Se trata de uno de los tres casos más impactantes del año pasado en Maldonado; sigue sin ser resuelto

Hoy hace un año del brutal asesinato de la comerciante Mónica Catalina Wetsch

Este caso es uno de los que no han podido ser esclarecidos por la Policía, tal cual ocurre con el del periodista de San Carlos Mateo Kutalek y con el del empresario montevideano Enrique Santa Cruz; eso sin contar el caso de la joven Natalia Martínez (19), que hasta hoy no se caratuló ni de asesinato ni de muerte por otras causas, ocurrido a mediados de enero de este año.

En torno a la muerte de Mónica Catalina Wetsch Anhalt, la Policía de Maldonado trabajó intensamente en varias puntas desde un primer momento, pero las investigaciones se tornaron dificultosas por el perfil ­al menos de la mayoría­ de los concurrentes al citado bar ­hoy cerrado­, ubicado en la calle 18 de Julio casi Román Bergalli. Más allá del malestar de familiares de la occisa a este respecto, múltiples testimonios e incluso información en poder de la Policía confirmaban que a «5 noches de luna», que abría sus puertas poco después de la hora 21.00 de cada jornada, concurrían asiduamente elementos locales vinculados a la prostitución, a las drogas y a otros tipos de delitos.

Mónica Catalina, vinculada desde hacía muchos años al manejo de locales nocturnos, pero de cuya buena conducta nadie dudó jamás, fue brutalmente asesinada a golpes con dos palos de casín. Su cuerpo apareció precisamente junto a una mesa de casín, con el cráneo destrozado por los golpes y con señas de haber intentado defenderse e incluso de salir del comercio.

Todo indicaba que el feroz ataque se produjo mientras jugaba «una mesa» con al menos otras dos personas; las bolas estaban sobre el paño y además había varias colillas de cigarrillos que fueron peritadas, al igual que los tacos de casín partidos y otros elementos recogidos en el lugar. Nunca, al menos públicamente, se supo de los resultados de esos estudios científicos.

El asesinato se habría perpetrado entre 6.30 y 7.00 de la mañana del miércoles 23 de agosto de 2006. Poco antes de esa hora, un taximetrista trasladó a dos hombres y una mujer hacia ese lugar, procedentes de las cercanías de un bar de la ex avenida Velásquez. Durante varios días esas personas fueron intensamente buscadas por la Policía hasta que en un sorpresivo allanamiento fueron encontradas en un bar de Maldonado. Interrogadas y presentadas ante la Justicia actuante, quedaron en libertad porque ­al menos en esa instancia­ no se les pudo probar nada. Algunas fuentes indicaban por entonces que el trío efectivamente no tendría nada que ver con el hecho y que en realidad habrían llegado a «5 noches de luna» cuando el homicidio ya había ocurrido y se encontraron «con el paquete», según indicó un pesquisa. Pero si fue así, ¿por qué no denunciaron lo que habían visto? Es una interrogante clave que está sin respuesta.

Aunque el transcurso de los días fue complicando la actuación policial, decenas de personas fueron indagadas una y otra vez. Se trató mayoritariamente de hombres y mujeres del bajo mundo fernandino, quienes no aportaron elementos de importancia y pudieron deshacerse de alguna eventual responsabilidad, aportando coartadas de todo tipo.

Tampoco quedó muy claro el verdadero móvil del crimen. Algunas versiones erróneas dieron cuenta inicialmente de que los asesinos habían robado unos U$S 20 mil que la comerciante guardaba en el local. En realidad la mujer poseía varios miles de dólares ahorrados producto de su trabajo, pero no los guardaría justamente allí.

Asimismo, no se pudo concluir por qué el salvaje ataque tuvo lugar prácticamente a plena luz del día y fue perpetrado de esa forma. Algunos veteranos pesquisas dicen que si el móvil realmente fue el robo de una abultada suma de dinero no hubiera sido necesaria tanta saña y más bien a la mujer podrían haberla abordado en otro momento y en otro lugar para «pegarle unos balazos».

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