Una Policía "reguladora de la paz social"
A continuación, el discurso de asunción del nuevo presidente de la entidad que representa a los jerarcas policiales de mayor rango, tanto en actividad como en situación de retiro.
«Nos parece oportuna para la ocasión, citar el pensamiento del filósofo George Santayana: ‘Quien desconozca el pasado, tendrá muy poca comprensión del presente y ninguna visión del porvenir’. Si analizamos el contenido del pensamiento seguramente entenderemos parte de porqué la Policía del país se encuentra siempre al principio de un camino que después, por distintos motivos no recorre. Es decir «quien desconozca el pasado…»; Desconocer: según el diccionario significa, no conocer, no recordar, olvidar la idea que se tenía de una cosa, hacerse el desentendido, aparentar que se ignora, aunque para nosotros significa también, algo más grave, ser indiferente. Si somos honestos en este punto y dejamos desnudar nuestra arropada y oculta actitud de autocrítica, quizás encontremos algunas respuestas que nos hemos negado por muchos años. Creemos que esa ausencia de autocrítica, está en gran parte fundada en las fallas y debilidades de una Institución, que a pesar de los esfuerzos, no ha logrado delinear su verdadero modelo profesional.
El Círculo Policial del Uruguay ha seguido muy de cerca la evolución institucional y ha participado activamente en la planificación e implementación de cambios fundamentales para la organización Policial. El más notorio sin dudas, la aprobación de la Ley Orgánica Policial, que se gestó e impulsó desde su propio seno, hace ya 36 años. De allí hasta el presente, ha marcado su presencia en el acontecer vinculado con la Institución uniformada.
Nuestro Círculo conoce y recuerda los vaivenes sociales y políticos de fines de los 60 y principios de los 70, porque sus consecuencias también se comprobaron sobre la organización policial; no olvida los efectos de una «movilización» y «sujeción» a un régimen militar, que modificó sustancialmente la concepción del servicio policial, primero por el imperio de una situación de caos y luego por una prolongación de hecho indefinida. El Círculo no se hace el desentendido cuando la Institución policial queda a merced del rechazo social y el advenimiento de la democracia la sorprende sin la capacitación y sin los medios oportunos. También conoce sobre el lento pero continuo deterioro de la estructura organizacional y operacional de los 90, la crisis de los mandos, el quiebre institucional iniciado en el 87 y cristalizado en el 92 (huelgas de Radio Patrulla y Coraceros respectivamente); el derrumbe de las «charreteras», la caída vertical de la moral institucional, todo ello en una muestra inequívoca de un modelo que aunque agonizante, utilizaba a nuestra Policía con fines diferentes ante la sociedad; el Círculo conoce esa realidad y procuró asimismo, contrarrestar los efectos nocivos que ello proyectaba sobre el Instituto policial.
Hasta que la verdadera expectativa de cambios por fin llegó con la instalación de una nueva Administración. Quienes hemos tenido y tenemos el altísimo honor de pertenecer a las filas policiales, nunca experimentamos antes esa sensación renovadora que genera la ilusión de un cambio, de un cambio en serio. También el Círculo Policial en esta materia ya marcaba rumbos desde principios de 2004. Reclamando los cambios imprescindibles para dotar a la Policía Nacional de los recursos que regularan y respaldaran una misión tan delicada como lo es el mantenimiento del orden público. En una sociedad actual desbordante en la mayoría de sus manifestaciones, con aspectos de marcada desigualdad y con algunos conflictos de convivencia aún no definidos, es preciso contar con una Policía altamente capacitada y formada sobre un modelo de servicio técnico-profesional, sostenido en una concepción humanista y ciertamente reguladora de la paz social. Esto significa entonces una comprensión del presente. En fe de ello el Círculo ha reinvindicado aspectos de suma importancia, que hacen a la jerarquización y profesionalización de la Policía Naciona. La figura del director de la Policía Nacional, la imperiosa necesidad de que la Escuela Nacional retome el rol de formar policías, la creación de un organismo para la formulación de estrategias, un órgano de control de gestión, para una medición técnica y oportuna, de quienes acceden a cargos profesionales; la participación activa en la formulación del nuevo texto orgánico, así como el rechazo a la violación constante y modificaciones impuestas a su texto vigente, son asimismo parte de las reiteradas reclamaciones planteadas desde el Círculo de Oficiales.
También, como forma de comprender la realidad de este presente y desacreditando ese erróneo concepto de que los oficiales son clasistas y/o elitistas, se ha impulsado desde el Círculo Policial hace ya tres años, la reconstitución de la Mesa Coordinadora de Organizaciones Sociales de la Policía, para brindar atención, tratamiento y seguimiento integral a la problemática de la familia policial. En este nuevo ciclo entonces, nuestro Círculo ha analizado constructivamente los cambios implementados, ha reconocido el acierto de algunas transformaciones, ha brindado su opinión diferente sobre situaciones que a su entender no favorecen a la Institución y lejos de pretender crear obstáculos a la Administración, impulsa y aprueba la cristalinidad y equidad en los procedimientos.
Estamos convencidos de que la institución policial debe mantener muy claro el concepto de que constituye una institución del Estado y no del Gobierno de turno, desde siempre. La mayor garantía para una sociedad que padece los males de la inseguridad, sería que desde el Estado se proyectaran políticas que trascendieran los límites de una administración, aunque conocemos también, las dificultades en ese sentido.
Hoy el Círculo Policial del Uruguay emprende una nueva gestión con una nueva Comisión Directiva; sobre la base de un programa iniciado en el período anterior y con la ratificación del apoyo de los socios. Continuará desarrollando una propuesta posible y absolutamente dedicada a la familia policial. Los planes para una nueva sede, que contemple las necesidades ya no solo de la corporación de oficiales, las nuevas filiales para coadyuvar a la integración nacional, la creación de un hogar de ancianos Policiales como forma de mitigar un ocaso sin amparo, todo propulsado por supuesto, desde la necesaria modificación de nuestros estatutos ya desactualizados.
Según lo hemos dicho, conocemos el pasado de nuestra Institución, intentamos interpretar el presente y luego, procuramos ayudar a componer una visión de futuro, despojados de la arrogancia de creernos los dueños de la verdad. Eso sí, estamos convencidos que sea cual sea esa visión, deberá apoyarse en la recuperación de la moral y el sentimiento de pertenencia a una institución fundada para servir, para prevenir y proteger. Solo sobre estos valores fortalecidos, podrán cimentarse los verdaderos cambios programados. El Círculo Policial del Uruguay fiel a su legado, acompañará esta nueva etapa y pondrá de sí el mayor esfuerzo en pos de alcanzar el objetivo de tener una Policía mejor». *
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