Procesaron a oficial y a un agente por el tiroteo en Avenida Italia y Bolonia
Los policías, que se desplazaban en un auto marca Corsa color blanco, alegaron haber confundido con delincuentes a dos jóvenes de 16 y 19 años, que usaban un Renault Clio para buscar a su abuelo, un hombre de 82 años que padece el Mal de Alzheimer. Un joven llevaba pantuflas.
Los resultados de las pericias y las indagaciones fiscales y judiciales ya corroboraron que los dos policías procesados dispararon contra los jóvenes, sin identificarse como funcionarios del instituto policial, y sin tener un motivo. Los jóvenes aceleraron, simplemente por miedo.
El menor de edad recibió un impacto de bala en el abdomen.
Como daño colateral negligente, los policías atacantes hirieron a otro civil, el cual pasaba por el lugar con su camioneta, junto a su familia.
La persecución terminó en el estacionamiento de Portones Shopping donde fueron a buscar refugio los jóvenes, ya con impactos de balas en su Renault Clio. Los policías llegaron después en su Corsa y, al parecer, no tuvieron mejor idea que fingir un tiroteo inexistente.
Policías fingen balacera para justificar el tiroteo
La intención de los policías que fingieron un tiroteo que nunca fue real constituyó un agravante, en opinión del fiscal Fernández Dovat, quien agregó a las lesiones la imputación de una simulación de delito.
El auto policial apareció con agujeros de balas calibre 32 y 9mm. Los jóvenes no portaban armas de ningún tipo. La conclusión fue tajante: los policías se dispararon a sí mismos para justificar que atacaron a los balazos a dos jóvenes que nada tenían que ver con delito alguno.
Más precisamente, el juez imputó al oficial principal, de iniciales PCDA, dos delitos de lesiones personales a título de dolo eventual en concurrencia fuera de la reiteración con un delito de simulación de delito. El agente, JCCM, fue a prisión por coautoría de lesiones personales a título de dolo eventual en concurrencia fuera de la reiteración con un delito de simulación de delito en calidad de autor.
La indagación del accionar policial estuvo a cargo del Departamento de Operaciones Especiales (DOE), cuyo jefe, el comisario inspector Roberto De los Santos, tiene bajo su mando a la sección
Asuntos Internos, unidad especializada en aclarar irregularidades policiales.
Un segundo agente quedó en calidad de emplazado. No podrá dejar el país y deberá notificar todo cambio de domicilio, y será investigado.
Policías bajo presión
Los tres policías prestaban servicio en la Brigada de Asaltos, el brazo ejecutor del Departamento de Hurtos y Rapiñas, una dependencia de la Dirección de Investigaciones, importante repartición de la Jefatura de Policía de Montevideo. Son policías rudos que enfrentan pistoleros.
Una seguidilla de asaltos a estaciones de gasolina en Pocitos, Malvín, Buceo y Carrasco generó preocupación en la Jefatura capitalina.
Las rapiñas eran con una violencia desproporcionada y sus responsables mostraban audacia, frialdad y expertizaje con armamento peligroso.
La Brigada de Asaltos, los primeros policías que salen a perseguir a los asaltantes apenas haya sido denunciado un atraco, estaban siendo sometidos a fuertes presiones para dar con el paradero de la gavilla de rapiñeros de gasolineras que ya lleva sustraídos millares de pesos.
Los policías adujeron en su defensa que los jóvenes se desplazaban en actitud sospechosa. Las víctimas alegaron que conducían a baja velocidad porque buscaban a su abuelo. Quedó comprobado que el Corsa se posicionó detrás del Renault y que los policías dispararon.
Muy por el contrario, ninguno de los civiles atacados portaba armas. *
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