Pero cuando volvemos a la democracia, a nadie se le ocurre hacer un programa para decirle a la Policía que hay una Constitución, que contiene un cúmulo de leyes de las cuales debemos ser respetuosos y además debemos hacerlas cumplir. Y fue un gran divorcio con la población, un gran divorcio, del que aún hoy en día quedan secuelas y entonces perdemos la humildad, que es un elemento esencial en el hombre. Cualquiera sea el lugar que ocupe, no perder la humildad de que lo que hagamos y que lo hagamos, sea por el bien de los demás. Fíjense que aún en la empresa privada, que tiene un fin económico, uno encuentra grandes administradores que nunca perdieron la humildad. Y en la empresa pública, que son servicios, bueno… con mucho menos razón se puede perder esa humildad». *

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