Entrevista con Gloria D'Alesandro, fundadora y directora del Instituto Mujer y Sociedad

"En las seccionales de nuestro país no existen policías capacitados en violencia doméstica"

«La atención primaria que reciben las víctimas de violencia doméstica en las seccionales es deficiente. Los policías tratan a las denunciantes con suma desconfianza y no le dan la importancia y la seriedad que se merece el tema. A pesar de que entre 1999 y 2002 se capacitaron a muchos policías, en los últimos 20 años esta realidad no ha cambiado. Creo que habiendo un policía especializado por cada comisaría se mejoraría la atención primaria, pero en las seccionales de nuestro país no existen policías capacitados en violencia doméstica. Es por eso que a las mujeres les recomiendo que denuncien directamente en los juzgados o en las Comuna Mujer de los centros comunales, que en las comisarías», afirmó la directora de Mujer y Sociedad. Siguiendo con la temática, manifestó: «Tampoco me parece adecuado que tengan que hacer las denuncias por escrito, cuando muchas veces no pueden hacerlo por el estado en que se encuentran. Debería existir un extenso formulario en vez de la denuncia por escrito. Es increíble también que no haya en nuestro país refugios para las mujeres. Cuántas vidas se podrían haber salvado habiendo refugios para las víctimas», dijo D’Alesandro.

En cuanto al trabajo en conjunto con hombres violentos, la especialista fue categórica. «Los institutos de mujeres víctimas de violencia doméstica no trabajan junto con hombres. Me parece que está bien que sea así, porque las mujeres deben tener un ámbito exclusivo donde se sientan seguras y cómodas. Creo que no se pueden mezclar las partes, aunque reconozco que se trabaja poco con los hombres violentos», puntualizó la entrevistada. Si se comprueba la violencia contra la mujer que denuncia, la ley de violencia doméstica establece medidas de protección, como pueden ser, entre otras, la del retiro del agresor de la residencia, o la prohibición de acercarse a la víctima. «El gran problema con las medidas cautelares es que no existe control alguno, no hay un seguimiento contra el denunciado. Tampoco puede haber un policía por cada hombre violento. Muchas veces sucede que las mujeres no denuncian el incumplimiento de las medidas cautelares y entonces nada puede hacer la Justicia contra el infractor», anotó.

 

Los cambios y el Interior

Según la defensora de mujeres, desde la apertura de la democracia se notaron grandes cambios y avances. «Antes era un tema tabú y no se denunciaba. Hoy en día existen más denuncias de violencia doméstica que de rapiña y hurto. Por un lado es alarmante, pero también es bueno que se denuncie. Estaba mal visto antes decir que la violencia doméstica se daba también en las clases altas. Hoy en día existe un ciclo televisivo de casos verídicos de mujeres maltratadas, llamado «Mujeres asesinas», que es buenísimo. Y eso antes no existía. Estamos mejor, pero es un trabajo a muy largo plazo en el que se pueden notar pequeños cambios a corto plazo», indicó D’Alesandro.

En cuanto a los cambios para erradicar este flagelo, señaló el de mayor educación del tema en las escuelas. «Hay que educar desde muy temprana edad, es fundamental que se les inculque a los niños sobre el respeto que se le debe tener a una dama y en cómo tratarla. También se deben realizar más cursos en todo el país para promover los derechos de la mujer, al igual que los grupos de autoayuda, que funcionan en dos Comuna Mujer de los centros comunales, donde participan mujeres que padecieron por la misma situación. Hay mucho para hacer, y la sociedad también debe participar y aportar su grano de arena», remarcó. A diferencia de la capital, la realidad en el Interior es mucho más crítica. «El interior está mucho más atrasado, recién ahora están apareciendo algunas organizaciones no gubernamentales. Sucede que es un ámbito pequeño y difícil para denunciar los maltratos. Muchas mujeres se trasladan a Montevideo a pedir ayuda, porque a veces sus maridos son personas muy respetadas en donde viven, y tiene un perfil de buena persona que difiere totalmente con lo violento que es. Nuestro instituto hizo muchos cursos de capitación en varios departamentos y tuvimos también, que fue una experiencia gratificante, consultorios virtuales en Artigas donde capacitábamos a las mujeres a través de Internet».

 

Estratos y medios

En lo que tiene que ver con la violencia en los diferentes estratos sociales, la especialista criticó a los que piensan que la violencia doméstica se dé sólo en las clases bajas.

«Hace algunos años un profesor de facultad dijo que la violencia doméstica va a desaparecer cuando se ponga una comisaría móvil por cada asentamiento. Es un disparate, lo que pasa es que en las viviendas más humildes se escuchan las peleas a diferencia de las grandes mansiones de Carrasco. Es bueno dejar en claro, por más que a algunos no les guste escucharlo, que la violencia doméstica la padecen por igual las mujeres de buen pasar económico». En cuanto a los tipos de violencia más comunes, según la clase social, aseguró que en los estratos bajos se da más la violencia física, y en las clases altas, en cambio, la violencia psicológica y la patrimonial son las más frecuentes.

Acerca de la manera en que los medios tratan y difunden el tema, la directora de Mujer y Sociedad destacó la difusión de los casos de violencia doméstica, pero señaló que la gran mayoría lo hace con mucho sensacionalismo, buscando la parte truculenta del asunto, sin tener en cuenta a los hijos y a la familia de las víctimas. «Aunque existan excepciones, los medios por lo general tratan muy mal el tema de violencia doméstica. Justifican a veces un homicidio argumentando que fue un crimen pasional. Ahora se le da una mayor difusión al tema a partir de la seguidilla de casos que ocurrieron, pero es probable que cuando éstos desaparezcan por un tiempo, los medios van a dejar de tratar el tema».

Siguiendo con su línea de pensamiento, manifestó: «Peor son las publicidades que existen hoy en día, muchas agravian a la figura de la mujer. Algunas presentan a las mujeres en la cocina mientras su marido está sentado en la mesa esperando la cena. Otras las tratan como una cosa, como un pedazo de carne para el hombre, exhibiéndola con muy poca ropa. Estamos en el siglo XXI y sigue existiendo este tipo de publicidades denigrantes», finalizó diciendo la entrevistada. *

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